domingo, 28 de octubre de 2012

Nuevos pobres



Interesantes estudios forjados en estos últimos años apuntan a dar y aseguran que la generación venidera será la primera que viva peor que la precedente. Por lo visto, al igual que no podemos aumentar continuamente nuestra estatura ni prolongar cada vez más nuestra edad gracias a los avances de la medicina (hay individuos que viven menos que sus padres, o que no alcanzan su altura),
ahora vemos que, por primera vez desde donde nuestra memoria alcanza a recordar,  esto podría aplicarse también al nivel de vida logrado.

Lo peor de esta reflexión llegada a la realidad de nuestras vidas, es que todos hemos visto cómo alguien de nuestro entorno, procedente de una familia de recursos medios venida a más, se convertía en un insufrible nuevo rico de manual; pero ¿cómo se convierte uno en “nuevo pobre”? Hemos alimentado a nuestros jóvenes a golpe de visa oro con caviar, ordenadores y videoconsolas sin imaginar que podrían llegar a ver el día en que el pan no tape el dibujo del plato. Hemos nacido y crecido en la sorda abundancia que ignoraba la amonestación de nuestras abuelas cuando la mitad del menú se iba al cubo de la basura: “Ay, si vinieran otros tiempos…” Y, conscientemente, hemos olvidado el ingente trabajo de aquellos que, a fuerza de no conocer los domingos, nos sacaron de una posguerra que nos situaba a la cola del mundo y vueltos de espaldas. Esa generación que ya adelanta nuestros pasos está acostumbrada a abrir la boca y que se le llene de excesos el bolsillo sin sorteo ni labor; no conoce el salario mínimo interprofesional ni la jornada laboral de catorce horas y, lo que es más serio, no lo concibe y, quizá, ni siquiera tenga la oportunidad de acceder a ellos. Les hemos creado unas necesidades ampulosas que posiblemente ellos no serán capaces de cubrir, porque alguien nos animó a pensar que debíamos ser propietarios y no proletarios, y aparcar en el olvido los tiempos en que estábamos construyendo un país a pico y pala en el que tumbarnos a tomar el sol.

Yo tenía un amigo, con el que puedo estar de acuerdo, que decía que él lo perdonaba todo menos que le tocaran el corazón o la cartera. ¿Y qué parte de la anatomía han dejado de tocarnos…?

En resumidas cuentas, no hemos hecho más que vivir como nos han dicho que debíamos hacerlo, educar a los menores al abrigo de nuestras posibilidades, administrar nuestra economía como las circunstancias nos han permitido y, sin embargo, tendremos también que mantener la postura viendo cómo el castillo de naipes se nos desmorona mientras aquellos que nos han dictado las normas del juego regresan a su retiro dorado pensando: “El que venga detrás que arree”.

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