lunes, 3 de diciembre de 2012

Amnesia


 
Empachados estamos de ver cómo el Gobierno español convierte la deuda contraída por bancos, entidades inmobiliarias, etc. en una aplastante deuda pública provocando una quiebra social que hay quien cree que habrían de aguantar estas entidades privadas. Se justifica declarando que deben acceder a estas ingratas soluciones por presión de los mercados pasando por encima de la costosa papeleta social que admiten sin vergüenza desde el momento en que reciben el aplauso de Europa, que es el único al que aspiran. Sin embargo, de lo que adolece este Gobierno, entre otras cosas, de una forma imperdonable es de una falta de memoria o de conocimiento que no le permite colocar a nuestro país en su lugar ni dentro ni fuera.

No me extenderé con engorrosos capítulos de Historia que siempre huelen a muerto; baste decir que los dirigentes alemanes, bajo el argumento de “mi pueblo tiene que comer”, tardaron 90 años en pagar una mínima parte de la deuda millonaria contraída con Europa por provocar dos guerras mundiales. Teniendo en cuenta además que Alemania, el país que hoy se erige como paladín del rigor fiscal, desde la firma del tratado de Maastricht, rebasó los límites del déficit y la deuda de la zona euro en 14 ocasiones, mientras que España no lo hizo nunca antes de la actual crisis financiera, si no de otras lecciones, sí podrían ser ejemplo de proporcionarles a sus gentes el derecho de cubrir las distintas jerarquías de la pirámide de Maslow en el orden en que fueron observadas.

Nuestro Gobierno, de todo lo que podía decidir, decide aumentar el índice de nuestros impuestos tomando como ejemplo la forma de proceder de otros países de la Unión, pero no asumen el carácter de otros para atender el hambre de los suyos, adecuándonos a concebir la democracia tal y como la sufrimos, y no desde la exigencia de que nuestros políticos deberían comunicar en todos los foros la postura de sus votantes, ser los defensores de nuestros derechos y nuestros más fieles representantes, conocer el pasado para argumentar el presente y no flaquear ante el cumplimiento en riguroso orden de la teoría de la motivación humana.

La diferencia entre las expectativas y la realidad en relación con la satisfacción de necesidades es lo que ha creado este desequilibrio social que nos aboca al conflicto dentro de nuestras propias fronteras. Los políticos de este país se han encastillado en sus propias posturas creyéndose poseedores de la representación absoluta y regalándonos la limosna de poder ejercer un voto constreñido cada cuatro años. Resulta inaudito que no sean capaces de escuchar a los ciudadanos ya que está llegando un punto en que es tal el descontento por parte de la sociedad que se corre el riesgo de que se reniegue de todos los dirigentes como norma general. Ellos escalan en sus posiciones ajenos a lo que sucede más abajo, sin escuchar ni contrastar lo que el pueblo quiere o necesita, y todo da igual. La máquina de esta democracia continúa demoliendo los días y los años. La hemos convertido en un cuadro de despropósitos e intereses individuales en el que nadie avista el horizonte ¿Dónde está esa grandeza de Estado que sólo podemos añorar…?

¡Qué tristeza!

3 comentarios:

  1. Gracias por entretenernos con tu crítica de la realidad social día a día.

    Nota personal: me encanta el título

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  2. Una vez más otro texto que nos engancha de principio a fin, sin dejarnos otra opción que leer hasta el final.
    Mónica

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  3. esto si que es critica constructiva

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