jueves, 27 de diciembre de 2012

Arriba, España.


Termina el año, a Dios gracias (como si la última campanada fuera a colocar el punto final de nuestros males), y necesitamos una buena noticia: España empieza a crecer. En su índice de exportación.

Ahora que empezábamos a soñarnos como una patera de regreso al tercer mundo, separándonos de Europa a golpe de remo rumbo a tierras ignotas mientras nuestros políticos se quedaban flotando en el limbo del cielo español ajenos a nuestra partida. Ahora que el precipicio se nos antojaba una ayuda para rodar hacia adelante. Ahora que aceptábamos la patada europea como un impulso de agradecer.  Ahora que, en nuestro estado de éxtasis, ya no calculábamos el riesgo de nuestra desorientación kamikace, a remolque de las malas noticias, sin previsión, sin control, sin esperanza. Ahora vamos y nos calzamos un aumento de las exportaciones de un 9% y lo imprimimos en letras de oro como un logro del país completo, empezando por los de arriba, obligando hasta a los de abajo a pararse para mirar atrás hacia ese país que dábamos por perdido y que parece que sigue respirando.

Termina el año y necesitamos una buena noticia. Y yo me pregunto si no es poco más que una careta o una lectura conveniente de un dato cierto. Si esta buena noticia significará una progresión sostenida o será sólo un efecto rebote. Si este crecimiento de la exportación, pudiendo serlo, será una solución real a la “crisis” o si sólo nace como modo de supervivencia de unos pocos que, ante el receso de la demanda interna, han salido fuera a mercadear sus excedentes sin que esto suponga, ni mucho menos, el inicio de la recuperación.

Hace unos días, viajé acompañada de un directivo que se me antoja, como muchos (así estaríamos), necio hasta la estupidez, de razonamientos, cuando los tiene, simples hasta el disparate, pero al que tengo la costumbre de escuchar porque no me supone mucho esfuerzo. Entre otras joyas dialécticas, le oí decir (y quizá esta vez, en parte, no le faltara razón) que la crisis no existe, que toda esta pantomima es una cuestión de reparto, que el dinero es siempre el mismo y que lo único que cambia es la bolsa en la que está metido. A la vista está que otros gestores, menos ocupados en filosofías de Perogrullo y más entregados al remedio práctico, se han puesto a trabajar para que ese patrimonio que sigue el camino de Santiago en sentido inverso, regrese a la bolsa de la que sale y permanezca dentro de nuestras fronteras, bien como una solución temporal, bien como una nueva forma de vida.

Sea como fuere, me voy a permitir ser positiva y creer que vivimos en un país lleno de posibilidades y que puede ser que, una vez reabierta, por la ruta del comercio olvidemos la era de los buscadores de hormigón y ladrillos, que puede ser que hayamos encontrado un camino, que puede ser que un día empecemos a proyectar una sombra de lo que fuimos, que puede ser que podamos volver a ser y que puede ser (porque no puede ser de otra forma) que seamos nosotros y no nuestros gobernantes quienes consigamos que la Historia considere ésta una época de crisis y no de caos sin gestión.

Termina el año y necesitamos una buena noticia que nos aliente a continuar.

2 comentarios:

  1. Buenos días
    Espero de todo corazón que tengas razón y haya motivos para la esperanza.
    Mi experiencia me dice que el aumento de la exportaciones se debe a unos precios competitivos debido al descenso de los costes de producción,via salarios, y la balanza comercial en superavit porque debido a nuestra paupérrima situación importamos mucho menos.
    Potencial hay,sin duda. Tal vez una mentalidad empresarial y política diferente, pensando a muy largo plazo,no en movimientos especulativos y en riqueza cuasi instantánea disfrazada de urbanización de lujo.
    Siempre pongo el ejemplo de Nokia que comenzó siendo una empresa maderera.
    Pero sé que podemos. Nos dejarán?
    Saludos

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  2. Así es, compañero en la red. El ejemplo claro lo tenemos en el sector del ferrocarril, en el que España es líder en exportación debido a que se oferta tecnología europea a precios chinos.
    Otro de los problemas radica en que España no parece saber todavía cómo explotar los beneficios potenciales de mercados emergentes (Indonesia, Vietnam, Argentina, Brasil...), amén de que hay sectores importentes por desarrollar, tales como el sector servicios, farmacéutico..., sectores en que la cuota de mercado y demanda se incrementan, y otros muchos bien desarrollados y con grandes posibilidades sin reconocer.
    Hace falta que nos concienciemos en que hay que salir de casa, que existan apoyos, que se encuentre una mentalidad de progreso a largo plazo (como bien apuntas) y que se invierta en lo que nos llevaría por esa vía (educación, desarrollo, investigación).
    Creo que la exportación es el camino (junto a otros). Seamos positivos y hagamos entre todos.
    Gracias. Un saludo.

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