sábado, 1 de diciembre de 2012

No fiamos


Lo que es noticia, es noticia. El Rey está pocho y recibe como cualquier español más la visita de sus familiares (incluidos los agregados) en sus dependencias hospitalarias. Unos y otros han ocupado portadas, páginas interiores, mentes periodísticas, lugares comunes y el salón de mi casa desde la pantalla del televisor con el vergonzante descaro de quien se aventura a creer que ya se nos habrá pasado el mosqueíllo por esa ciencia exacta basada en el aplastante axioma que reza: el tiempo todo lo cura.

Allí estaba ese Urdangarín de nuestros desvelos como llegado de un mal sueño y, lo que es más indignante, como uno más sin más. Lo vimos entrar en la clínica y nos lo imaginamos (porque en España comemos humor, si no, no hubiéramos sobrevivido hasta nuestros días) introduciéndose en la habitación de Su Majestad con un elefante de peluche y la sonrisa de quienes hace un par de semanas que no se toman juntos un café de media tarde. Pero, muy a sus pesares, los españoles tenemos memoria, y recordamos ese mensaje de Nochebuena que sonaba de fondo mientras poníamos la mesa para cenar, en que SM, el Rey, repudiaba la conducta de quien ya le había robado el corazón a su hija. La justicia, si no el lujo de la oportunidad, es igual para todos, dijo, y será ella quien ponga nombre y castigo a las presunciones que empezaban a hartarnos.

Ciertamente, la justicia se hizo oír y Urdangarín hubo de regresar, tras hacer las Américas, a dar cuenta de sus actividades en un proceso que hizo correr ríos de tinta y que se nos antoja, cuando menos, largo hasta el enojo. El duque consorte ni se molestó en disimular, solicitó el estudio de la prescripción de posibles delitos fiscales cometidos hace nueve años, lo que, en definitiva, es una forma de admitir. Con todo y eso (sujétense la mandíbula) ahora nos encontramos con que, tras la solicitud por parte del fiscal de una fianza que habría de cubrir el mangoneo más una sanción de un 30%, el conseguidor desaloja su palacete para entregarlo en lo que, a los efectos, es una dación en pago, que para sí quisieran quienes, gracias a este elemento y a otros muchos de su misma estatura, ya no pueden hacer frente al pago de la que fuera la única vivienda para sus hijos, que manda narices. Y ¿dónde está la pasta? Échenle un galgo.

En resumidas cuentas, esto está pasando de la sartén a las brasas. El Gobierno, la casa Real y el sursum corda hacen la vista gorda con esta ristra de chorizos (urdangarines, gúrteles, etc) que, no sólo no pagan impuestos, sino que se han llevado crudo el montante de nuestros tributos a vacacionar en paraísos fiscales con total amnistía; mientras castigan al ciudadano con reformas laborales, incrementos impositivos y otras penas contra los derechos fundamentales haciéndole pagar culpas por estafas que no cometió. Este es un país de paguen justos por pecadores, el país de la depravación y la injusticia, el de un gobierno que mariposea en la palabra pretendiendo que los ciudadanos humillados vivan en la conformidad y la resignación. Mientras unos cuentan el céntimo para comer y dormir, otros se les parten de risa al amparo de sus crecidas fortunas. Estos profesionales de la trampa impune son los que han colocado a España en el desfiladero del desastre. Señores, hagamos llegar el día en que esta pandilla de afanadores salga del país a gorrazos para dejarnos vivir en nuestro sitio, el que pagamos y levantamos nosotros con el sudor de nuestra frente.

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