domingo, 23 de diciembre de 2012

Sin recortes en solidaridad


Cuando algo se arregla, siempre hay algún despistado (por naturaleza o por conveniencia) que nunca sabrá que se había roto. Muchos se preguntan cómo es posible que, incrementándose la cifra del paro como lo está haciendo y creciendo el nivel de pobreza en España día tras día, no haya un conflicto en cada plaza. Frente a ellos, como respuesta, están quienes bendicen la economía sumergida, y unos pocos que, desde el silencio de la humildad, admiran la sensibilidad que despierta sentir de cerca el riesgo de la pobreza.  Cruz Roja y Cáritas registran un importante incremento en las donaciones económicas al tiempo que el número de personas que realizan labores de voluntariado crece un 20% en el último año. En vista de la incompetente labor de nuestros políticos, ajenos a la quiebra, el pueblo los relega al lugar de figuras decorativas en el belén de nuestras vidas y pasa a la acción por sí mismo. ¡Bendita Solidaridad!

Hace unos años, las contribuciones solidarias nacían de la exposición en televisión de una catástrofe internacional o de un caso particular en el seno de una familia en que se daba una desgracia que hacía latir nuestros corazones. Hoy la catástrofe y la desgracia se manifiestan a pie de calle y suscitan la respuesta del pueblo llano, que no quiere ni puede permitir que sus integrantes pasen hambre, que vivan por debajo de la decencia, que carguen la crisis sólo sobre sus espaldas. Y nace un movimiento solidario, que cotiza al alza en estas fechas, consciente de que no será capaz de solucionar la miseria del mundo pero sí de hacer un poco menos infelices a quienes no esperan una Navidad como las de antes, a quienes hacen fila este año por primera vez ante las puertas de un comedor social atribuyendo su desgracia al acto fortuito de ser pobres, sin esperar nada y sin culpar a nadie, a quienes piensan en cómo decirles a sus hijos que este año los Reyes Magos también son pobres y no pueden comprar juguetes, a quienes no tienen un hogar familiar de referencia al que volver en estas fechas porque la calamidad les arrolla ya mayores y viven de la justicia divina de la caridad...

Afortunadamente, en esta noche de horrores e injusticias, los españoles amanecemos mejores personas salvando  a España de ser un país devorado por el hambre, haciendo nuestro particular reparto de los recursos al margen de unos políticos que han perdido su identidad como ciudadanos sin encontrar la identidad de un dirigente, y un presidente del Gobierno que, desde la luna de Valencia, se arranca con incongruencias del tipo “si todos trabajáramos con empeño, las cosas irían mejor”, dirigiéndose a un patio de casi seis millones de parados.

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