lunes, 14 de enero de 2013

La economía o el sentido común


Lo digo sin ambages: llega un momento en que tanto análisis, tanto nivel de complejidad, tanto índice económico, tanta prima de riesgo, niveles de inflación, variables, medias verdades y mentiras completas me provocan una fatiga que menos mal que hoy me pilla en pijama. Porque, después de mucho atender a estas cuestiones (obviando que es complicado encontrar una cifra que sea igual en dos medios distintos), tampoco una encuentra la línea exacta que separa lo cierto de la suposición. Pero es que, cuando ya sujeto la cabeza a duras penas, más baqueteada que un tambor de Calanda, y oigo a Don Mariano proclamar, con toda la boca llena, que por fin  van a conseguir crear empleo, os aseguro que me dan ganas de personarme en la Moncloa, con el pijama puesto, para que me aclare cómo.

Es una vergüenza. ¡Esta vaguedad, este desmayo de la efectividad, este teatro de guiñoles! El descrédito de la palabra de los políticos, ya no por su falta de transparencia, sino por mentir descaradamente, es lo que ha terminado de conducirnos a la desesperación, a la regresión ideológica en todos los ámbitos de nuestras vidas robadas y a la difamación y censura como forma de expresión. Hacen y dicen lo contrario de lo que hacían y decían cuando por su boca hablaba el ansia de gobernar mientras nos entretienen en la miseria con observaciones de la nada, conclusiones engañosas, bocanadas de fumata negra y otros enredos en los que ya nadie cae. A la fuerza, los ciudadanos tenemos que ir por libre, alejados de toda realidad política.  Empieza a costarnos oír la voz de los “expertos” en materia de economía (detrás de los que, al fin, siempre hay una voz política) sin vomitar. Y, lo más triste, es que, con que mostrasen un poquito de sensatez, a la ciudadanía se le cambiaría la cara y, con un poco más, puede que hasta el discurso. Porque necesitamos creer. Pero nada: vamos a crear empleo, pero tendrá que ser luego que ahora he quedado a comer bogavante con mis ministros.

La sabiduría popular española lo último que necesita es un soplagaitas que le mienta una realidad distinta de la que hay. El sentido común ya se ocupó de anticiparnos el desastre con claridad meridiana y con la misma transparencia nos deja claro lo que tenemos y lo que no, lo que precisamos y lo que no, lo que queremos y lo que nunca hemos querido. Recuerdo a este propósito que, allá por 2007, cuando Zapatero estaba a sus zapatos y el resto respiraba a pleno pulmón el aire de la burbuja inmobiliaria, dos ancianos, que se hicieron famosos pero no lo bastante como para aspirar a un puesto de asesor político, departían sentados en el poyo de la entrada a su pueblo viendo sencillamente las moscas pasar, con un palillo entre los dientes y aguantando el peso del conocimiento en un rudimentario bastón. Uno le confesaba al otro: “Ahora mi nieto dice que estudia economía. Si economía no hace falta estudiar; la economía está en uno mismo. Si tienes cinco y te gastas seis, ya se jodió la economía. Y no hay más. En fin. Pero ya verás. Que de lo malo a lo bueno se va bien, pero de lo bueno a lo malo, ay, qué mal vamos a ir”.

Nota de dignidad: ¿Recordáis lo que prometía Rajoy a las puertas de la gloria?

-          “El PP no pretende abaratar el despido”.

-          “Le voy a meter la tijera a todo salvo a las pensiones públicas, a la Sanidad y a la Educación”.

-          “Quiero dejarlo muy claro para que nadie se llame a engaño: Nos vamos a oponer a cualquier subida de impuestos. Subir los impuestos significa más paro y más recesión y darle una vuelta de tuerca más a la maltrecha economía de las familias y de las empresas”.

-          “Diré siempre la verdad”.

Nota de lavado de imagen y baño de multitudes: La vicepresidenta del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, ha encargado al director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Benigno Pendás, el diseño de una estrategia con la que intentar lavar la imagen de los políticos, reconciliar a los ciudadanos con la clase política y frenar ese sentimiento de desconfianza en las instituciones. Pendás aclara, para que no cunda el júbilo, que el plan no estudia ninguna medida para atajar la corrupción.

4 comentarios:

  1. A mí me pasa exactamente igual. Estoy saturado de tanto economista agorero que nos predice los siete males y de tanto político mentiroso. Recuerdo que hace un año y poco, ese loco 2011, todo el mundo a mi alrededor estaba cabreado con ZP. Había que cargárselo como fuese, un inútil. Pues nada, la manada que le vota al PP. Aparte del cabreo contra Zapatero, los "listos" de mi pueblo no hacía más que hablar que, como los del PP eran ricos, a la fuerza tenían que saber de números. Que Aznar fué el que hizo rico al país.

    ¿Resultado un año después? Que Rajoy ha destruído tanto empleo como Zapatero los dos últimos años que gobernó, ha apalastado los derechos de los trabajadores (como si eso fuese el remedio mágico para la recuperación de la economía), ha subido los impuestos y tenemos una deuda impagable prácticamente. Y lo más triste es que, si hubiese seguido Zapatero, no lo habría hecho mucho mejor.

    Por eso yo, desde ya hace mucho, ya no voto ni al PSOE, ni al PP. Ya sé lo que dan de sí. Habrá que ir confiando en otras fuerzas políticas. Las que sean. Con tal de que tengan un programa alternativo. A ver que hacen.

    ResponderEliminar
  2. El PP culpa de su propio desastre a la herencia que le dejó el PSOE, pero, si nos paramos a pensarlo, la crisis que nos comimos bajo el gobierno del PSOE es, en parte, herencia de una gestión heredada del gobierno de Aznar. Lo cierto es que la historia política no se escribe en un día, todo es consecuencia de lo anterior y han ido turnándose el poder para llevarnos entre los unos y los otros hasta el punto en el que estamos, con promesas vacías e intereses injustificables se mire desde donde se mire. Todo mentira.
    Un saludo, Ismael.

    ResponderEliminar
  3. Pues si tienes en cuenta que hace treinta años nos vendieron que podia existir una democracia sin separacion de poderes, pues el resto viene rodado...

    Para mi, la economia es lo que hace una familia o una empresa multiplicado por miles... El resto son animos de complicar la cosa para que no nos enteremos de como nos timan...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Completamente de acuerdo. Conciencia y sentido común es lo que nos falta a capazos.
      Gracias por tu comentario.

      Eliminar

Artículos más leídos