miércoles, 23 de enero de 2013

que toda la vida es sueño


Mi amiga Eva ha muerto.

Hoy sé que he perdido un ejemplo de cómo vivir. Eva era una buscadora de intenciones que sabía cómo no convertir la vida en una carrera ciega hacia la meta. Una apasionada espectadora del mundo consciente de que, incluso aunque no alcanzara un objetivo, el viaje merecía la pena. Una paseante entusiasta y contagiosa que lograba, (como se logra lo más sincero) sin darse cuenta, que los demás soñáramos sus mismos sueños. Alguien dijo una vez que la experiencia es lo que consigues cuando no consigues lo que quieres. Ella lo sabía y disfrutaba del camino.

Conocí a Eva en la Universidad. Empezó a estudiar una carrera universitaria con treinta años porque soñaba con ser profesora y nadie se arriesgaba a firmar con ella un contrato sin titulación, aunque hablaba perfectamente tres idiomas. No fue fácil, pero no se detuvo porque consideraba las dificultades una prueba de determinación. Y consiguió su título… demasiado tarde para que alguien en este país pudiera firmar un contrato con ella, a pesar de la titulación.

En esos años universitarios, conoció al hombre de sus sueños y empezó a trabajar en su empresa y a soñar con una boda que había llegado a creer que ya no celebraría, mientras lo ayudaba a él a cumplir con su proyecto. Muchas veces decía que, para ser feliz, le había bastado con olvidar su propio sueño y ayudar a su marido a conseguir el suyo. Sin embargo, la recesión que empezó a sufrir la economía de este país en el año 2008, desaceleró el ritmo de las nubes que andaban cerca de rozar con la punta de los dedos.

Eva nació con el sueño de ser madre un día, pero las mismas circunstancias que le borraron la nebulosa de otras ilusiones, le impusieron la creencia de que ya no era momento para traer un hijo a este mundo.

Eva todavía vivía soñando que un día volverían a avanzar.

Pero ha muerto, sin habernos dicho que sufría una enfermedad terminal por no frustrar nuestras alegrías, y tengo que obligarme a rechazar la idea de que la verdadera razón de que no esté con nosotros es que éste ha dejado de ser un país para soñar, y que la vida sola no basta.

4 comentarios:

  1. Lo siento mucho (aunque parezca un tópico). Pero no deberías decir que este no es un país para soñar. Los sueños es lo único que no pueden ni quieren arrebatarnos. No cuestan ni dan dinero.

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  2. Lo siento muchisimo, de verdad. Que decirte de una persona asi, ojala tuvieramos miles como tus amiga eva. En este caso, la frase de que siempre se van los mejores de hace realidad.

    Tal y como la describes, oajala la hubiera conocido....

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