miércoles, 20 de febrero de 2013

El debate sobre el Estado de la Nación. Primer asalto.

Mariano Rajoy es fascinante. "Ha costado mucho, pero el barco no se ha hundido", anunciaba en su primera y gloriosa intervención en el debate que se iniciaba esta mañana. Que se lo diga a los miles de personas que han perdido su trabajo, sus casas e incluso sus vidas (si puede). Que se lo diga a los que han visto naufragar sus negocios. Que se lo diga a los millones de españoles con el agua al cuello. Que nos lo diga a los ciudadanos, que navegamos en otro barco distinto al suyo. Que se lo diga a otro pueblo, pero no a éste, que hace días que le saca el dedo de Bárcenas por la ventanilla del camarote. Pero es que hoy don Mariano pretende, en su primer debate sobre el Estado (deprimente) de la Nación al frente del Ejecutivo, retomar la iniciativa política, aunque España viva esta marea de casos de corrupción, esta oleada de recortes y esta crecida de desempleo sin playa en la que morir. 
Consciente de que no puede pasar por encima de la cruda realidad, se adelanta a los reproches y destaca en primer término las últimas cifras de paro para anunciar que su Gobierno pretende "darle la vuelta" (otra vez), como a un calcetín sucio reversible. Ahora que otros asuntos "empiezan a encauzarse", dice, "conviene volver a la cuestión principal". ¿Y no hubiera sido mejor empezar por la principal y seguir por las secundarias, don Mariano? Pero él continúa, como una abuela en su mecedora, con el rollo de las herencias, las culpas del vecino y el repaso detallado de las vidas ajenas. Entrañable. Y, ante todo, el perfecto paseo para ir calentando.
Llegado el momento del autoaplauso, con una humildad que le cuesta transmitir, asume que, de sus primeros pasos, quizá algunos no hayan sido entendidos por todos. A mí me gustaría hablar con alguien que sí lo haya hecho, más allá de aquellos que lo disculpan, porque una disculpa no necesariamente significa comprensión. Aunque a don Mariano le vale, tanto que dice que empieza a ver despejada la senda del futuro y cree que distribuye optimismo desde su tribuna. Con ese optimismo querríamos verlo más de uno y más de dos intentando sacar una pyme adelante o una familia de cinco miembros, como todos, con los pies en el barro, no con los mocasines de salón que se le adivinan. Pero él se abstrae antes de terminar de escuchar  y vuelve a la calceta y al momento en que se sentaron a abrir el testamento.
Para concluir, un amplio ejercicio de promesas que se nos antoja incongruente con el anterior reconocimiento de que, de las primeras, no ha cumplido ni una, aunque sí con su deber. Después de mucho repetir "en definitiva", el discurso, que no veía su fin, se ha desmayado a medio camino entre la Ley de transparencia y el grito anticorrupción en un resumen de todo lo anterior incluyendo, con más valor que sentido común, una reprimenda al conjunto de los españoles porque "no se puede gastar lo que no se tiene, no se puede vivir siempre de prestado y hay que contar más despacio el dinero que le pedimos a la gente". En una palabra, que nos lo teníamos merecido, pero ya pasó. 
Para mi gusto, don Mariano, un poquito extenso, por no decir sobreactuado, para ser una primera vez. Con la expectación que había levantado y que es de entender cuando lo que tenemos es un Presidente de clausura que, supongo, también nos hemos merecido. En el congreso no cabía un alma: periodistas, diputados, ministros, funcionarios, asesores, ayudantes de los asesores, secretarias de los ayudantes de los asesores, cámaras y flashes, testigos todos del presidencial advenimiento, mientras Rubalcaba se mordía las uñas hasta los codos y seguía perdiendo pelo al compás de los cuarenta folios que han ido cayendo escritos por las dos caras (la A y la B) para que veamos que los recortes han llegado hasta la partida de papelería de los que gobiernan este país. Y todo para tan poco o para más de lo mismo. Qué fácil te lo ponen, Alfredo.

2 comentarios:

  1. Creo que avanzaríamos muchísimo más, y sería infinitamente más eficaz que doscientas manifestaciones diarias -que llegan a formar parte del paisaje- que en estas sesiones de más de lo mismo “sus señorías” se encontraran con que no hay ni un solo periodista, ni una sola cámara ni un solo flash. Y que al salir de la sesión, tampoco, y al día siguiente, tampoco. Serían incapaces de continuar, se les romperían todos los esquemas, y nos plantearíamos comenzar de cero, que es lo que hace falta, para acto seguido ir revisando hacia atrás e ir desenterrando la pasta enterrada y encarcelando a los enterradores, uno por uno, sin amnistías ni indultos.

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    1. Para ellos sería un hecatombe, la incertidumbre máxima. ¡Su voz si altavoces!, ¡¡¡¡Que saquen los tanques en Valencia!!!
      Por lo pronto, como bien dice maría, tenemos más basura de la misma buscando aborregar al personal.

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