martes, 26 de febrero de 2013

El extesorero y el exduque

Ayer declaró ante el juez el extesorero del PP, igual que hizo el sábado el exduque Urdangarín. En el caso Bárcenas, el magistrado confirmó que el susodicho es "Luis el cabrón" y le ha prohibido salir del país por lo mismo. Como la Fiscalía no ha solicitado prisión preventiva ni el juez ha concedido que se le ornamente con pulsera ninguna, el amanuense, aun sin pasaporte, campa a sus anchas en la posesión de los 38 millones de euros que reconoce haber amasado en sus cuentas extramuros y de dos piernas para salir corriendo del país o del globo terráqueo.

Iñaki Urdangarín, "citius, altius, fortius", entraba el pasado sábado en los juzgados de Palma a negar toda evidencia, que la negación (como las libretas, según el Bárcenas más folclórico), está de moda. Tanto que la casa Real se permite negarle a la prensa el derecho a dar pábulo a este asunto, García Revenga niega que su firma sea suya, Corinna, "entrañable amiga" del Rey, niega su vinculación con los negocios de Iñaki y la infanta le niega su amante compañía en esta segunda comparecencia ante la prensa (a la que le negó la palabra) y el juez (a quien se lo negó todo).

Ambos asuntos se enredan y tornan materia de investigación para otro equipo de Método 3. Pero la verdadera cuestión, se llame Luis, se llame Iñaki, es la que corre como reguero de pólvora por la calle en boca de todos. Cómo puede permitirse que estos individuos, sin aparentes problemas económicos, hayan hecho uso de sus posiciones de esta forma tan abusiva para quienes no tienen otra forma de vivir que no sea la de vivir honradamente, dentro de la ley y según los dictados de los estamentos superiores, y continúen haciendo uso de sus mismas posiciones y sus emolumentos sin censura. Cómo alguien puede esperar que unos ciudadanos que primero perdieron sus empleos y a continuación fueron castigados con el látigo impositivo por la sola culpa de ser españoles, para, llegados a estos días, ver cómo los sueldos de quienes los mantienen se reducen en considerables porcentajes al amparo de la situación del país, entendamos que estas actuaciones merezcan el perdón de la amnistía o la injusticia del indulto.  Para la opinión pública, que el extesorero del partido en el Gobierno o un miembro de la casa Real se lucren abiertamente de esta manera cuanto menos dificilmente justificable, es tan trascendental por los graves delitos que se les imputan como por ser quienes son los que los cometen.

Los diarios de hoy no llegan a anunciar los nombres de los galardonados con los Óscars de esta madrugada, de manera que siguen atormentando a los lectores con informaciones filtradas sobre estas otras dos estrellas del celuloide. Urdangarín, como el cuadro de Dorian Gray, reflejando una culpa y un pecado que no siente en su evidente deterioro. Bárcenas, como el propio Dorian, paseando su autoestima por el mundo entero (hasta hoy) sin sombra de arrepentimiento. Desde nuestro (más humilde que nunca) punto de vista, ya sólo queda una cuestión por resolver:  ¿emitirá el juez un veredicto diferente por protagonizar el juicio quien lo hace? Y quizá: ¿emitiría un veredicto distinto un jurado popular?

 

4 comentarios:

  1. La respuesta es clarísima. Tres opciones.

    -Que sean declarados inocentes y que algún investigador demasiado curioso acabe en prisión (recuerden a Garzón)
    -Que sean declarados culpables con una pena ridícula (la más probable)
    -Que el clamor social sea tan fuerte que sean declarados culpables y con una buena pena (de la que cumplirán una pequeña parte y/o serán indultados en un tiempo)

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  2. ¿Y qué me dices de las negaciones directas de Mariano, Dolores, Ana, Rita y el resto de peperos, las de Alfredo, José Anonio, Pepe y demás pesoeros, las de Josep Antoni, Artur y demás ciueros, las de Rodrigo y demás cajahorreros, y de las negaciones indirectas de Juan Carlos y Cristina?

    Si fuéramos buenos alumnos de tan preclaros profesores, aprenderíamos también nosotros a negar, pero a la hora de pagar impuestos. Al fin y al cabo, cuando saliera el juicio ya habría prescrito. Y si no, siempre podríamos alegar la legítima defensa.

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  3. Ya pero no cuentas con la Ley del Embudo (Justicia = Dinero + Influencia política)

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    1. De acuerdo, pero cuento con la ley de las masas (no seremos machos, pero somos muchos).

      Además, si no pagamos impuestos, no habría fiscales para denunciarnos, ni jueces para juzgarnos, ja ja ja.

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