jueves, 14 de febrero de 2013

Celebremos San Valentín

Este año es obligado celebrar San Valentín sólo sea porque, para que cunda el ejemplo, tan generosamente se aposta don Mariano en su facistol como arquetipo, presentando sus flechas de amor sincero, desnudito todo en sus pañales fiscales, ofreciendo un recital de poesía sin par cual perdido don Juan de este siglo de cifras y pocas letras. Quizá el próximo febrero no tengamos la suerte de poder recoger, como un perfecto manual de amor cortés para transcribir a lo largo de este 14-F, los hondos arcanos que trasladaros me permite el delirio de la emoción de una fecha tan señalada por El Corte Inglés. Desde aquel octosílabo sin precio, que corona de flores cualquier whatsapp y cierra bien el clásico SMS de los más tradicionales, enunciado hace unas semanas en una rueda de prensa sin rueda y sin igual, y en un tono mucho más lírico del que le supongo a este blog, cuyo eco aún regala nuestros oídos tan melódico como "que la enseñe Rubalcaba", volviéndonos partícipes involuntarios de ese platónico e ilícito amorío que ambos dirigentes mantienen y representan tan apasionadamente como los hermanos Pimpinela. Pasando por esos enrevesados aunque bien rimados versos libres que, dictados en otros días, buenamente pudieran haber formado parte de una antología poética de los Siglos de Oro y que culminan tan magníficamente como un soneto de Quevedo: "A veces la mejor decisión / es no tomar ninguna decisión". Deteniéndose con idéntica humildad y savoir faire a reconocer que hizo bien como hizo sin haber hecho porque era mejor no hacer. Y llegando a la cima de la literatura de todos los tiempos con una elegía al cantar de sus promesas electorales que tanto él como nosotros, con la misma pena mora, perdimos en el tortuoso camino que caminar hubimos. La poesía se ha hecho carne en nuestros bucólicos pastos.

Este año más que nunca, Cupido nos llega del plasma al corazón, y nos mira a los ojos, con gafas porque el amor es ciego, y nos traspasa el alma y no permite que no conmemoremos este día al menos con una cita del que debiera ser a estas alturas Grande de España. Este año no hay excusa para que no lluevan recortes de papel cuché en forma de corazón junto con la que está cayendo o nos están vertiendo encima. Este año ya no se nos permite tener miedo a perder la dignidad. Este año no podemos dejar de enviar un anónimo manuscrito en el que no nos reconozcamos ni la letra. Declarémonos este año. Cristalicemos nuestro amor en toda su transparencia y que no nos tiemble la mano si la musa no nos acompaña. Que el amor lo llene todo. Celebremos San Valentín.


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