miércoles, 13 de febrero de 2013

Una retirada, el tiempo es lo de menos.

Dicen que rectificar es de sabios. A mí me parece decir mucho cuando es el PP quien se retracta con su acostumbrado efecto retardado, pero no seamos puntillosos. Todo empezó el lunes, tras el nuevo escándalo desatado por la transparencia. María Dolores de Cospedal, frente a un improvisado atril, a duras penas declaraba, más falta de palabras que de argumentos, que el Partido había decidido prescindir de los servicios del señor Sepúlveda, nacionalmente conocido por ser el exmarido de Ana Mato, la reina del confeti. Era un desdecirse de todas sus prácticas y una negación de la palabra dada por su vicesecretario una semana antes, incluso con el desmentido de la propia conferenciante, consciente de que era lo que parecía. Y parecer parecía también poco más que una maniobra de salvamento de los propios, un obligado sacrificio para conservar a la divinidad, un cabeza de turco con buena parte de la culpa, a pesar de la mosca que, finalizada la rueda de prensa, quedó aleteando tras las orejas asistentes.

Anoche, los informativos no daban abasto ni los espectadores crédito cuando el PP aceptaba la tramitación de la iniciativa legislativa popular sobre la dación en pago, retrocediendo nuevamente, aun sin poder evitar unas palabras por la memoria de la siempre reconocida herencia que recibieron: "Entendemos su situación y su enfado, sobre todo con el Gobierno anterior", lo que no dejó de restarles algún punto, como el hecho de que 1.402.854 firmas no fueran suficientes para reconsiderar su postura, y tuvieran que serlo dos nuevos suicidios. Así nos llegaba la venia para debatir la paralización de los desahucios, la promoción del alquiler y la dación en pago en trámite de urgencia, si no la promesa del apoyo por parte del Gobierno actual. 

Alberto Ruiz Gallardón, celoso de otros protagonismos, también replegaba velas anunciando que revisará la ley de tasas judiciales y asegurando que la Defensora del Pueblo (Soledad Becerril, no María Teresa Campos) "ha visto más y ha visto mejor".

El Partido en pleno se asoma al balcón de España y, sorprendido por las nueces que trae este ruido, trata de ponerle freno a la revuelta iniciada por un pueblo que, efectivamente, no puede más. Iba a ser mucho seguir defendiéndose de tantos frentes abiertos y enfrentarse al mismo tiempo a las acusaciones de corrupción que acechan detrás de esta indignación manifiesta en cuántos foros. El mal llamado Partido Popular no está para más impopularidades y cambia el discurso antes de que hoy el exmarido de la ministra de Sanidad comparezca ante el juez por el rebrote del caso Gürtel, antes de que el Presidente del Gobierno y la propia Ana Mato se enfrenten en el pleno del Congreso al irónico aplauso de la oposición, antes de que la calle arda en las llamas de este infierno. Y, después, esta tarde a última hora, el Presidente del Gobierno y su Grupo se reunirán para palmearse las espaldas y escribir el guión de los próximos meses con letra de imprenta, que es bien sabido que los manuscritos les traen problemas.

La reflexión última se escribe entre signos de interrogación, porque ¿cuántas culpas no estarán, en el fondo, reconociendo con esta contramarcha? Mariano Rajoy concede una entrevista a un periodista norteamericano, a quien sus palabras conciernen mucho más que a nosotros, en la que resume su labor desde un punto de vista muy suyo: “He incumplido mis promesas electorales, pero al menos creo que he cumplido con mi deber”. Ha hecho falta que los ciudadanos retrocedamos cuarenta años en derechos sociales, pero, sobre todo, que el PP retrocediera veinte en cuanto al apoyo que le concede el pueblo para ver su reacción. Y, con eso y las últimas novedades, todavía no podemos apostar por que esta retirada a "cualquier tiempo pasado hubiera sido mejor" nos lleve a buen puerto.


2 comentarios:

  1. Con estos marineros, con sus colegas del barco de enfrente y los de los barcos autonómicos, y sobre todo con los patrones de todos ellos, ni en cualquier tiempo pasado hubiera sido mejor, ni será mejor en cualquier tiempo futuro la retirada, a menos que fuera total y absoluta y para no volver. Como resulta que no lo harán motu proprio, será necesario no seguir embarcando en ninguna de sus naves cada cuatro años, y mantenerlos a miles de millas del puerto, sin motor, sin velas y sin remos. Ahí se pudran todos, a la deriva de por vida. No merecen otra cosa ninguno.

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  2. Veamos en que queda esta cortina de humo que han echado para tapar sus vergüenzas. Han aceptado a trámite la iniciativa popular en pro de la dación en pago pero no han dicho que la apoyarán (sin embargo es vox populi que el PP votará en contra); quizás mareando la perdiz con el sufrimiento de miles de españoles recuperen la popularidad. Seguro que cuando tumben la dación en pago dirán, con cara de niños reprendidos, "es que Europa no nos dejó" o "que la la culpa la tiene ZP, yo no he sido".

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