domingo, 31 de marzo de 2013

Que llueva, que llueva

Este año la Semana Santa se reduce una hora porque hay menos que celebrar. La primavera, también más corta, empieza a asomar pero poco. El fin de semana toca a su fin. Y el último día para mirar por la ventana deja de llover porque ya vale. Para mejor madrugar mañana, hoy me atacan un ejército de miasmas y el vecino de arriba, que desconoce por completo las normas de convivencia y la capacidad de aguante de un cuerpo con cuarenta grados de fiebre. Efectivamente, Ana Belén, así, el pensamiento no puede tomar asiento. Gajes de vivir en comunidad. Cuál será mi febril estado que he empezado a echar de menos a mi Mariano, esa musa que solía venir a verme cada una de estas tardes de domingo que sólo sirven para esperar al lunes. Y no sólo la nostalgia es mía, me consta, porque anoche, en el colmo del hablar por no callar, hasta al Rey le salían cuentas heredadas en Suiza, como al extesorero de aquél. No se nos vaya a olvidar que esto está hecho un cristo sin resurrección.
 
Desaparecido Mariano, el Consejo de Europa ha tomado las riendas y el pulso de la opinión pública. Como son más listos que el hambre que tengo esta tarde, se dan cuenta de que los casos de corrupción que asolan el país están mermando la confianza en nuestras propias instituciones y vienen a poner orden y concierto, que nos estamos desmadrando, Ada. La táctica del PP de matar a Bárcenas de indiferencia no vale. La oposición como opción de rescate ya no es lo que "EREs". La protección pantalla total de la Monarquía empieza a filtrar más que el agujero de la capa de ozono. Y las últimas maravillas arquitectónicas Patrimonio de la Humanidad sin estrenar, como aeropuertos decorativos a lo largo y ancho del mapa, el Estadio Olímpico de Sevilla, la Ciudad de la Cultura Gallega y otras tantas hasta siete cuando menos, parecen, a vista de rapaz, monumentos todos a la incoherencia. En fin, que la crisis del sector inmobiliario por sí sola ya no justifica el calado del mal de nuestras finanzas. Conclusión de la observación: a rascarse nuevamente el bolsillo. Y ¿para esto vienen? ¿Dónde está nuestro Mariano?
 
Como buen gallego y como yo, supongo que habrá estado viendo llover ensimismado, que le ha venido el mes de marzo para este menester como a una servidora la gripe primaveral. Ya nos adelantó hace unos meses que, a veces, la mejor decisión es no tomar ninguna decisión y ésa es la que viene siendo la suya desde que le salió la barba. Por eso también ahora, que sabemos que ha corrido la pasta como la lluvia tras el cristal, no hace sino esperar que escampe y dejar hacer. Lo mismo le da. Que vengan si quieren los consejeros del otro lado de la frontera que no tengo yo el cuerpo para diagnósticos. Que chille cuanto quiera el vecino de arriba que la fiebre me tapona los oídos. Que corran las cuentas en Suiza y el Ibuprofeno cada ocho horas. Y que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva.

viernes, 29 de marzo de 2013

No somos nada

La Semana Santa se deshace en lluvia tras el cristal, siempre tras el cristal. Cuando llueve no es tiempo de hacer nada. Es momento de encerrarse. Tras el cristal. Pero me acerco a un centro de la tercera edad, al que comunmente llamamos residencia y disfrazamos de sinónimos mejor sonantes para nuestros mayores y algunas conciencias. El primer sillón orejero alberga un alma, envuelta en ropas demasiado grandes, con la mirada perdida en las manchas del suelo. Nadie sabe cuántas ve. Me siento a su lado y sin levantar la vista, como leyendo entre las líneas de la baldosa, se lamenta en voz alta: "Toda la vida trabajando para no tener que depender de nadie, se me muere la mujer y mira dónde estoy. Menudo problema tengo. Pero gordo." Una señora sentada al otro lado de la sala se levanta y se acerca para decirnos que se llama Evagarcíalevante, todo junto. Y vuelve a su sitio. El hombre levanta la vista para escuchar lo que ya sabía, me mira un instante y vuelve a leer en el azulejo.
 
"Me casé con mi mujer porque me dio muestras de que me quería, pero me he acordado de la Nati todos los días de mi vida. Tan inteligente, tan buena y ¡tan fina!, así como tú. Yo estaba en África haciendo el servicio militar y solicité un traslado a Madrid para servir en la imprenta. Fuí el único al que sacaron de allí aquel año, fíjate. Un día mi General me envió a llamar por teléfono. Al otro lado del Manzanares, había un estanco. Y allí estaba esa belleza, detrás del mostrador. ¿Qué desea? Deseo hacer una llamada. ¿Cuánto le debo? Pero no me cobró. Otro día cruzaba ella el puente para comprar unas telas en el rastro. Pedí permiso para acompañarla. Así fue. Luego me licenciaron y tuve que dejar Madrid. Y ahora, hace un rato, he pedido permiso para subir a mi habitación a afeitarme y darme una ducha y me contestan que ya me lo harán aquí y aquí me tienen, pero sin afeitar. Le roban a uno la poca libertad que tiene." Silencio.
 
Recuerda la distancia justa entre el cuartel y el estanco del tío de la Nati, recuerda la fuerza que llevaba el río, hasta el número exacto de cantos rodados que asomaban a la superficie del Manzanares en 1940. También recuerda que hoy ha comido garbanzos, pero ya no sabe que después ha merendado. Lo último fueron los garbanzos y la privación de su libertad. Me advierte de que no se puede salir de casa sin dinero y me confiesa que hoy él no lleva nada en la cartera, que la toca y la nota "rancia". Y que no se puede ir así por la vida. Pero... Algo hay en el suelo que le hace perder el hilo.
 
Lo devuelvo a los cuarenta con una pregunta que no responde pero que lo hace regresar. "Entonces conocí a la que después fue mi mujer. En el baile. El baile era el único sitio al que las mujeres podían ir en aquella época porque no costaba dinero. Y empezamos a bailar. Un día me dijo que su madre me quería conocer y yo pensé que por conocer a una madre no se iba a echar atrás otra boda. Pero, mira tú, que al poco me dice que sus padres se van a Francia y que su madre le ha dicho que o se casa o se va con ellos. Yo le pregunté que qué quería hacer y ella me contestó que deseaba casarse porque me quería. Anda, tráeme un poquico de papel porque no tengo ni pañuelos. Tenía pañuelos, tenía dinero en la cartera... ¡Qué barbaridad!". Le acerco un pañuelo y un zumo, pero me dice que el zumo allí no sabe a nada y que me lo beba yo. Será que piensa que para mí la cosa cambia. Me repite que hoy ha comido garbanzos, pero que llevaban algún otro ingrediente no identificado y lo ha dejado en el plato. No entiende que, si son garbanzos lo que se cuece, no caigan sólo garbanzos en el plato. Lo que sí comprende es que los garbanzos se los tiene que comer para salir de allí andando. Evagarcíalevante dice que ella no camina desde hace cinco años. Hace un momento se nos presentaba a ambos de pie junto a mi silla. Pero el tiempo en estos lugares se hace eterno. Nos hacemos cargo. Como se acerca la hora de la cena de este lustro, me despido y salgo a la lluvia creyendo que me verán desde el otro lado como un recuerdo lejano, como esa imagen en sepia que siempre me hubiera gustado ser.
 
Y voy pensando, paso a paso, que la parte siempre es un fiel retrato del todo. Que ese hombre que me despide con la mirada perdida es un reflejo de un país entero. Que España hoy también es un anciano arrugado en un sillón orejero, viendo llover tras el cristal, con una camisa demasiado grande, viviendo a rebufo de sus viejas glorias, sin recordar si ha merendado, con la cartera vacía, contando las manchas que corrompen el suelo, llorando lo que fue y no es, sin pañuelo, creyendo que se pondrá de pie. Convencido de que todos sus años son pocos.

miércoles, 27 de marzo de 2013

La historia contada del caso Nóos

Como los folletines decimonónicos por entregas que acercaron la literatura escrita a los recién alfabetizados ciudadanos de medio mundo, nos llegan los correos de Diego Torres a la  prensa del día. Pero, mientras las novelas de Balzac se publicaron a razón de una por año, nuestro particular "escritor al vapor" nos mantiene en un ay hace más de un año y medio amenazando con convertir ésta en la historia más larga jamás contada con permiso de la Biblia.

La mayoría de las grandes ideas nacen de un papel en blanco o por accidente.  Así, la biografía escrita del Instituto Nóos empezó a fraguarse por casualidad al conocerse la relación de sus actividades con el caso Palma Arena cuando alguien se sentó a redactarlo sobre un papel que, en honor a la verdad, empezaba a amarillear. Pero vayamos a los orígenes. Es en marzo de 2004 cuando Iñaki Urdangarín, audaz y decidido emprendedor, funda la empresa Nóos Consultoría Estratégica (y tanto), y es en ese mismo año en el que comienza sus andanzas "gestionando" el evento Valencia Summit del que ingresará hasta en tres ocasiones anuales consecutivas la cuantía de 900.000 euros. En el año 2005, además de en el correspondiente evento valenciano, Nóos se cuela en la organización de la primera edición del "Illes Baleares Forum" y se embolsa 1,2 millones de euros. Pensando en todos y en todo, Iñaki y su adlátere rozan el colmo de la desvergüenza al crear una fundación de ayuda a niños discapacitados y enfermos de cáncer con el sólo fin de evadir fondos públicos a paraísos fiscales. Entre pufos y chanchullos, el duque de Palma y su socio llegaron a recaudar 5,6 millones de euros desde su andamiaje empresarial a cuatrocientos euros la hora de corta y pega.

En 2006, los socialistas piden cuentas al gobierno de Jaume Matas por el pago a Nóos del millón y pico, exigencia que debió de llegar a oídos de Su Majestad, quien supuestamente entonces aconsejó a su yerno que abandonase sus ocupaciones y se embarcase mejor en atravesar el Atlántico. Los baúles en el palacete debían de estar a buen recaudo porque Urdangarín y su santa esposa tardan nada menos que tres años en componer el equipaje y cruzar el charco. Los hechos trascendentales a partir de aquí se esconden tras ruegos de prescripción, imputaciones intermitentes, el precio de la Corona, de la pulsera de Corinna, una justicia igual para todos y la bajada de Dios a verlo con sus propios y divinos ojos. El relato gana en personajes secundarios al tiempo que pierde el argumento principal. Pero la crónica todavía dormitaría sobre el colchón tejido en Belice hasta noviembre de 2011, momento estelar en que estalla el escándalo salpicando toda la prensa. Ha regresado el folletín.

La redacción por capítulos del caso Urdangarín es un manual de intriga literaria que ya hubiera querido Dumas para El conde de Montecristo. Tan enrevesada se vuelve la trama que el lector puede formarse una opinión, pero todo apunta a que jamás conocerá la verdad. Allá va la mía. El alcance de las fechorías del yernísimo ha subido tan alto porque si sus obras son reprochables en tanto, salvando las distancias, el resto de la Corte no ha dejado de cubrirse de otras glorias. En primer término porque ¿hasta dónde pensaban extender la familia Real?¿Cuántos miembros son necesarios para regentar un país como éste? Acotar el número de pertenecientes a la Casa era una necesidad imperiosa para todos incluso antes de que los consortes se dieran a conocer en los jardines de La Zarzuela. En segundo término porque resulta increíble desde el inicio, con e.mails y sin ellos, que don Juan Carlos no estuviera al tanto de lo que se cocía en la cocina de Pedralbes vista la cocina y visto Pedralbes. Y más teniendo en cuenta que, si se empeñó en ocultar el pasado público y notorio de doña Leticia para moldearla a la medida del trono, si silenció el murmullo que se levantó a raiz del ictus sufrido por Marichalar, entre otros ataques, parece factible suponer que también nos quisiera obligar a no ver la labor institucional del marido de la infanta Cristina. El forzado alejamiento de estos ciertos componentes de la familia llega tarde y mal. Y, de aquellos barros, estos lodos les cubren hoy hasta las borbónicas narices.

Podrán entre todos marear las letras, censurar el texto, alargar la saga, olvidar la intriga, imputar o no, cansar al lector, vender humo. La novela ya no es de sus protagonistas. El desprestigio se extiende entre tantos como antes se repartían los privilegios. De esta obra, ya no se salva ni el escribiente. Van apurando los posos de la credibilidad condenados a volverse figuras planas de un relato redondo. Sentenciados por el lector y por obra y des-gracia de sus desatinos. Tachados in medias res. Absurdos hasta el final. Cualquier final. Incluso si no hubiera un mañana para este serial de Corte e Imperio.


martes, 26 de marzo de 2013

Se nos ha muerto el "Ratón"

Como hay gente para todo, por muchos eventos y efemérides de mayor importancia que tengan lugar a lo largo y ancho de la geografía europea, siempre se nos cuela como un intruso la nueva del día que a alguien ajeno a todo pueda entretener. Ayer era noticia en varios medios la muerte del toro Ratón. Famoso como ninguno por atesorar entre sus haberes tres muertos y un sinfín de costuras en cosos y plazas nacionales, se convierte en merecedor de unas líneas en la historia periodística de este país. El deceso lo convierte en un mito del festejo por lidiar de modo ejemplar en el tránsito de la agilidad y la ligereza a la estrategia del movimiento inteligente en trece años de vida.

De puertas afuera, Chipre se muere de hambre y sed en el dique seco desde hace dos semanas. Ángel Merkel celebra en la Oktoberfest del mes de marzo que, por una vez, la catástrofe la paguen los bancos, obviando la irrefutable perogrullada de que los bancos nunca pagan nada. Al jefe del Eurogrupo hoy no le parece mal que las entidades financieras quiebren, después de habernos gastado una millonada para que no lo hagan. Aquí mismo, Bankia no vale más de un céntimo tras inyectarle 25.000 millones de euros como 47 millones de idiotas. Y, mientras todos deberíamos correr a comprar un cerdito hucha que rellene el colchón de toda la vida, la primicia en España es que se nos muere un cornúpeta. Porque, como dice la amiga Cospedal, España no es Chipre.

En este país con piel de toro y cerebro de ratón, el fallecimiento de esta res pública no deja de ser un gesto simbólico. España se nos muere de vieja y descerebrada. La esquela del bovino más célebre de la península se resume en un breve, el reguero de sangre que deja a sus espaldas corre por toda la calle. La obra y milagros de este virulento animal ocupa toda la foto haciéndole sombra al artista, del mismo modo que la isla de Chipre se extiende por todo el mapa europeo como la criatura de este continente ganando protagonismo frente al autor. La conciencia de quienes empujan a los chipriotas a cargar con el peso del desgobierno de su país duerme igual que la del astado. No hay arreglo. No tenemos cura. Nuestro país agoniza incapaz de superar la infección de corrupción que lo afectaba complicada por el contagio de la crisis financiera. Así como la estrella de los encierros muere a un paso del escenario, ha de fallecer este país que no reconoce una buena actuación en su pleno apogeo. Ayer, no había vida sin Europa. Hoy, no hay país para los ahorradores.

sábado, 23 de marzo de 2013

Bankia y las "preferencias" de este país

Hacen con nosotros exactamente lo que quieren y entramos al trapo como un miura descerebrado echando humo por las anilladas fosas nasales. Que nadie se extrañe luego si al mirarse al espejo ve su rostro pintado de un aire chipriota que no reconoce. Decía Mariano José de Larra que el hombre necesita creer en algo y cree mentiras cuando no encuentra verdades en las que creer. El hombre necesita creer en algo y los españoles nos lo creemos todo, y más y mejor si es una vil patraña porque la mentira siempre ha sido mucho más laminera que la cruda realidad. Si nos creímos un programa electoral sobrecargado de engañosos efectos especiales, somos capaces de tragarnos cualquier cosa.
 
Andábamos haciéndonos cruces por el corralito en el que se hallan encerrados los paisanos de Chipre cuando nos enteramos de que las acciones de Bankia valen sólo un céntimo, algo que nadie nos advirtió que pudiera pasar cuando se nos caían las torres inclinadas de Madrid y salimos a comprar preferentes en bandadas de cientos como si no hubiera un mañana y porque no había producto financiero con la remota posibilidad de rentar tanto como éste. Cuando los tipos de interés habituales en los fondos de ahorro rondan el 3% y aparece un producto que "promete" un 10%, sospecha. Cuando los "inversores institucionales", aquellos para los que estaba diseñado este manjar, dejan de comprarlo, sospecha. Cuando el barco en alta mar se viene a pique y alguien te insta a salir corriendo por la puerta de atrás mientras el resto permanece junto a los botes, sospecha. Pues, no. Se estima que la cifra de embaucados se eleva a un millón. Pequeños ahorradores que no sabían lo que hacían, muy probablemente, y otros que se creyeron lo que firmaban y los más listos del lugar.
 
Lo que nadie acaba de entender, por mucha credibilidad que flote en el ambiente, por muchas neuronas que le falten a este país, es por qué, si los ciudadanos estamos pagando con nuestros impuestos y nuestros beneficios sociales el reflote de los bancos, tienen que ser también "preferentemente" los mismos quienes tengan que sacrificar sus ahorros en pro de la causa mientras individuos que está feo nombrar (llamémosles Rodrigo Rato, Iñaki Urdangarín, Luis Bárcenas, José Blanco, Jesús Sepúlveda...) pasean en sus Audis, Jaguars o similares como si la cosa no fuera con ellos, que, evidentemente, no va. Por qué la clase política sigue viviendo en la abundancia, recibiendo subvenciones de las arcas públicas, subiendose los sueldos como si se los merecieran, y consintiendo que los ahorros de los españoles se evaporen con un zapatazo en la mesa de Bruselas por su política culpa.
 
 
Mientras ellos se mantienen en el poder y se mantienen con fondos públicos y financiaciones ilegales, según destapa la fiscalía del caso Gürtel, el trabajo de toda una vida de sacrificios de un ciudadano honrado vale hoy cero coma cero (uno). Directivos y ejecutivos se hicieron multimillonarios con la autorización de los políticos de sacar a bolsa el capital de un banco golpeado de lleno por la quiebra. Un millón de ciudadanos pagan hoy la incompetencia, la avaricia y el engaño con mucho más que los demás. Pero la vida sigue, para unos mejor que para otros, como siempre, o como nunca. Y hoy las acciones de Bankia se convierten en un producto básico porque valen menos que el pan y porque nos las podemos comer. A palo seco.

viernes, 22 de marzo de 2013

Chipre, y gana la banca.

Las medidas adoptadas en Chipre no tienen nombre en términos financieros. En términos populares, son un corralito con todas las de la ley más ilegal tras el anuncio de que nunca llegaríamos hasta aquí. En lo social, son la materialización más cruda de que la incompetencia de los dirigentes políticos pasa a ser un asunto internacional. Si los recortes sufridos dentro de España han sido una puesta a punto de nuestra capacidad de aguante, el afeitado de Chipre no deja de ser un nuevo banco de pruebas para medir el diametro de las populares tragaderas. Por mucho que el cinismo que a pachas se reparten nuestro ministro de Economía y el presidente del Gobierno se atreva a subrayar que no va con nosotros porque nuestros "depósitos" son sagrados (no como los chipriotas), el miedo al contagio nos deja tan blancos y tan tiesos como la cerúlea y desaparecida imagen de Urdangarín del museo de Recoletos. Porque este tipo de desgracias sólo marcan un inicio. Alea iacta est.

La suerte de los chipriotas (si algo les toca) es que la Iglesia Ortodoxa ha ofrecido al país que haga uso (si no disfrute) de sus posesiones para sacarlo de su cárcel bancaria. La suerte de los españoles no dejaría de ser que aquí ahorradores, haberlos, haylos. Porque el dinero que no tenemos ha corrido como una traca de fallas extendida por toda la geografía nacional. Y los beneficiarios no se esconden. Uno tras otro hacen fila para salir en portada. Bárcenas y sus "treinta y ocho" es nuestro as de oros y triunfo, y nuestro pasaporte hacia el cielo económico desde la ruina más absoluta. Sepúlveda, a lomos de ese jaguar dorado que camuflaba tras los geranios del jardín para que su mujer no lo viera, extraditado de las filas del PP improcedentemente, será indemnizado con 229.000 euros, aunque sus funciones se limitasen a pasar de vez en cuando por allí para echar un vistazo y ver cómo iba el negocio, que sumados a las propinas del tío Gürtel, buenos serán al final del juego. Los socialistas andaluces, que en una mano se repartieron casi cien millones de euros de los EREs autonómicos, y, digo yo, que algo habrán ahorrado para, en esta partida, ayudarnos a cantar las cuarenta, bienvenidos sean. Los directivos bancarios, que, por poner un caso, en plena bancarrota de Caja Madrid se embolsan 71 millones de euros en  sueldos de órdago a la grande, bienhallados. Los políticos, que se  jactan de deberse a su país y pareja de juego, pasen y desfasen. La Iglesia, como en Chipre, católicamente pero con una riqueza que por mucho que uno busque no le encuentra cifra ni calificación más allá de "incalculable" y con otra ortodoxia, véase más romana, tipo sota de gladius.Y, ¡albricias!, el Rey. Españoles, el juego es nuestro.

La de Chipre es sólo una partida de ensayo. Prueba de ello es que nuestro Gobierno se empeña en afirmar que el rescate chipriota no tiene nada que ver con España, ergo, tendrá todo que ver. En breve, veremos un segundo lance en Portugal y, a continuación, la auténtica competición, con todas las cartas sobre la Meseta Central española. Lo raro es que no hayamos sido los primeros. Lo cierto es que, en cuestión de ahorradores y grandes fortunas, llevamos una buena mano. Se puede apostar a que nos sacarán de ésta como nos sacaron antes de nuestra bonanza económica. Pero poco...

martes, 19 de marzo de 2013

De dónde sacas para tanto como destacas

Me llama la atención, por su sonoridad supongo, la frase que encabeza este post y que hace tiempo que escuchamos casi a diario en tertulias y debates televisivos como un chiste dictado desde el encono. Porque cuando la crisis se alarga hasta el punto de que se podría contar empezando por "érase una vez", lo más duro es tener que ver cómo viven y cómo la viven algunos. Pero, antes de que comenzase el cuento, muchos nadaban en la apariencia, en esa feliz fantasía del gastar por no guardar y por que me vean, que se los ha llevado por delante a cuenta de lo que quisieron ser y no eran.

Hoy no tengo el día para defender causas imposibles porque me alteran ciertas situaciones. Me llama un conocido esta mañana, a vueltas con la crisis, porque lleva tres meses sin cobrar de la empresa en la que trabaja hace siete años y que hasta el año pasado le ingresaba dos mil euros mensuales. Si la situación no se resuelve, el día uno no paga el alquiler. No sé muy bien si era una llamada de desahogo en busca de consuelo o si esperaba algo más de mí, pero no consiguió ni lo uno ni lo otro. Dos mil euros por doce mensualidades por siete años, a mí me da una cuenta líquida suficiente para vivir muy bien y ahorrar para el próximo día uno incluso con tres nóminas de menos. Demasiados gastos superfluos y cerrar los ojos a lo que a muchos les ha pasado antes tienen la culpa de que su casero no vaya a cobrar el mes de abril. No he podido menos que zamparle que la apariencia sale cara. ¿Dónde está la filosofía de ahorro que alimentaba a este país, que recibe una bofetada y no tiene otra mejilla que ofrecer?

Decía Abraham Lincoln que "se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo". Y hay quien ha vivido en este sueño del que a la fuerza se ha tenido que despertar sin tener nada. Ésos son lo que han cargado con culpas a todos. Ésos que para compensar sus carencias adoptan una careta de lo que no son o tienen, haciendo una forzada exhibición de algo que no les pertenece. Hay a quien le enternece ver gente endeudada hasta el flequillo o malgastando todo lo que gana por que parezca que tienen lo que creen que la gente espera y valora. A otros deja de conmovernos lo que no es merecedor de que nos mueva una fibra. Las crisis están para eso, para pararse a reflexionar, para desenmascarar a los que viven de la mentira, para deshacer disfraces.

A todos se nos ha caído un poco la máscara de la buena vida. Al que perdió sus ingresos porque no previó que pudiera llegar el día. Al que los ve disminuídos porque ya no puede destacar en tanto. Al que todavía los conserva por eso de las barbas del vecino. Pero siempre nos quedará el que no se entera o no se quiere enterar porque, llegando a lo peor, espera que estemos el resto para seguir pagándoles el traje. Para esos, viene Ramón a dibujar una viñeta que todo lo resume y que reza: "El que quiera peces, que no salpique".

Nota de apariencia hasta el banquillo: Tanta es la falta de confianza de algunos que el artificio les ha salido a precio de justicia. Y, aunque a goteo, los que en otro tiempo fueran protagonistas de la foto que a todos nos hubiera gustado ocupar, aparecen a estas horas como lo que son en realidad. La investigación sobre la buena vida y el embrollo bancario de Iñaki Urdangarín empieza a ver la luz que proyectaba tantas sombras y tumba la tesis de que la Zarzuela obligara al duque a romper con su socio en 2006, momento a partir del cual el yerno del Rey no sólo no zanjó su relación económica con Diego Torres sino que la reforzó llegando a embolsarse más de un millón de euros de dinero público, que se sepa. De este engaño se pagaba el disfraz que fue el palacete de Pedralbes, la vida acomodada y la farándula que quienes dicen que no sabían, veían a diario sin cuestiones.
 
Nota de para chulo, chulo: En el incombustible caso Bárcenas, el número cinco está de suerte. Es el plazo en días que el juez Ruz concede al PP para que le aporte la documentación de todas las operaciones en efectivo desde 1990 a 2005, detrás de las cuales se espera encontrar la verdadera cara de este asunto. El señor Bárcenas, que no tiene bastante con lo que tiene, le demanda al PP 900.000 euros por despido improcedente. Y Floriano, entrando al juego del papel que no me toca, contesta que "es una pasta y no se la vamos a dar" en los mismos términos en que se entenderían dos poligoneros accidentalmente vestidos de Armani que se estuvieran jugando nuestros impuestos en una mano de cartas.
 
 

viernes, 15 de marzo de 2013

De fuera vendrán

El discurso del Gobierno se adapta a las circunstancias como la lycra a las curvas más inmisericordes, sin conciencia. Mientras partidos y movimientos sociales exigían la reforma urgente de la ley hipotecaria y de desahucios, el Ejecutivo modificaba su postura según le daba el aire y el día. Tras el escándalo causado por la ola de suicidios publicada en el mes de noviembre, hizo un amago de acelerar las reformas. Posteriormente y con la llegada de la iniciativa popular de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca al Congreso, el PP anunció que votaría en contra de su toma en consideración por mucho millón y medio de firmas que se aportara. El inmediato suicidio que acompañaba a estas palabras en el tiempo, lo obligó a desdecirse para después volver a cambiar sus predicamentos con el anuncio en el debate sobre el Estado de la Nación de que no modificarían la ley con ningún otro argumento más que la evidente presión de la banca, que para eso es quien gobierna este país. Y ahora, de fuera vienen para decirle cómo hay que hacer, y, si sentencia Bruselas, la bajada de pantalones es obligatoria.

El Tribunal de Justicia Europeo nos regala otra de esas disertaciones marianas de toma pan y moja. Luxemburgo sentencia que algunos de los aspectos de la ley española por la que tantos (que nadie sabe a ciencia cierta cuántos) miles de personas han sido desalojados de sus casas son incompatibles con la directiva europea de protección de los consumidores, y concede potestad a los jueces para suspender un desahucio en caso de considerar que un contrato hipotecario deja al consumidor indefenso frente a la entidad financiera. Rápido como una gacela, don Mariano, no sólo anuncia que cumplirá la sentencia con la mayor celeridad, sino que afirma sin mover una pestaña y como si aquí no hubiera pasado nada que efectivamente él y sus secuaces ya comentaban por los pasillos que esta ley es más antigua que el agua de fregar, y tranquilizó los ánimos europeos aclarando que, previsores como son, aprovecharán que ya tienen una tramitación en el Congreso para atender a sus deseos.

Y no se les cae nada por la vergüenza de que hayan tenido que llamar del extranjero para corregir nuestros errores fatales, ni porque lo poco que hay en marcha se haya movido bajo la presión de los ciudadanos de este país, ni porque sus escasas apariciones resulten siempre absurdas y humillantes. ¿Es posible que no se den cuenta? ¿Es posible que defiendan una palabra que ya no vale nada con total impasibilidad? ¿Es posible que pasado mañana se cuelguen esta medalla como un logro de su legislatura? Seamos serios. Si no fuera porque un abogado español ha cruzado las fronteras de la justicia y del país y por las movilizaciones que han agitado la calle y el Congreso, seguiríamos hoy y para siempre en 1909.

Nota de nosotros a lo nuestro: En el ínterin, la demanda del PP contra El País y el redactor de la libreta de caligrafía B ha sido admitida a trámite. ¿Tendrá Europa algo que objetar?

jueves, 14 de marzo de 2013

Decíamos ayer

Parece inexcusable no escribir hoy, que se cumple otro ciclo, citando a la Iglesia o a alguno de sus miembros. Por eso y porque me viene de perillas, retomaré las palabras de Fray Luis de León en el momento en que recuperó su cátedra tras cinco años en prisión y se dirigió a sus alumnos con la famosa sentencia: "Decíamos ayer...". Pues, como decíamos ayer, la demanda presentada por el PP hace unos días no se sostiene. Incluso así, no dejo de sorprenderme al saber que el juez se la ha devuelto para que subsane el error. El PP se tomó un mes completo para redactar la demanda que interpuso contra El País y "el autor" de los papeles que publicó. La inexactitud en su redacción resultó motivo de mofa y befa para más de uno incluyendo a la que suscribe, pero igualmente nos pasmamos de que la justicia pueda ser igual para todos. La acción presentada por el Partido contiene un error de forma clamoroso, según diversas fuentes, que ha llevado al juez de Primera Instancia número 83 de Madrid a requerirle que lo subsane. Claro, me digo, si es que no se puede presentar una demanda contra uno que pasaba por allí pero que no sabemos como se llama. Está mal planteado.

Pues no sólo eso, sino que no es eso. Si a los abogados del Partido Popular les ha llevado una luna completa redactar mal sus acciones porque no querían cometer el más mínimo error, el juez va a necesitar algo más que la "primera instancia" para advertir que el planteamiento no tiene ni pies ni cabeza. Y, de momento, lo que solicita que se corrija es el poder de representación inadecuado que acompaña a la citada demanda otorgándoles cinco días para permutarlo. Que aún les pillará la vaca.

En su línea con este asunto, el Gobierno sigue alimentando el ridículo con cada acción que lleva a cabo, mientras la cuenta atrás de este entramado judicial no retrocede sino que avanza sumando tiempo a cuenta de restarlo. La sospecha que nace de las concesiones que se le han otorgado a Bárcenas es una certeza en toda regla para el conjunto de los ciudadanos. Lo que todos nos preguntamos y nos respondemos es cómo la justicia no ha tenido potestad para tomar medidas antes con un señor que puede ser tan dañino para el Gobierno como que hace años que se sabe de su implicación en el caso Gürtel, en el que, por cierto y hasta la fecha, el único condenado es el juez Garzón.

España es un payaso para Europa y para sí misma. No se puede ser más gracioso ni más grotesco, irrisorio y esperpéntico y, por ende, menos relevante. Quienes nos representan son el perfecto ejemplo de lo que no hay que ser y, deformando la brillantez que se le supone a la diplomacia inherente al cargo, no dicen más que bobadas y estupideces sin explicar en un discurso claro e inteligente cuestiones tan meridianas como por qué un individuo que ya se comía el chocolate de los demás en el instituto apuntando maneras, ha sido capaz de enriquecerse tanto y tan pronto. Frente a la evidente decadencia de las instituciones públicas (todas), se hace necesaria una sociedad compromentida que apoye a una clase política capaz de acabar con la corrupción y proponer medidas valientes, pero ¿existe actualmente algo que se le aproxime? ¿Tenemos opción? ¿Es toda la culpa nuestra como sostienen algunos?

Ni las formaciones actuales ni sus integrantes parecen los adecuados para "blanquear" el agujero negro en el que nos han metido. Hay quien defiende que la mejor salida sería que surgieran nuevos partidos y quien se aposta en que lo más conveniente sería una renovación integral de los actuales. Lo que no acierto a adivinar es la parte activa efectiva que los ciudadanos podríamos tener en estos procesos. ¿No acudir a las urnas? ¿Creemos de verdad que nadie acudiría? ¿Que no hay suficientes intereses e interesados en uno y otro signo como para que hubiera participación suficiente? El deseo de que nuestro sistema no se acabe de deteriorar es extenso. El problema de corrupción de unos pocos en un país que en esencia no es corrupto hace que nos rasguemos las vestiduras en tertulias de tasca y manifestaciones callejeras que no solucionan nada. La cadena de acontecimientos y noticias, cuyo primer eslabón se pierde en la memoria y que nos vuelve conscientes de que estamos en manos de una casta de delincuentes de actitudes prepotentes y estrafalarias,  no tiene fin. Pero lo cierto es que no sabemos cómo recuperar la dignidad de un país y de una sociedad perdidos en la marea de la deshonestidad o ya lo habríamos hecho.
¿Habemus lo que nos merecemos?


miércoles, 13 de marzo de 2013

Segundo día de cónclave y quinto año de crisis

Los purpurados (que yo los veo de rojo, pero será una ilusión óptica y que hace años que calzo gafas) afrontan el segundo día de elecciones. A mí personalmente me da rematadamente igual quién vaya a ser el nuevo vicario de Cristo en la tierra porque lo que quiero que me aclaren son otras cosas y porque estoy cansada, pero muy cansada, de haber estado oyendo durante años de la responsabilidad social que subyace a esta incansable crisis. De la ausencia de sentido cívico que se nos ha colgado del cuello desde el minuto cero. Del aplauso generalizado que anima la picaresca. Del gremio que no declara porque no factura aunque trabaja. De las familias que han adquirido y vivido por encima de sus posibilidades. De haber pedido sin contar lo que se debía. En resumidas cuentas, de haber sido unos jetas que hoy recogen lo que sembraron.

Me canso, pero mucho, de vivir de verdades que no son enteramente ciertas y que han echado raíces en el subconsciente de la ciudadanía que, como una cacatúa, sigue entonando por repetición el mea culpa. Porque es mucho más real que España es un país que, en la calle, funciona. España es un país con una vecindad seria. Es (o solía ser) un país de autónomos y pequeñas empresas que presentan legalmente sus cuentas. Un país en el que los trabajadores trabajan. Un país que no se mueve a golpe de soborno, en el que sus habitantes no compran al funcionario de turno para que les expida el DNI. En el que sus residentes pagan sus impuestos, protestando, pero en fila india. En el que conseguimos limar las desigualdades para que la convivencia resultara más justa. Y también es un país que, cinco años después, sigue cargando injustamente con el empobrecimiento, con la deuda y con la culpa.

Aprovechando que los periodistas se agolpan a las puertas del Vaticano, Rajoy sale de la "baticueva" para anunciar, porque le da por ahí, que hemos superado la crisis financiera. Y nadie le interpone una demanda por atentar contra nuestra inteligencia. Siendo todo un engaño, una estafa, un delito sin tipificar. Que me agotas, Mariano. Pero si debemos un billón de euros, alma de cántaro. ¿Dónde vas con ese hueso? Se ha solucionado el problema, dice, pero los desahucios siguen aumentando, los políticos se mean en la ley de la dación en pago, el número de parados sigue subiendo posiciones, cada día se celebra un ERE, los ahorradores continúan reclamando sus preferentes... ¿Y a él qué? El Presidente del Gobierno no está para estas minucias que no son sino la expiación de nuestras faltas porque el pecado fue tan nuestro como nuestra tiene que ser la pena.

Me niego a seguir escuchando lo que no es y a seguir abriendo los ojos (que se nos van a secar) ante la enormidad de lo que se nos ha venido encima. Que la mierda llueve desde arriba, desde la cúpula de políticos, bancarios y grandes empresas que conspiran en la cumbre, poniendo euros en polvorosa, para reventar la base. Y, lo peor, es que da igual quien gobierne. Esto no tiene solución, ni económica ni ética. No hay para partir sino para repartir de cero. Que no caben más injusticias en sus chaqueteros bolsillos. Que nos están pesando mucho tantos millones. Que no sostenemos más las etapas de la escalada. Que claven la bandera de la expedición en otra cima.

martes, 12 de marzo de 2013

En este país no pasa nada

Hemos perdido la dignidad. ¿Alguien ha visto la portada a todo color de ABC de esta mañana? Quiero decir en detalle, sin apartar la vista herida de empalago. Deja la misma impresión que un caramelo de leche condensada garrapiñado y relleno de melaza. Aparece un primerísimo e irresistible plano de Mariano Rajoy, arropado por toda su belleza mañanera, besando en un gesto de lo más paternalista la atormentada sien de una María Dolores a quien no le queda otra que consentir bajo los focos, con los pelos más revueltos que las tripas, y ya no he podido ver nada más. Yo es que me imagino a mi jefe entrando por la puerta a las siete treinta de la madrugada y aproximándose a mi pecera con semejantes intenciones y lo menos que se lleva es la pantalla plana del ordenador puesta de collar. No respondo de mis actos si el morro que se me acerca es el de don Mariano. Es que esto explica muchas cosas, y es de esperar que nos hubieran informado antes. Esta foto debería estar a estas alturas de la jornada, junto con todos los negativos, sobre la mesa del juez Ruz como un indiscutible atenuante porque en el Partido a todas luces se celebran desayunos impagables. Cospedal, hija, hoy no hay sobre que te arregle el día.

A esta arcada de sensacionalismo es a lo que se reduce la actualidad nacional, a la pérdida imparable de valores en un esperpéntico circo de tantas pistas como portadas. La prensa, que de tanto como hay no sabe por donde arrancarse, se vuelve un puro escenario de magia que ríanse ustedes de David Copperfield haciendo desaparecer un boeing 747. Debemos suponer que existen fuerzas superiores que se columpian sobre nuestras desgracias y juegan con nuestra atención con el único objetivo de que perdamos el hilo de la noticia. ¿Urdangarín? Si ya no sé por dónde íbamos. Una se lanza al quiosco esperando encontrar respuestas o preguntas o algo que inspire estas letras en las que descargar la tensión social y se lleva una parodia de lo que un día fuera un periódico serio con la viñeta de humor traída al primer pliego. Salgo a la calle a buscarle el pulso y vuelvo habiendo perdido la juventud en el trayecto de la oficina a la papelería de la esquina en la que hoy me tratan de usted (que ya me han visto el pelo). Llego a casa, siempre tarde, y hoy viene a recibirme un tormentoso recital de cantos gregorianos que salta del Vaticano a la cocina en vivo y en directo dando cuenta de otra pérdida por dimisión, que me recuerda que la última vez que salí de vacaciones, hace lo que parece toda una vida, estuve en la Capilla Sixtina. Que, por cierto, no me pareció lo suficientemente acondicionada como para pasar dos o tres días decidiendo el color de la fumata, que esta gente tiene una edad. Y, así las cosas, mañana miércoles ya.

Los días pasan y vamos perdiendo incluso el interés. Ortega Cano duerme el sueño de los justos tras declarar que, antes de triplicar la tasa de alcohol, no había bebido nada. Blanco sólo se levantará de su escaño si el juez le abre juicio. El rey se recuesta en la Zarzuela recuperado de todo. El Real Zaragoza lo máximo que sabe hacer es empatar, que es tanto como no hacer nada. El Presidente del Gobierno únicamente se ocupa de repartir ósculos sin pudor como un honorable padre de familia numerosa. Venezuela deja reposando la res publica en manos de un dirigente que aún no ha sido elegido. El calendario se desmaya a las puertas de la Semana Santa sin cabeza en la que descanse la tiara papal. Y Bárcenas se mete el dedo de la polémica en la nariz de puro aburrimiento.

lunes, 11 de marzo de 2013

¿Dónde está la crisis?

El sábado por la tarde, me encontraba en una terraza a punto de pedir un descafeinado con leche de sobre de Bárcenas cuando pesqué de refilón la inevitable cuestión de todos los sábados: "¿dónde está la crisis?" Hacía una tarde estupenda, de primavera y semana fantástica de El Corte Inglés. Las terrazas y los bares rezumaban vida y la posibilidad de hallar bocas y bocazas para todas las mesas se multiplicaba con las horas. La tarde bebía de sí misma cuando, para enojo de todos los presentes, como en esos versos sociales de un atormentado Gil de Biedma, "estábamos tranquilos los mayores y tú vienes a herirnos, reviviendo los más temibles sueños imposibles", cae cual meteoro la pregunta de cada semana puntual y desafortunada en la misma medida. ¿Dónde está la crisis?, que no me deja lugar. ¿Dónde está la crisis?, que no puede una ni tomarse un refrigerio después de una tarde de no hacer nada. ¿Dónde está la crisis?, y a quién le queda cuerpo para esperar un café que se demora.

España es un país que nace de la nada, crece en la taberna y muere por la boca. Que antes se quita de cambiarse la camisa que de tomarse una cerveza en la plaza que lleva su nombre. Y antes mata que quedarse sin sitio. Todavía hoy se encuentra gente que cree que la crisis es sólo un rumor que corre por la calle y, con el ojo pintado hasta la frente, no ve miseria bastante si se queda sin silla. La prensa sigue sin llegar a todos los hogares. El egoísmo y la tozudez borran los titulares del día. No estamos suficientemente mal si una no se puede sentar donde se le antoje. No hay necesidad bastante, con la falta que nos hace en una tarde de marzo como ésta. Imposible callar si no se lleva a cabo por fin la justa limpieza que desaloje bares y terrazas de tanta morralla como los ocupa. Y cuánta razón queremos tener todos por impertinentes e inoportunos que resultemos.

Que dicen que hay gente perdiendo sus casas, seis millones de parados, familias viviendo de la miseria de la caridad, ciudadanos que pierden un 30% de su nivel adquisitivo y también individuos con 38 millones de euros esquiando en Canadá, declaraciones de transparencia con tantos ceros a la derecha como a la izquierda, y señores Trías que declaran que un sueldo veinte veces superior al de un ciudadano tipo es bajo y justifica la corrupción. Que escriben, y no se lee, que España está atravesando la peor crisis que se recuerda y que no verá pagada la deuda que se acumula en todos los años de esta generación o la siguiente, mientras sigue pagando dietas y viajes en primera complementando salarios que se estiman escasos como el de un Presidente del Gobierno que sólo cumple con su deber. El divorcio entre la clase política y los ciudadanos se hace extensivo a las dos clases sociales a que se reduce la calle. El exceso se da de bruces con la recesión. La injusticia es manifiesta en todos los ámbitos. Ciegos y sordos a lo que no queremos seguir viendo y oyendo. Incrédulos. Deshumanizados. Negándolo todo. Que no hay crisis. ¡Y póngame ese café de una buena vez!

jueves, 7 de marzo de 2013

Las anunciadas "querellas" del PP

Tengo un vecino que hace unos meses arrojó dos huevos de su ventana a la mía. Por la trayectoria del proyectil, puedo adivinar de dónde procedía el tiro, pero no me atrevo a forjarme un enemigo dentro de mi propia comunidad. De manera, que lo único que se me ocurre hoy a primera hora, imbuída de los últimos sopores, es presentar una demanda contra "un vecino" por atentar contra la transparencia de mi cristal. Luego me bajo del pedestal de la autoconfianza y el ridículo y aterrizo asumiendo que tal demanda nunca podría ser admitida a trámite, básicamente, porque la Ley de Enjuiciamiento exige que se aporten datos completos tanto del demandante como del demandado.

Bueno, pues llega el PP, con toda su prepotencia, y presenta una demanda escondida detrás de otra contra quien sea el autor de los falsos papeles que reflejan la contabilidad B de su partido por atentar contra su honor, haciendo uso y abuso de su posición y de una justicia que pagamos entre todos a un precio cada día más desorbitado. Y llega detrás el juzgado y, por ser vos quien sois, adelante con el expediente. El Partido sigue sin nombrar al autor de sus tembleques quizá porque sería lo mismo que admitir que la letra B es la misma que la de su extesorero y, un mes después de la publicación del escándalo, responde con una media medida judicial contra El País y el "desconocido" contable, que es de viñeta humorística para el periódico El Mundo, ya que es el medio que en este trance se salva de la nominación. A continuación, declaran, con ese mismo humor contagioso, por boca de González Pons que "igual que no se puede estar medio embarazado, en España no se puede estar medio demandado". Ji ji ji. Los integrantes del PP, "embarazados" hasta la boca, aparentan una vez más luchar contra un honor que tenían perdido por sus propios desméritos mucho antes de que Bárcenas nos enseñara el dedo. Atascan un poco más la justicia (tarde y mal) en un intento por seguir posponiendo explicaciones con imprecisas acciones legales reclamando inexistencias. Y nos dejan esperando a que sea esta misma justicia la que un día nos aclare sus miedos y sus mentiras.

El Gobierno se transforma en la imagen invertida de uno de esos cuadros en que aparece un payaso con la sonrisa pintada y una sola lágrima resbalando por la mejilla; lloran por fuera mientras se nos ríen por dentro. Afirman que no van a entrar en "el juego" del extesorero cuando acaban de presentar una demanda que no es sino la respuesta a la anteriormente presentada por el susodicho, provocando que la oposición y todo un país se cuestione por qué una demanda contra un periódico y un personaje de ficción y no una querella a las claras contra el señor Bárcenas. Consiguen que el descrédito de los ciudadanos se propague a todos los estamentos sociales. Elevan el problema de la corrupción política al segundo puesto en la escala de preocupaciones después del paro. Y permiten que las hojas del calendario vayan cayendo sin ganar otra cosa que no sea tiempo.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Venezuela se rinde también hoy a la figura de Chávez

Desde anoche hasta esta mañana, han sido innumerables los editoriales impresos en papel y en pantalla desde, básicamente, dos puntos de vista acerca de la vida y milagros del comandante Hugo Chávez. Presidiendo como presidía una porción de tierra que se mueve entre contrarios, era de esperar que su falta provocara esta marejada de opiniones extremistas. De una parte, celebran los que lo consideraban un caudillo a ritmo de maremare; de otra, lo lloran los millones de ciudadanos del pueblo llano para los que indiscutiblemente hizo del país una comuna. En cualquier caso, caer en la valoración partidista desde 6.600 kilómetros de distancia y con un muerto por medio puede volverse fácil y, paradójicamente, poco objetivo.

Yo estuve en Venezuela hace cinco años y me permitiré hablar desde ese recuerdo y no cohartada por los últimos acontecimientos. Sin ensalzamientos (que es bien sabido que la enfermedad y la muerte transforman la visión de la realidad) ni críticas gratuitas. La imagen que me traje de vuelta fue la de un precioso país de base hecho picadillo por una mala gestión. Un paraje con una disimulada riqueza natural, que ya quisiéramos a este lado del Atlántico, desaprovechada desde el primer grano de maíz hasta el último galón de petróleo. Una república en la que, para bien estirar de la cuerda, sólo hay vida en los extremos, en la que o no existe la clase media o no se atreve a salir a la calle y en la que o vives del Gobierno sin hacer nada o de la posición sin que te dejen hacer.

A la puerta de las chabolas descansa un pueblo alimentado por un populismo que subvenciona el vivir sólo para ver. En la carretera conviven los autos oscurecidos desde el caucho hasta la antena con una cabalgata de coches de desgüace que se mueven por la sola fuerza del viento sin seguro ni seguridad vial alguna. Las ciudades son un continuo anuncio de la cara del que preside proyectado en un descalabro arquitectónico que da buena cuenta de la realidad social. En los supermercados se confisca la identidad del consumidor en un férreo control de lo que se gasta y come. Las cuentas personales se controlan hasta el último bolívar diariamente. En la calle vive la muerte agazapada a la vuelta de una esquina que no se puede volver a pie, en el semáforo en rojo en el que parar es verse encañonado por el precio de un reloj, en la gasolinera de vuelta a casa en la que Maico pierde su camioneta pagada con un tiro en la pierna y no en el alma porque la suerte así lo quiso.

El europeo que cruza el charco para regresar con las piernas dormidas por recorrer la trastienda del Caribe escondido tras los cristales tintados de un Mitsubishi, besa la tierra que lo vio nacer a su llegada. Para nosotros un país que no se puede caminar no es tal, por mucho que algunos afirmen desde un despacho español que este desastre sólo fuera real para los capitalistas ricos y poderosos que pretendían sin argumentos virar a la derecha. O por mucho que el pueblo venezolano gritara más fuerte que "Chávez era el pueblo". El pueblo está en la calle y la calle está hecha un asco para mal de muchos.

martes, 5 de marzo de 2013

Detrás de un gran hombre, una infanta de España.

Si Marie Gouze, autora de La declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadanía, levantara la cabeza, se la volvería a tumbar el primer titular de prensa en España. Después de siglos de Historia luchando por los derechos de la mujer y la igualdad entre sexos, resulta que en el XXI las mujeres son más tontas que nunca.
 
Pero fue la propia Olympe de Gouges quien afirmó que el matrimonio es la tumba de la confianza y quizá eso explique que la mujer de Bárcenas, Rosalía Iglesias, pudiera declarar ante el juez que ella no había participado en ningún delito de fraude fiscal o blanqueo de capitales y que no sabía de qué le estaban hablando porque era su marido quien llevaba la gestión económica familiar, algo comprensible siendo el tesorero lo que era, que lo contrario sería como tener un marido electricista y tener que hacerse una misma la instalación eléctrica de la vivienda. Sin embargo, en estas gestiones maritales, parece que Luis tenía empleada a su santa, cuanto menos de recadera, ya que, sin otro oficio aparente, la señora de Bárcenas, en 2007, llegó a ingresar once millones de euros en una cuenta de Caja Madrid. Entre 2006 y 2009 compró varias plazas de garaje y una casa unifamiliar en el Valle de Aran por un valor catastral de 941.100 euros, pero que probablemente tuviera un valor de mercado tres o cuatro veces superior y era titular de una casa en Marbella valorada en 400.000 euros más otros pequeños inmuebles que casi dan igual a tenor de todo lo anterior. A pesar de que tanto Hacienda como la policía alertaron en numerosas ocasiones de estos movimientos de dinero perpetrados por una pobre mujer que no tenía trabajo ni se enteraba de lo que hacía, la investigación no llegó mucho más allá.
 
La señora de Urdangarín, infanta de España, directora del Área Social de La Caixa, cargo por el que cobra 250.000 euros anuales, debía de emplearse de lleno en sus funciones para esta entidad porque vivió ajena a todo lo que la rodeaba. Así fue cómo, sin darse cuenta, entró a formar parte del consejo de administración de una empresa inmobiliaria que ni vendió ni alquiló un piso en sus años de actividad, pero de la que la cortesana ingresó 510.000 euros en tres años, a la que presentó firmadas facturas como un proveedor más, que no recuerda haber emitido, y cuyas cuentas rubricó y aprobó como administradora con la misma atención que Bárcenas sus cuadernos, sin saber que lo hacía. Falta de tiempo y ajena a sus anteriores funciones, la infanta no pudo hacer y de hecho no hizo, según su señor esposo, absolutamente nada en Nóos más allá de calentar la silla y, en llegando a su humilde morada, les contaban otros cuentos a los niños obviando cuestiones tan burguesas como "cariño, ¿qué tal en el trabajo?".
 
En pleno siglo XXI, estamos obligados a creer que mientras los esposos movían millones por toda la geografía mundial con total impunidad política y veremos si judicial, ellas se dedicaban exclusivamente a sus labores sin cuestionarse adónde iban o de dónde lo traían. Es de presumir que lo que hay que tener son estudios de judicatura para creer que las cosas son como las pintan y que, efectivamente, la mujer de Bárcenas no supiera nada, la mujer de Urdangarín tampoco, Ana Mato no se entere, y nuestros pobres maridos se estén rompiendo los cascos a martillazos para averiguar cómo se hace.

lunes, 4 de marzo de 2013

Sobornos y sobresueldos

A veces, es tan difícil como necesario decir no. Es la única forma de explicarse cuando la mierda empieza a flotar y la única de no vivir con el miedo de que, cuando la vida deje de volverse previsible, reaparezca por sorpresa un Bárcenas de medio pelo como el Guadiana en Villarrubia, la carne de caballo en el plato o la nieve en marzo. Porque las cosas más importantes de nuestra vida son aquellas que no hemos planificado. El amor, la fecha de nacimiento, la varicela, la dimisión de un Papa, un sobre cargado de billetes de quinientos... Las únicas que recordaremos y las únicas que, posiblemente, tendremos que aclarar. Y, en ciertos casos, una negación a tiempo supone la reafirmación de uno mismo como persona y evita tener que evitar la rueda de prensa en campo abierto.

Si los supuestos integrantes del PP no hubieran (supuestamente) recibido nunca los supuestos sobresueldos que copan los medios de comunicación, no seríamos hoy supuestos testigos de este supuesto collar de mentiras. Si Bárcenas hubiera dimitido en 2009 como anunció Rajoy, no hubiera tenido que afirmar Montoro que fue despedido ese mismo año, ni hubiera tenido que declarar Cospedal que se le finiquitó en 2010. Si el desvergonzado autor de la peineta no formara parte del partido desde tan inciertas fechas,  hace días que nos hubieran pegado en el cristal del plasma su baja voluntaria firmada o la carta de despido con la misma rúbrica que aparece en sus secretos cuadernos. Si el PP fuera practicante de una honestidad sin tacha, hubieran llovido ya las tan anunciadas querellas que están sin terminar de estar. Si fuera mentira lo que, con toda evidencia, va volviéndose una indiscutible verdad, no tendría que ser una absoluta patraña lo que en justicia habría de ser cierto. Para medir la reacción y probar la integridad es para lo que nacieron los Urdangarines, los Blancos y los Bárcenas de este país; los sobornos, los sobresueldos y el queso de untar. Y para tropezarse con ellos no es necesario estar en el Gobierno de una nación.

La piedra en el camino que le imprime relieve a la vida aparece para todos en algún punto de la andadura. El viernes pasado, al finalizar la primera de las clases que mi hermana imparte en un centro cultural, un alumno se le acercó para solicitarle que revisara su ordenador personal, que más que ordenar le desorganizaba la existencia. Ella se excusó diciendo que tenía que comenzar con la siguiente lección y que en ese momento no podía atenderlo. Después de mucho insistir él y mucho disculparse ella, el susodicho sacó del bolsillo un billete (sin sobre ni envoltorio alguno, así, a bocajarro, con total transparencia) y lo depositó sobre la mesa de la profesora en pago de no sabemos muy bien qué. Mi hermana cogió el billete con ánimo de devolverlo explicando que de ninguna manera podía aceptar su dinero, que ella cobraba un sueldo por su trabajo y que el detalle estaba de más en todos los sentidos, mientras el consumidor de Apple, como Eva tras compartir otra clase de manzana, salía corriendo del aula, dejándola con el ardiente billete pinzado entre dos dedos y la culpa pegada a la conciencia durante dos días y tres noches. 

Presa de los fotogramas que colorean nuestra existencia últimamente y ante la imagen figurada de sí misma defendiéndose de lo inexplicable con expresiones del tipo "indemnización en diferido", "salario simulado" o "finiquito fraccionado", metiéndose en un "fregao" que ni Cospedal en "la parte contratante de la primera parte", se ve obligada a caminar todo el fin de semana sujetando entre los dedos la prueba del pecado original, con el brazo extendido y el sobresueldo por delante de sí misma en dirección al aula donde podrá devolver el motivo de la vergüenza al manzanero del hardware y la honestidad a su puesto de trabajo. Porque, a veces, hay que decir que no para no tener que negar la evidencia más tarde. Y eso, señores del Gobierno, es lo que se nos supone a todos.

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