viernes, 15 de marzo de 2013

De fuera vendrán

El discurso del Gobierno se adapta a las circunstancias como la lycra a las curvas más inmisericordes, sin conciencia. Mientras partidos y movimientos sociales exigían la reforma urgente de la ley hipotecaria y de desahucios, el Ejecutivo modificaba su postura según le daba el aire y el día. Tras el escándalo causado por la ola de suicidios publicada en el mes de noviembre, hizo un amago de acelerar las reformas. Posteriormente y con la llegada de la iniciativa popular de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca al Congreso, el PP anunció que votaría en contra de su toma en consideración por mucho millón y medio de firmas que se aportara. El inmediato suicidio que acompañaba a estas palabras en el tiempo, lo obligó a desdecirse para después volver a cambiar sus predicamentos con el anuncio en el debate sobre el Estado de la Nación de que no modificarían la ley con ningún otro argumento más que la evidente presión de la banca, que para eso es quien gobierna este país. Y ahora, de fuera vienen para decirle cómo hay que hacer, y, si sentencia Bruselas, la bajada de pantalones es obligatoria.

El Tribunal de Justicia Europeo nos regala otra de esas disertaciones marianas de toma pan y moja. Luxemburgo sentencia que algunos de los aspectos de la ley española por la que tantos (que nadie sabe a ciencia cierta cuántos) miles de personas han sido desalojados de sus casas son incompatibles con la directiva europea de protección de los consumidores, y concede potestad a los jueces para suspender un desahucio en caso de considerar que un contrato hipotecario deja al consumidor indefenso frente a la entidad financiera. Rápido como una gacela, don Mariano, no sólo anuncia que cumplirá la sentencia con la mayor celeridad, sino que afirma sin mover una pestaña y como si aquí no hubiera pasado nada que efectivamente él y sus secuaces ya comentaban por los pasillos que esta ley es más antigua que el agua de fregar, y tranquilizó los ánimos europeos aclarando que, previsores como son, aprovecharán que ya tienen una tramitación en el Congreso para atender a sus deseos.

Y no se les cae nada por la vergüenza de que hayan tenido que llamar del extranjero para corregir nuestros errores fatales, ni porque lo poco que hay en marcha se haya movido bajo la presión de los ciudadanos de este país, ni porque sus escasas apariciones resulten siempre absurdas y humillantes. ¿Es posible que no se den cuenta? ¿Es posible que defiendan una palabra que ya no vale nada con total impasibilidad? ¿Es posible que pasado mañana se cuelguen esta medalla como un logro de su legislatura? Seamos serios. Si no fuera porque un abogado español ha cruzado las fronteras de la justicia y del país y por las movilizaciones que han agitado la calle y el Congreso, seguiríamos hoy y para siempre en 1909.

Nota de nosotros a lo nuestro: En el ínterin, la demanda del PP contra El País y el redactor de la libreta de caligrafía B ha sido admitida a trámite. ¿Tendrá Europa algo que objetar?

2 comentarios:

  1. Si yo estuviera en su caso, tampoco se me caería la cara de vergüenza, porque mi falta de dignidad lo impediría, y sabría que da exactamente igual lo que ocurra dentro o fuera de las fronteras, porque yo seguiría ahí, alternando periodos de gobierno con periodos de oposición (éstos últimos más cómodos si cabe), sin el menor problema, bien blindado por las leyes hechas para protegernos, y corroboradas por tantos y tantos votantes insistentemente. Y en caso de que vinieran muy mal dadas y me pillaran en algo sucio pudiéndolo probar sin que yo pudiera probar algo de ellos, pues ya prescribiría. Y si a malas no hubiera prescrito, pues ya sería indultado. ¿Algún problema?

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  2. Estoy con fractalio, como se les va a caer la cara de verguenza si no saben lo que es?

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