jueves, 14 de marzo de 2013

Decíamos ayer

Parece inexcusable no escribir hoy, que se cumple otro ciclo, citando a la Iglesia o a alguno de sus miembros. Por eso y porque me viene de perillas, retomaré las palabras de Fray Luis de León en el momento en que recuperó su cátedra tras cinco años en prisión y se dirigió a sus alumnos con la famosa sentencia: "Decíamos ayer...". Pues, como decíamos ayer, la demanda presentada por el PP hace unos días no se sostiene. Incluso así, no dejo de sorprenderme al saber que el juez se la ha devuelto para que subsane el error. El PP se tomó un mes completo para redactar la demanda que interpuso contra El País y "el autor" de los papeles que publicó. La inexactitud en su redacción resultó motivo de mofa y befa para más de uno incluyendo a la que suscribe, pero igualmente nos pasmamos de que la justicia pueda ser igual para todos. La acción presentada por el Partido contiene un error de forma clamoroso, según diversas fuentes, que ha llevado al juez de Primera Instancia número 83 de Madrid a requerirle que lo subsane. Claro, me digo, si es que no se puede presentar una demanda contra uno que pasaba por allí pero que no sabemos como se llama. Está mal planteado.

Pues no sólo eso, sino que no es eso. Si a los abogados del Partido Popular les ha llevado una luna completa redactar mal sus acciones porque no querían cometer el más mínimo error, el juez va a necesitar algo más que la "primera instancia" para advertir que el planteamiento no tiene ni pies ni cabeza. Y, de momento, lo que solicita que se corrija es el poder de representación inadecuado que acompaña a la citada demanda otorgándoles cinco días para permutarlo. Que aún les pillará la vaca.

En su línea con este asunto, el Gobierno sigue alimentando el ridículo con cada acción que lleva a cabo, mientras la cuenta atrás de este entramado judicial no retrocede sino que avanza sumando tiempo a cuenta de restarlo. La sospecha que nace de las concesiones que se le han otorgado a Bárcenas es una certeza en toda regla para el conjunto de los ciudadanos. Lo que todos nos preguntamos y nos respondemos es cómo la justicia no ha tenido potestad para tomar medidas antes con un señor que puede ser tan dañino para el Gobierno como que hace años que se sabe de su implicación en el caso Gürtel, en el que, por cierto y hasta la fecha, el único condenado es el juez Garzón.

España es un payaso para Europa y para sí misma. No se puede ser más gracioso ni más grotesco, irrisorio y esperpéntico y, por ende, menos relevante. Quienes nos representan son el perfecto ejemplo de lo que no hay que ser y, deformando la brillantez que se le supone a la diplomacia inherente al cargo, no dicen más que bobadas y estupideces sin explicar en un discurso claro e inteligente cuestiones tan meridianas como por qué un individuo que ya se comía el chocolate de los demás en el instituto apuntando maneras, ha sido capaz de enriquecerse tanto y tan pronto. Frente a la evidente decadencia de las instituciones públicas (todas), se hace necesaria una sociedad compromentida que apoye a una clase política capaz de acabar con la corrupción y proponer medidas valientes, pero ¿existe actualmente algo que se le aproxime? ¿Tenemos opción? ¿Es toda la culpa nuestra como sostienen algunos?

Ni las formaciones actuales ni sus integrantes parecen los adecuados para "blanquear" el agujero negro en el que nos han metido. Hay quien defiende que la mejor salida sería que surgieran nuevos partidos y quien se aposta en que lo más conveniente sería una renovación integral de los actuales. Lo que no acierto a adivinar es la parte activa efectiva que los ciudadanos podríamos tener en estos procesos. ¿No acudir a las urnas? ¿Creemos de verdad que nadie acudiría? ¿Que no hay suficientes intereses e interesados en uno y otro signo como para que hubiera participación suficiente? El deseo de que nuestro sistema no se acabe de deteriorar es extenso. El problema de corrupción de unos pocos en un país que en esencia no es corrupto hace que nos rasguemos las vestiduras en tertulias de tasca y manifestaciones callejeras que no solucionan nada. La cadena de acontecimientos y noticias, cuyo primer eslabón se pierde en la memoria y que nos vuelve conscientes de que estamos en manos de una casta de delincuentes de actitudes prepotentes y estrafalarias,  no tiene fin. Pero lo cierto es que no sabemos cómo recuperar la dignidad de un país y de una sociedad perdidos en la marea de la deshonestidad o ya lo habríamos hecho.
¿Habemus lo que nos merecemos?


3 comentarios:

  1. Pues sí. Eso le respondí a un vecino mío cuando hace unos días lo oí en un bar quejarse de los políticos a voces. Le dije que me llamo estúpido cuando le dije que no votase al PPSOE o votase en blanco en las elecciones del 2011. EL en su día me contestó "Que hay que echar a ZP". Acto seguido le dije que dejase de chillar que no podía leer el periódico. Se sentó avergonzado.

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  2. Que nadie vote, no es una solución, pero sí es conditio sine qua non. Porque mientras siga habiendo votos en las urnas, seguirán siendo legitimados los muñegotes que impiden la visión nítida de los grandes hijos de su madre que la están liando parda. Y esos muñegotes seguirán robando, porque es la forma de remuneración que les han prometido a cambio de seguir siendo la tapadera de esos hijos de su santa madre.

    Mis preguntas son: ¿tenemos de verdad claro quiénes son los que mandan en todo esto? ¿De verdad seguimos creyendo que España es un payaso aislado que actúa con sketchs originales o diferentes? ¿Aún no sabemos que los políticos no pintan nada, aparte de ser tapaderas y cobrar sus comisiones? Si tenemos claro quiénes mandan en todo esto, ¿hemos calculado alguna vez qué parte de sus ingresos proviene de nuestras aportaciones voluntarias? ¿Hemos pensado alguna vez en cortarles el grifo? ¿Por qué seguimos formando parte activa y creciente de la audiencia de sus boletines y de sus manuales de instrucciones? Y si tenemos claro que los políticos no pintan nada, ¿por qué seguimos colocándolos en sus escaños?

    De nada nos sirve no ser corruptos si damos el permiso a otros para que lo sean por ellos y por nosotros.

    Habemus parte de lo que nos merecemos, y lo peor es que otros vendrán que habebunt lo que no se merecen más lo que nosotros non habuimus.

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  3. Esoty de acuero en que siempre habra alguien que vote, al fin y al cabo si algo sobra en este pais son pan-y-aguados... Pero tal vez sea un toque de atencion.

    Puedo que al final solo nos quede la revolucion...

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