lunes, 11 de marzo de 2013

¿Dónde está la crisis?

El sábado por la tarde, me encontraba en una terraza a punto de pedir un descafeinado con leche de sobre de Bárcenas cuando pesqué de refilón la inevitable cuestión de todos los sábados: "¿dónde está la crisis?" Hacía una tarde estupenda, de primavera y semana fantástica de El Corte Inglés. Las terrazas y los bares rezumaban vida y la posibilidad de hallar bocas y bocazas para todas las mesas se multiplicaba con las horas. La tarde bebía de sí misma cuando, para enojo de todos los presentes, como en esos versos sociales de un atormentado Gil de Biedma, "estábamos tranquilos los mayores y tú vienes a herirnos, reviviendo los más temibles sueños imposibles", cae cual meteoro la pregunta de cada semana puntual y desafortunada en la misma medida. ¿Dónde está la crisis?, que no me deja lugar. ¿Dónde está la crisis?, que no puede una ni tomarse un refrigerio después de una tarde de no hacer nada. ¿Dónde está la crisis?, y a quién le queda cuerpo para esperar un café que se demora.

España es un país que nace de la nada, crece en la taberna y muere por la boca. Que antes se quita de cambiarse la camisa que de tomarse una cerveza en la plaza que lleva su nombre. Y antes mata que quedarse sin sitio. Todavía hoy se encuentra gente que cree que la crisis es sólo un rumor que corre por la calle y, con el ojo pintado hasta la frente, no ve miseria bastante si se queda sin silla. La prensa sigue sin llegar a todos los hogares. El egoísmo y la tozudez borran los titulares del día. No estamos suficientemente mal si una no se puede sentar donde se le antoje. No hay necesidad bastante, con la falta que nos hace en una tarde de marzo como ésta. Imposible callar si no se lleva a cabo por fin la justa limpieza que desaloje bares y terrazas de tanta morralla como los ocupa. Y cuánta razón queremos tener todos por impertinentes e inoportunos que resultemos.

Que dicen que hay gente perdiendo sus casas, seis millones de parados, familias viviendo de la miseria de la caridad, ciudadanos que pierden un 30% de su nivel adquisitivo y también individuos con 38 millones de euros esquiando en Canadá, declaraciones de transparencia con tantos ceros a la derecha como a la izquierda, y señores Trías que declaran que un sueldo veinte veces superior al de un ciudadano tipo es bajo y justifica la corrupción. Que escriben, y no se lee, que España está atravesando la peor crisis que se recuerda y que no verá pagada la deuda que se acumula en todos los años de esta generación o la siguiente, mientras sigue pagando dietas y viajes en primera complementando salarios que se estiman escasos como el de un Presidente del Gobierno que sólo cumple con su deber. El divorcio entre la clase política y los ciudadanos se hace extensivo a las dos clases sociales a que se reduce la calle. El exceso se da de bruces con la recesión. La injusticia es manifiesta en todos los ámbitos. Ciegos y sordos a lo que no queremos seguir viendo y oyendo. Incrédulos. Deshumanizados. Negándolo todo. Que no hay crisis. ¡Y póngame ese café de una buena vez!

4 comentarios:

  1. Te felicito por la belleza del lenguaje que muestran tus palabras. No sé si lo harás ya, pero deberías escribir poesía.
    Con respecto al tema de los bocazas, yo los veo de varias razas: el que se autoengaña creyendo que a él no le va a tocar, el soberbio que cree que los que están en el paro son unos vagos y maleantes, el mezquino que ve como crecen sus ingresos gracias a tener a sus trabajadores con sueldos de miseria y permanente amenaza de ERE, el loco provocador que busca que le desmientan... Hay tantos tontos como tonterías.

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    1. Gracias, Ismael. De vez en cuando, también le pego al verso, lo tengo que reconocer. Por eso se me escapa la mojigatería de post en post. La cabra tira al monte...

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    2. Lo sabía! Eres como todos los poetas vocacionales que he conocido, hacen sus versos con timidez y los enseñan a escondidas como si fuesen pecado. Pero yo digo que los poetas han sido de las mejores personas que España ha dado al mundo desde siempre. El problema es que nos hemos acostumbrado a autodespreciarnos hasta la náusea.

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  2. Por si no te lo habia dicho ya, me encanta como escribes.

    Personelmente, cuando voy a los centros comerciales no miro la gente que hay, sino las bolsas que llevan, que no es lo mismo..

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