miércoles, 27 de marzo de 2013

La historia contada del caso Nóos

Como los folletines decimonónicos por entregas que acercaron la literatura escrita a los recién alfabetizados ciudadanos de medio mundo, nos llegan los correos de Diego Torres a la  prensa del día. Pero, mientras las novelas de Balzac se publicaron a razón de una por año, nuestro particular "escritor al vapor" nos mantiene en un ay hace más de un año y medio amenazando con convertir ésta en la historia más larga jamás contada con permiso de la Biblia.

La mayoría de las grandes ideas nacen de un papel en blanco o por accidente.  Así, la biografía escrita del Instituto Nóos empezó a fraguarse por casualidad al conocerse la relación de sus actividades con el caso Palma Arena cuando alguien se sentó a redactarlo sobre un papel que, en honor a la verdad, empezaba a amarillear. Pero vayamos a los orígenes. Es en marzo de 2004 cuando Iñaki Urdangarín, audaz y decidido emprendedor, funda la empresa Nóos Consultoría Estratégica (y tanto), y es en ese mismo año en el que comienza sus andanzas "gestionando" el evento Valencia Summit del que ingresará hasta en tres ocasiones anuales consecutivas la cuantía de 900.000 euros. En el año 2005, además de en el correspondiente evento valenciano, Nóos se cuela en la organización de la primera edición del "Illes Baleares Forum" y se embolsa 1,2 millones de euros. Pensando en todos y en todo, Iñaki y su adlátere rozan el colmo de la desvergüenza al crear una fundación de ayuda a niños discapacitados y enfermos de cáncer con el sólo fin de evadir fondos públicos a paraísos fiscales. Entre pufos y chanchullos, el duque de Palma y su socio llegaron a recaudar 5,6 millones de euros desde su andamiaje empresarial a cuatrocientos euros la hora de corta y pega.

En 2006, los socialistas piden cuentas al gobierno de Jaume Matas por el pago a Nóos del millón y pico, exigencia que debió de llegar a oídos de Su Majestad, quien supuestamente entonces aconsejó a su yerno que abandonase sus ocupaciones y se embarcase mejor en atravesar el Atlántico. Los baúles en el palacete debían de estar a buen recaudo porque Urdangarín y su santa esposa tardan nada menos que tres años en componer el equipaje y cruzar el charco. Los hechos trascendentales a partir de aquí se esconden tras ruegos de prescripción, imputaciones intermitentes, el precio de la Corona, de la pulsera de Corinna, una justicia igual para todos y la bajada de Dios a verlo con sus propios y divinos ojos. El relato gana en personajes secundarios al tiempo que pierde el argumento principal. Pero la crónica todavía dormitaría sobre el colchón tejido en Belice hasta noviembre de 2011, momento estelar en que estalla el escándalo salpicando toda la prensa. Ha regresado el folletín.

La redacción por capítulos del caso Urdangarín es un manual de intriga literaria que ya hubiera querido Dumas para El conde de Montecristo. Tan enrevesada se vuelve la trama que el lector puede formarse una opinión, pero todo apunta a que jamás conocerá la verdad. Allá va la mía. El alcance de las fechorías del yernísimo ha subido tan alto porque si sus obras son reprochables en tanto, salvando las distancias, el resto de la Corte no ha dejado de cubrirse de otras glorias. En primer término porque ¿hasta dónde pensaban extender la familia Real?¿Cuántos miembros son necesarios para regentar un país como éste? Acotar el número de pertenecientes a la Casa era una necesidad imperiosa para todos incluso antes de que los consortes se dieran a conocer en los jardines de La Zarzuela. En segundo término porque resulta increíble desde el inicio, con e.mails y sin ellos, que don Juan Carlos no estuviera al tanto de lo que se cocía en la cocina de Pedralbes vista la cocina y visto Pedralbes. Y más teniendo en cuenta que, si se empeñó en ocultar el pasado público y notorio de doña Leticia para moldearla a la medida del trono, si silenció el murmullo que se levantó a raiz del ictus sufrido por Marichalar, entre otros ataques, parece factible suponer que también nos quisiera obligar a no ver la labor institucional del marido de la infanta Cristina. El forzado alejamiento de estos ciertos componentes de la familia llega tarde y mal. Y, de aquellos barros, estos lodos les cubren hoy hasta las borbónicas narices.

Podrán entre todos marear las letras, censurar el texto, alargar la saga, olvidar la intriga, imputar o no, cansar al lector, vender humo. La novela ya no es de sus protagonistas. El desprestigio se extiende entre tantos como antes se repartían los privilegios. De esta obra, ya no se salva ni el escribiente. Van apurando los posos de la credibilidad condenados a volverse figuras planas de un relato redondo. Sentenciados por el lector y por obra y des-gracia de sus desatinos. Tachados in medias res. Absurdos hasta el final. Cualquier final. Incluso si no hubiera un mañana para este serial de Corte e Imperio.


1 comentario:

  1. Sinceramente, y para que no te vuelvas loca, la monarquía sigue siendo sacrosanta en este país. Se le perdona y se le perdonará todo por "salvarnos" de Franco y de una Dictadura. Es así. Como en Dios y en su Iglesia, muchos españoles no creen en una España sin Rey y ya lo que se logró en 1978 parece mucho. La monarquía es necesaria porque muchos no saben convivir en paz sin ella. Por eso se le perdona todo y por eso el caso Urdangarín, en un par de años como mucho, será una anécdota de los libros de historia o de las modernas novelas de caballería.

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