martes, 26 de marzo de 2013

Se nos ha muerto el "Ratón"

Como hay gente para todo, por muchos eventos y efemérides de mayor importancia que tengan lugar a lo largo y ancho de la geografía europea, siempre se nos cuela como un intruso la nueva del día que a alguien ajeno a todo pueda entretener. Ayer era noticia en varios medios la muerte del toro Ratón. Famoso como ninguno por atesorar entre sus haberes tres muertos y un sinfín de costuras en cosos y plazas nacionales, se convierte en merecedor de unas líneas en la historia periodística de este país. El deceso lo convierte en un mito del festejo por lidiar de modo ejemplar en el tránsito de la agilidad y la ligereza a la estrategia del movimiento inteligente en trece años de vida.

De puertas afuera, Chipre se muere de hambre y sed en el dique seco desde hace dos semanas. Ángel Merkel celebra en la Oktoberfest del mes de marzo que, por una vez, la catástrofe la paguen los bancos, obviando la irrefutable perogrullada de que los bancos nunca pagan nada. Al jefe del Eurogrupo hoy no le parece mal que las entidades financieras quiebren, después de habernos gastado una millonada para que no lo hagan. Aquí mismo, Bankia no vale más de un céntimo tras inyectarle 25.000 millones de euros como 47 millones de idiotas. Y, mientras todos deberíamos correr a comprar un cerdito hucha que rellene el colchón de toda la vida, la primicia en España es que se nos muere un cornúpeta. Porque, como dice la amiga Cospedal, España no es Chipre.

En este país con piel de toro y cerebro de ratón, el fallecimiento de esta res pública no deja de ser un gesto simbólico. España se nos muere de vieja y descerebrada. La esquela del bovino más célebre de la península se resume en un breve, el reguero de sangre que deja a sus espaldas corre por toda la calle. La obra y milagros de este virulento animal ocupa toda la foto haciéndole sombra al artista, del mismo modo que la isla de Chipre se extiende por todo el mapa europeo como la criatura de este continente ganando protagonismo frente al autor. La conciencia de quienes empujan a los chipriotas a cargar con el peso del desgobierno de su país duerme igual que la del astado. No hay arreglo. No tenemos cura. Nuestro país agoniza incapaz de superar la infección de corrupción que lo afectaba complicada por el contagio de la crisis financiera. Así como la estrella de los encierros muere a un paso del escenario, ha de fallecer este país que no reconoce una buena actuación en su pleno apogeo. Ayer, no había vida sin Europa. Hoy, no hay país para los ahorradores.

2 comentarios:

  1. Yo estoy aún más escandalizado. Ayer oí a los diputados del PP, porque la plataforma de afectados de la hipoteca les ha ido a protestar a sus casas, que están "utilizando métodos propios de la kale borroka". Me me quedé de piedra cuando vi semejante estupidez en televisión. Y seguro que la utilizan para meterlos en la cárcel o mandarles antidisturbios.
    Es que los políticos prefieren ver las manis perfectamente programadas y lejos de sus casitas para que formen parte del paisaje de la ciudad. Pero otra cosa pasa, como vemos, cuando se vienen a manifestar a sus barrios pijos.

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    1. Pues sí, pobrecitos, ¡qué pena dan! Es sencillamente escandaloso que se quejen de agresión. Para agresiones, las suyas, continuadas, con alevosía, robando y defendiendo a los ladrones. Tienen más cara que espalda.

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