miércoles, 6 de marzo de 2013

Venezuela se rinde también hoy a la figura de Chávez

Desde anoche hasta esta mañana, han sido innumerables los editoriales impresos en papel y en pantalla desde, básicamente, dos puntos de vista acerca de la vida y milagros del comandante Hugo Chávez. Presidiendo como presidía una porción de tierra que se mueve entre contrarios, era de esperar que su falta provocara esta marejada de opiniones extremistas. De una parte, celebran los que lo consideraban un caudillo a ritmo de maremare; de otra, lo lloran los millones de ciudadanos del pueblo llano para los que indiscutiblemente hizo del país una comuna. En cualquier caso, caer en la valoración partidista desde 6.600 kilómetros de distancia y con un muerto por medio puede volverse fácil y, paradójicamente, poco objetivo.

Yo estuve en Venezuela hace cinco años y me permitiré hablar desde ese recuerdo y no cohartada por los últimos acontecimientos. Sin ensalzamientos (que es bien sabido que la enfermedad y la muerte transforman la visión de la realidad) ni críticas gratuitas. La imagen que me traje de vuelta fue la de un precioso país de base hecho picadillo por una mala gestión. Un paraje con una disimulada riqueza natural, que ya quisiéramos a este lado del Atlántico, desaprovechada desde el primer grano de maíz hasta el último galón de petróleo. Una república en la que, para bien estirar de la cuerda, sólo hay vida en los extremos, en la que o no existe la clase media o no se atreve a salir a la calle y en la que o vives del Gobierno sin hacer nada o de la posición sin que te dejen hacer.

A la puerta de las chabolas descansa un pueblo alimentado por un populismo que subvenciona el vivir sólo para ver. En la carretera conviven los autos oscurecidos desde el caucho hasta la antena con una cabalgata de coches de desgüace que se mueven por la sola fuerza del viento sin seguro ni seguridad vial alguna. Las ciudades son un continuo anuncio de la cara del que preside proyectado en un descalabro arquitectónico que da buena cuenta de la realidad social. En los supermercados se confisca la identidad del consumidor en un férreo control de lo que se gasta y come. Las cuentas personales se controlan hasta el último bolívar diariamente. En la calle vive la muerte agazapada a la vuelta de una esquina que no se puede volver a pie, en el semáforo en rojo en el que parar es verse encañonado por el precio de un reloj, en la gasolinera de vuelta a casa en la que Maico pierde su camioneta pagada con un tiro en la pierna y no en el alma porque la suerte así lo quiso.

El europeo que cruza el charco para regresar con las piernas dormidas por recorrer la trastienda del Caribe escondido tras los cristales tintados de un Mitsubishi, besa la tierra que lo vio nacer a su llegada. Para nosotros un país que no se puede caminar no es tal, por mucho que algunos afirmen desde un despacho español que este desastre sólo fuera real para los capitalistas ricos y poderosos que pretendían sin argumentos virar a la derecha. O por mucho que el pueblo venezolano gritara más fuerte que "Chávez era el pueblo". El pueblo está en la calle y la calle está hecha un asco para mal de muchos.

4 comentarios:

  1. Un acertadísimo relato. Yo no fuí a Venezuela, por suerte. Pero a mí los dictadores militares, aunque sean "majos", siempre fueron funestos para sus países. Mandar un Ejército no es lo mismo que mandar un país. Y eso es lo que hacen, tanto los dictadores de izquierdas como los de derechas, convertir sus países en cuarteles. Sólo pensarlo se me ponen los pelos de punta, te lo digo yo que trabajo en uno.

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  2. Chaves es sin duda una de las figuras contemporaneas mas controvertidas, salvador para uno y tirano para otros...

    Magnifico relato y una estupenda prosa

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  3. Gracias por este relato. Esta visión que te llevaste del pais es la millones de venezolanos que hemos trabajado por un pais donde "todos" estemos mejor, donde se pueda caminar y especialmente donde la vida de todos cuente; muy lejos de lo que el difunto trato de convertir (con exito) a esta tierra privilegiada.

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    1. Gracias a vosotros por la oportunidad que nos brindasteis de conocer un país maravilloso a pesar de sus pesares.
      Un abrazo. M.

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