martes, 16 de abril de 2013

24 minutos de gloria para Mariano

Llevo unos días descolgada del mundo y del portátil por llevaderos que ambos sean y por circunstancias que no vienen al caso. Abandoné el estado de las cosas tras el anuncio de una nueva batería de recortes para que, los que dificilmente llegan a final de la mitad del mes, ni lo empiecen. Esta mañana me he levantado, a duras penas, y, regresando a la actualidad del común de los más comunes, he pensado: seguro que Rajoy nos ha subido ya el IVA, el IRPF, el pan y la bilis. Pues, parece que ha intuído que no iba a estar para dar cuenta de sus pasos, que los deja para otro día y se me va de excursión al Vaticano. El papa Paco ha tenido el detalle de recibir a mi Mariano con los honores de ser el primer Presidente de Europa al que le ofrece audiencia. Quizá porque creía que tendría poco que auditar. Quizá porque tienen tanto en común...

Mariano Rajoy es el jefe del Gobierno de los pobres españoles. Francisco s/n es el jefe de la Iglesia de los pobres (españoles y extranjeros). El asunto de las miserias que dirigen a pachas por lo visto no dio para mucho y entretuvieron al reloj intercambiando prebendas. Mariano le llevó una camiseta de la selección, mucho más apañada que el hábito papal para esta ola de calor que nos ahoga y porque le ocupaba menos que los diez millones de personas que viven en España por debajo del umbral de la pobreza. Con lo bien que hubiera podido quedar: "Mira, Papa, lo que te traigo. Estoy dejando el país que ya quisieran en el Congo". Francisco regaló a nuestro Presidente una pluma del Museo Vaticano con la que rubricará divinamente nuestro nuevo sometimiento la próxima semana para continuar por el camino de la pobreza. Mi Mariano vuelve encantado de conocer a un Papa con el que se entiende a las mil maravillas sin saber más idioma que el propio. No se pronuncia, pero se le adivina la satisfacción entre la barba y el bigote. Francisco, por su parte, tuvo que quedar en la gloria al conocer al pobre Mariano, que, en la infinita generosidad que nace de un corazón indigente, comparte con la Iglesia lo poco que tenemos y no les escatima ni un euro de la asignación destinada al episcopado para culto y salarios, aunque aquí nos quedemos sin comer y, a Rouco, todo le parezca poco.

El encuentro duró veinticuatro minutos, ni uno más ni uno menos, que la fe no entiende de ciencias exactas ni redondeos. A Rajoy, lo acompañó un séquito de nueve personas en cuerpo y cuarenta y siete millones en el sentimiento, máxime viendo a doña Elvira de riguroso luto como el protocolo y las actuales circunstancias dictan. Dado que los españoles hemos dejado de creer en todo: en los políticos, en los banqueros, en la justicia, en la Corona, en los sindicatos, en la Constitución, en Europa, en el mundo y en el portátil; éste es el único viaje inexcusable para nuestro Gobierno por la falta que nos hace, junto con el advenimiento de los nuevos recortes, que Dios y el Papa Francisco nos amparen. Muy bien Mariano. Estás en todo, pero sobre todo, donde debes.

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