domingo, 21 de abril de 2013

A un paso del abismo

Escribo sentada frente al Atlántico, sobre el último saliente de la península, con toda la perspectiva si me doy la vuelta. La noche empieza a enfriarse con un viento de levante que es más que atmosférico. Al lado de este silencio que he comprado para unos días, suena la voz de un reportero comunicando que aquí mismo, al sur a la izquierda, hay niños pasando hambre. Desde el mediodía de hoy hasta el mediodía de mañana en que, si sale bueno, volverán a ingerir la única comida con la que cuentan. La noticia y la respuesta que despierta dan lugar a un tipo de controversia que resulta ya demasiado habitual y más que demasiado vergonzoso.
 
La Junta de Andalucía prepara un decreto para que estos niños reciban, al menos, tres comidas al día, provocando más de una burla que me cuesta digerir. A dos minutos de jactarse de la labor que Cáritas desempeña todos los días, la derecha ataca, muerde, ironiza con el hecho de que en la oposición pueda nacer una iniciativa que no es de aplauso, porque la obligación no se aplaude, pero tampoco se ríe. Me repongo de la arcada que un debate como éste me provoca y sigo sin comprender si la reacción del PP nace de que sean otros los que estén haciendo su trabajo "robándoles" a sus pobres o de que la oposición sin oposición no tenga sentido y, en su empecinamiento por quitarse la razón, todo valga, hasta el ridículo más absoluto. La izquierda en Andalucía ha sido la única mitad que ha querido tomar cartas en los dos asuntos más hirientes de la actualidad: los desahucios y el hambre. La derecha pierde los papeles. Esta escisión bipartidista del país se está convirtiendo en una auténtica batalla desalmada e irracional que pone a los ciudadanos al frente de cada bando a tocar un tambor que nadie escucha.
 
Mientras la derecha y la izquierda se dan lo suyo, España sigue pasando estrecheces. Cerramos los ojos y tratamos de abstraernos porque, si no, moriríamos hoy mismo. La noche aquí, en el último rincón de Europa, es más oscura de lo que debería. De un negro que no es elegante, más bien tenebroso. El mar refleja este oscurantismo y rompe, con un rugido constante, el sigilo de este abismo. Sin embargo, ya no puedo distinguir la línea que separa el agua del aire, el norte del sur, la derecha de la izquierda. Sólo siento que es muy tarde, y que el océano no puede descansar. Tiende una manta de espuma blanca sobre la playa y continúa meciendo el corazón de este país. Como una madre. Una madre que no puede dormir si sus hijos no pueden comer.

1 comentario:

  1. Bipartidismo e hipocresía, dos caras de la misma moneda. A mí ya no me asombra.
    Lo que de verdad me entristece es que los cambios en la mentalidad de la ciudadanía hacia la política siguen aún en los mismos parámetros. Me explico, aún se ve la política nacional como un reality picaresco o un concurso de popularidad en plan "Tú si que vales".
    El español medio aún ve la política como "algo que está ahí porque tiene que haberlo"; no como "algo que te jode a tí y no debería hacerlo".
    ¡Toma! Me salió un pareado y todo.

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