miércoles, 17 de abril de 2013

Asuntos propios

La música, como los aromas, es capaz de introducirse en la caja de la memoria calando hasta los huesos de los recuerdos más desnutridos. Abraza lo que fue con la fuerza de lo que tenemos más cerca arrebatándole su lugar. La última cadencia de esta melodía me acerca la imagen de los tres niños que fuimos, sentados hoy a la sombra de treinta años. Y vuelvo a quererlos a los tres por jugar a vivir sólo en presente, aun sin conciencia de que la infancia no tiene futuro, por disfrutar de lo que estaban siendo y no volverían a ser, por no soñar con ser más que lo que son, hermanos de sus hermanos, hijos de sus padres. La música se deshace en el perfume de sus risas y la tarde con ella. Busco que sea la noche la que me dicte unas palabras con el mismo efecto de estas notas que suenan al ritmo de la memoria. Pero no llegarán.

Te casas en diez días y lo dejas todo atrás para rescatarlo quizá alguna noche como ésta en que se interpreten acordes de otros días. En un inevitable acceso de melancolía póstuma, nos pediste, a mí y a la noche, que escribiéramos unas líneas para cerrar la ceremonia. Rescatar todos esos instantes presos en el recuerdo que quisiera regalarte, es duro. Regalarte todos esos recuedos sin perder uno sólo me llevaría otros treinta y seis años. Sé que mis palabras tendrán unos minutos, no los fundamentales. Sé que es imposible encerrar una vida en una tarde, si la tuviera. Un acontecimiento tan importante para tantos detiene el tiempo un instante y me obliga a mirar atrás, sin que esa mirada pueda sintetizarse en un escrito o en el juego de lágrimas que no he podido evitar. Por lo que fue. Por lo que no fue. Es curioso cómo todo se resuelve en llanto, lo que tendría que hacernos reír y lo que no. Pero sé que es mejor llorarlo ahora, antes del rímel y del pánico escénico.

La musicalidad, el perfume de la nostalgia ha ocupado los más de los últimos días tratando de salvar lo mejor de lo que fuimos. Y, por fin, tendrás tus palabras, nuestras palabras, para sellar el término de una etapa, para inaugurar la nueva estación. Con la intención de dibujar una sonrisa de agua y sal en vuestros ojos, te devolveré, nos devolveré un trocito de esta partitura que sólo el corazón sabe interpretar. A sabiendas de que después seguirás siendo feliz. Porque la felicidad existe. La felicidad existe todos los días. Y el próximo día 27 también seremos felices. Muy felices.

3 comentarios:

  1. ay dios mio, si con esta introducción se nos saltan las lágrimas, no se que haremos el día de la boda....

    ResponderEliminar
  2. Pues que sea enhorabuena ese proyecto, y que la nueva estación dure hasta que queráis.

    ResponderEliminar

Artículos más leídos