martes, 2 de abril de 2013

La herencia del Rey

Hablando de escraches. Me revienta esa gente que sale de su casa en vacaciones y se mete en la tuya a arruinarte las propias y a endosarte sus consumos sin que, para más recochineo, haya sido previamente convidada. Y a mí, que ya he llegado a una cumbre en mi vida para no dejarme nada dentro porque si lo hago me sube la temperatura y no se me ha quedado el cuerpo para otro capítulo de fiebres, me hace poco duelo la bicicleta. Aunque nos cueste un cisma familiar. Eso ya lo arreglaremos luego. Si siguiendo el ejemplo de deshumanización de la banca, hasta Ana Botella puede echar a la gente de sus domicilios para hacer negocio, no voy a poder echar yo a los gorrones de la mía antes de que me arruinen el mío. El que quiera vacaciones, que se las pague, que está la hostelería muy malita. Queda dicho.

Sin embargo, yo tengo previsto para mi próximo período vacacional meterme con lo puesto en casa de los Reyes, que, como ésa la pagamos entre todos, más lo que nos quitan, más lo que no tributan, considero que me corresponden unos días en La Zarzuela, a cuerpo de reina. Le debía de parecer pecata minuta a la prensa la que nos ha caído con Urdangarín, o tal vez que nos está cayendo a cámara lenta, que aprovecha el vigésimo aniversario de la muerte del padre del Rey para fotografíar la cuenta heredada en Suiza, con las connotaciones que una de éstas trae. Y, lo más divertido es que la publican en primicia, como si se acabasen de enterar, cuando de esto hace veinte años. Pero, claro, quién se atrevía a decir hace veinte años nada de nada ni bueno ni malo. Ahora sí. Ahora que este país se ha convertido en la casa de Tócame Roque las narices, vamos a airear los trapos que tenemos las fronteras de par en par y las espaldas para seguir cargando. Personalmente, que el Rey herede me parece bien. Que el pastón estuviera o estuviese, esté o continúe estando en Suiza me parece, si acaso, poco estético y nada más. Pero que se haya pasado, como se intuye, el impuesto de sucesiones por los reales pantalones me resulta, don Juan Carlos, digámoslo así, poco ejemplar. Que en lugar de Su Majestad, salga su ministro de Economía, que en cuestión de números como viene acreditando está un poco verde, a explicar sin aclarar nada que, en todo caso y sin ser asunto nuestro, estas cuestiones habrían prescrito me parte la caja (la torácica o la de ahorros).

Tendremos que entender además que, si según la Constitución, esa antigüedad lujosa que adorna nuestros días desde la nunca suficientemente agradecida Transición, el Rey es intocable salvo cuando tropieza literalmente; puede merendarse a dos carrillos el impuesto de sucesiones, el código civil, el código penal y el de las buenas maneras tantas tardes como el hambre apriete. Van siendo ya unos cuantos los asuntos "privados" que escarchan la Corona y que no nos atañen aunque se nos metan en casa de refilón, como los mogrollos en vacaciones. Y, antes de que se me encienda el pelo, ahí lo dejo. Pero no me despido sin decir que ya me gustaría verlos heredando el empantullo que entre todos nos están dejando como legado. Que a este paso imparable vamos a tener que tragarnos también que el pobre Iñaki hiciera lo que hizo porque de todos es sabido y aceptado que los niños hacen lo que ven en casa.

2 comentarios:

  1. La verdad es que poco a poco van cayendo muchos mitos de la Transición española y de nuestra monarquía salvadora de la democracia, austera y ejemplar. Hasta hace muy pocos años,así era. Incluso los propios periodistas reconocen que durante muuuchos años hubo "protección" hacia la familia real. Protección de la verdad.
    El problema es que hay muchos españoles (sobre todo de cierta educación y clase social) que jamás creyeron ni creerán en la Democracia y así se lo han enseñado a sus sucesores. Hay personas que creen en la Constitución, otras que creen en la Transición, otras que creen en la monarquía como algo consustancial a la patria hispana... La pregunta es en qué creen los que nos gobiernan. La única cosa clara es que no creen en los españoles. Somos para ellos, como bien dices, niños de teta a los que hay que engañar para que se traguen medicinas que no les gustan por su bien; a los que no se les puede decir la verdad porque no la entienden.

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  2. Siempre me ha llamado muchísimo la atención el poder aparente que la Casa Real ha tenido sobre los medios de comunicación de este país. Y además, sobre todos ellos, no sólo los considerados monárquicos o afines a un sistema tradicional.

    Y el hecho de que de repente toda la prensa empiece a airear todos los trapos sucios (que por supuesto, vendrán de antiguo), indica que no era la Casa Real la que realmente tenía ese poder, y que lo que hasta ahora ha convenido a los que lo tenían (que son los que lo tienen sobre todo lo que se mueve, prensa incluida), por la razón que sea, ahora no les conviene, sino que les conviene todo lo contrario. Por mí, encantado, porque las monarquías me parecen, ya no decimonónicas, sino medievales, pero lo que no me encanta es el sostenimiento y encubrimiento que hasta ahora han hecho de todo el tinglado. Absolutamente injusto, como todo lo que hacen las grandes mafias, que han dejado a las clásicas al nivel de las hermanitas de la caridad, con el consentimiento, el respeto, la admiración y el aplauso de todos nosotros.

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