lunes, 1 de abril de 2013

Lo que el escrache esconde

Yo no soy muy partidaria de meterme en casa de nadie porque no me gusta molestar. Afortunadamente hoy en día hay infinidad de maneras de ponerse en contacto indirecto con los demás sin necesidad de invadir su intimidad. Pero también entiendo que la desesperación de las personas llega a ciertos extremos cuando no obtiene respuesta. Que, aunque sólo sea por buena vecindad, si después de mucho llamar, escribir y enviar mensajes, no hay réplica, la misma preocupación obliga a personarse en el domicilio particular por si ha pasado algo, que todos sabemos que hay muertes súbitas. Y, también hay que comprender, que la ansiedad producto de tal tesitura nos lleve a decir cosas que no sentimos y a que la situación se nos vaya un poco de las manos con caceroladas y otros instintos de liberación. Cuando la inquietud mueve a muchos, el ruido va en consonancia. Tanto que hace días que sólo se habla de los escraches. Entre el alboroto, la definición del vocablo, los orígenes, el por qué y el por qué no, vamos perdiendo de vista lo que de verdad importa.
 
Esto es algo así como cuando ingresaron al marido de mi amiga Puri y nadie daba con ella porque, aún a sabiendas de que la cosa estaba de ingreso, la incauta se fue de compras, no fuera a ser aquélla la última ocasión. Cuando volvió y nos encontró a todos en la puerta de su casa enrojecidos de impotencia, sólo fue capaz de decir que no había para tanto. Con el jaleo, nadie mencionó las compras. Si os cuento además que, posteriormente, y como consecuencia de las citadas compras a deshora y con mal tiempo, le sobrevino un catarro que, según ella misma, se iba a quitar de encima con un par de "antisísmicos", veréis cómo el acercamiento de su persona a la de mi Mariano al confesar que no le iba a temblar la mano, viene además reforzado por tratamientos médicos similares.
 
Hace dos meses, porque la ocasión lo requería, el PP prometió una auditoría externa de la cuentas del partido y la publicación de las declaraciones de la renta de los miembros de la cúpula en un ejercicio de transparencia que no entiendo por qué hay quien dice que no se ha cumplido cuando, efectivamente, o se han vuelto completamente transparentes o nadie sabe dónde están. Pasado el mal trago, les viene de fábula que los ejércitos de Ada Colau hayan tomado los portales de sus concejales para enterrar el asunto. Mientras la gente era deshauciada de sus casas, de sus cuentas de ahorro y de sus vidas de bienestar, el Gobierno estaba de compras en Suiza, pero para qué seguir hablando de los gastos del partido con la que se ha liado en la calle. El PP y la Puri saben, porque la experiencia es un grado en la escala de la felicidad, que lo que se puede solucionar con dinero o escurriendo el bulto no es un problema. El Gobierno, la Puri y los chinos viven pensando que, si un problema tiene solución, para qué preocuparse y, si no tiene solución, para qué preocuparse. Después de pasar tres días en la cama empujada a continuar por la fuerza del Ibuprofeno, sé que es posible vivir exclusivamente para respirar, como el Gobierno, la Puri y mi vecino de arriba. La actitud es aprender a disfrutar de la nada, convertirla en un oficio, olvidarse de los molinos gigantes y ser feliz. Porque no hay para tanto.

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo, al final el des-gobierno se limita a esperar a que que pase el tiempo, los chanchullos se olviden y vengan nuevas cosas que tapen las anteriores...

    Penoso.

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