jueves, 11 de abril de 2013

Mariano, las tijeras.

Bruselas nos ha cogido manía. Ven las barbas de Mariano y nos quieren poner a todos a remojo. Y a mí, que día con otro me pueden más las tripas que las neuronas, me parece incluso lógico. Nos hacía falta un carpetazo en plena cara porque estábamos empezando a sonreír y no puede ser. El humor y el estado de bienestar español sólo se entienden a orillas del Manzanares. Más allá no se puede soportar que a Mariano se le llene la boca de lengua, los diputados peperianos patinen por los pasillos del Congreso sobre sus propias babas, que a los españoles nos corran lágrimas de salvación hasta los calcetines, o que la esperanza en la recuperación haga brotar lo verde en las aceras. El empalago rebosaba ya el vaso peninsular. Era absolutamente necesaria una llamada al orden y ya está aquí, ya llegó con el anuncio de nuevos recortes de pensiones, sueldos más bajos e impuestos más altos (para compensar). Mariano Rajoy dedica hoy la jornada a templar la gaita. Mañana será el día en que salga al ruedo televisivo con cara de autónomo y defienda el arte aprendido de no tomar decisiones.

Nuestro Presidente ha elevado a la condición de talento el oficio de estar por estar o faltar directamente. Sus funciones se reducen a recoger el testigo, a ocupar la silla tapizada con nuestra bandera, a decir sin esperar respuesta o a preguntarse a sí mismo si algo ha hecho mal para mejor no hacer nada. Fuera de aquí se lo toman como lo que es. En el mundo, en Europa y en España, hay quien nace para liderar y quien nace para ser el chico de los recados. Y se puede vivir igual de feliz e igual de bien pagado. Mariano viaja a Bruselas a veces y, mientras otros hablan y deciden por sí mismos y por todos sus compañeros, él se lima las uñas con la libreta y toma alguna anotación al vuelo sobre el papel de lija. Tras la primera intervención, se ocupa en limpiarse las gafas, se las pone al revés y ya no ve la diferencia entre gobernar y ser gobernado. Se entera de poco porque en el norte no han sido educados en la prístina lengua de Cervantes. Y hace lo que debe, dejar hacer. Si alguien ve culpas en su patriótica actitud, que las asuma. La responsabilidad de la nada es toda nuestra. Tanto adorábamos a Aznar que, cuando señaló a Mariano como candidato a la sucesión, nos quedamos todos mirando el dedo, hasta el propio José Mari.

Es posible que Mariano Rajoy sea un genio tan genial que su mayor daño sea el de los más grandes: ser un completo incomprendido y parecer un don nadie, un ente incorpóreo, un simple mandado, una sombra gris marengo de sí mismo o de otro cualquiera que pasaba por allí, una discreta ausencia para los que no entienden del funcionamiento del cerebro sobrehumano. Es posible que nadie sepa quién es en realidad, ni siquiera él mismo. El pobre Mariano se morirá un día sin el placer de haberse conocido. A mí, en ocasiones, me da una pena mora que no la puedo soportar. Por eso llega tan a tiempo este nuevo bofetón europeo. Para que no nos perdamos en la contemplación. 

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