domingo, 28 de abril de 2013

Más de seis millones de mentiras


Con el tiempo he aprendido que solamente importa aquello que, pasados los años, sigue sin dejarnos indiferentes: la muerte (cuando es otro el que se muere), una enfermedad, un problema económico grave, la ausencia de alguien en un momento difícil... A diario, me quedo de una pieza viendo cómo, para los políticos, esta enseñanza que a otros nos lleva toda una vida adquirir, es parte del mapa genético como un cromosoma más que se suma al paquete de herencias recibidas y al que podemos culpar de que todo les importe un bledo. Antes, todavía les preocupaba quedar bien dialécticamente, ahora ya ni eso porque poco pueden hacer a ese respecto, o a ningún otro, en honor a la verdad de tanta mentira.

Esta semana, he andado perdida mirando a las musarañas y mientras tanto la ola de escraches de los ciudadanos ha tocado a su fin para dejar paso a los escraches políticos y otras miserias. A dos días del esperado ajuste presupuestario, cayó como una bomba la "nueva" cifra de paro sobre nuestras conciencias y ningún cargo político de altura salió a dar explicación o consuelo a ese conjunto de desesperación que supera el número total de habitantes de algunos países, aunque la culpa de todo la tenga Rubalcaba. Aparecen dos días después para endosarnos un nuevo fardo de reformas entre las que no encontramos ninguna de las que nos gustaría encontrar. Sólo hay dos vías para mantenerse a flote: subir los impuestos o restringir el gasto. Cuando ni a éstos ni a los que llegar pudieran se les pasa por la testa dejar de subirse el sueldo o reducir los cargos públicos, se hace humo la ruta más corta. Y así vamos. Así continuamos. Por el buen camino según Rajoy solo.

El que hace un tercio de legislatura trataba de disimular el engaño, hoy ya no ese esfuerza ni ese poco. Arranca, tropieza, balbucea y concluye. "No voy a subir el IVA ni el IRPF, pero, emmmm, ummm, en fín", ya llegarán otros viernes de ayuno y abstinencia. "Éste Gobierno conseguirá que la cifra de paro baje", básicamente porque todo lo que sube baja, pero imposible que lo haga con las medidas adoptadas. Los ciudadanos lo tenemos claro y lo tenemos muy negro también. Ésta es la única paradoja cierta y casi la más lamentable. Ni saben cómo hacer, ni se acercan a saberlo ni saben ya cómo decirlo. Si la política no fuera lo que sea en lo que se ha convertido, saldría uno y diría claro que ésto no tiene solución, que no hay más vueltas que darle, ni de tuerca ni a la cabeza, y que se salve el que pueda como buenamente alcance. Pero, emmm, ummmm, en fín.

Como el perfecto decorado de fondo, regresa el invierno a cerrar el mes de abril, la desindexación, las redimensiones y otras sandeces que nos han podido hacer reír tanto como nos harán llorar. Qué divertido tiene que ser gobernar como lo hace esta gente. A otros, sin embargo, las vacaciones se nos terminan y por eso y porque hoy es domingo mañana será lunes camino de viernes sin remisión.

Nota de chiste para hacerse el harakiri: Se abre el telón y aparece Mariano Rajoy. Se cierra el telón, se cierra el teatro, se cierra el bar, se cierra la tienda, se cierra la calle...

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