jueves, 4 de abril de 2013

¡Qué imputada!

A la Monarquía se le acaba de ir por la trituradora el álbum familiar al completo. Recortar a Urdangarín de la foto y aparentar que nunca estuvo fue relativamente fácil con la inestimable ayuda de photoshop. Repasar una vida entera de instantáneas, desde más allá del blanco y negro hasta la irrupción del color del dinero en la familia, va a ser mucho. Yo creo que ése es el motivo de que a La Zarzuela se le hayan subido las cejas por encima del flequillo al conocer la decisión del juez Castro, según su portavoz, a través de los medios de comunicación, igual que todos. Aquél, que ya intuía el pasmo, declara que no le queda otra porque otra sería  "un cierre en falso en descrédito de la máxima de que la Justicia es igual para todos". En marzo del año pasado, el propio Castro no encontró motivos para la imputación, que se me antoja que guardaba el efecto para coronar el asunto, y don Juan Carlos se marchó de cacería a Botsuana desatando un escándalo del que todavía cojea. Este año no será necesario.
 
Un juez ha imputado a la Infanta Cristina sin reparar en las consecuencias institucionales de su decisión, dicen algunos. ¿Es que tenía que haberlo hecho? No nos hagan pestañear más de la cuenta. ¿No es más grave que la Casa Real, que había anunciado no pronunciarse sobre este tema, haya puesto hoy el grito en el cielo? ¿No es, por otra parte, tan indecoroso o más que esto que la Fiscalía Anticorrupción se haya erigido en el papel de abogado defensor de la Realeza recurriendo de manera insólita la citación como imputado de un ciudadano más? ¿Y que la Casa Real se haya agarrado a este recurso cerrando filas cuando le ha convenido? ¿O es que la Justicia es igual para todos... con salvedades? ¿O que la Justicia es igual para todos sólo en la segunda quincena del mes? E, independientemente de la moralidad o amoralidad de toda  esta cuestión, ¿no se ha procurado la Institución esas consecuencias irreparables por sí misma? Demasiados años ha vivido parapetada tras un muro de silencio que nos ha costado una pasta. ¿Dónde está la ejemplaridad que se les supone? Es inadmisible que hoy sí sea un día para salir de La Zarzuela cuando, hasta esta mañana, Su Majestad se había pasado todo un reguero de escándalos por el mismo sitio por el que se pasó a Corinna, por La Angorrilla.
 
En cualquier caso, mucho me temo que el asunto de la imputación de la Infanta, que lo es por ser hija de su padre y a eso no se puede renunciar, haya sido más una respuesta por presiones que un cumplimiento del deber judicial. La única forma de contentar. Una vía de escape y salvamento. Una evasión del linchamiento popular. Una cobertura de expediente. Una cortina de humo que volará sin más y ojalá me equivoque. Si esto es Justicia, otros la querrían igualita. La Justicia deja de serlo cuando no actúa en tiempo y forma, cuando no es sino el ejercicio del derecho a defenderse de unos pocos por encima del que tenemos todos los demás a que no nos salga un sarpullido por indignación o de tanto como nos rascan. No podemos creer en nada. Nunca podremos dejar de sospechar. No habrá paz para los buenos. Desde el momento en que no queda institución en España que no haya sido tocada por la varita de la corrupción y nos han obligado a convivir con esta injusticia tan larga y tendidamente.

2 comentarios:

  1. Todos los años me pregunto cuál es la razón para que en Nochebuena este país pegue su nariz a la pantalla para ver el discurso de “su majestad” y se detenga hasta la respiración para no perder ni una palabra. Jamás lo escuché, y jamás lo escucharé, ni éste, ni ningún otro discurso institucional absurdo, manipulador y anestesiador.

    Espero que la próxima Nochebuena tenga al menos la dignidad de abstenerse de dar consejos.

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  2. Totalmente de acuerdo. Fíjate en el asunto de la Corina, ya no se habla nada de él. Incluso hubo un "pacto" para no meneallo. Se hizo una pseudoinvestigación y punto. Y con la Infanta igual. Y no te extrañe que en unos días o unos meses, cuando pase el revuelo mediático, ella salga totalmente inocente bañada en una especie de Jordán judicial. Y lo mismo pasará con Urdangarín, acuérdate de Marichalar, ¿quien habla hoy de él?

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