viernes, 5 de abril de 2013

Que son nuestros consentidos

Lo de Mariano Rajoy es mala suerte. Desde su último viaje a Berlín a principios del mes de febrero, en el que terminó acurrucado bajo el sobaco de la Merkel, no sabíamos dónde carallo se nos había metido. De pronto, decide volver a la tele y va a elegir el mismo día para su regreso que el juez Castro para imputar a la Infanta. Qué poca organización. Resultado: todos los ojos vueltos hacia la Monarquía y al pobre Mariano ni caso. A continuación, sin mediar veinticuatro horas, encuentran la fortuna de la "tita" Cervera en medio del Pacífico burlando al fisco y otro día que Mariano no tiene ni tres líneas en que leer su nombre. No me extrañaría que, a partir de ahora, no quiera convocar otra rueda de prensa ni en directo ni en diferido porque, aunque no quisiera rueda, esperaba prensa. Pero los medios, que van a su aire, andaban agolpándose a las puertas de Pedralbes y en las playas de las islas Cook, más concurridas que la página web de Hacienda en estas fechas. Esto es un sindiós.

Hay que reconocerles que nos entretienen mental y económicamente mientras esperamos, desde hace cinco años ya, a que llegue el año que viene, que, desde hace cinco años ya, será el año en que salgamos de la crisis. Parece ser que el año que viene tampoco será el 2014, con lo que continuaremos descolgando chorizos para ir pasando el rato. Sin final a la vista. Permitiéndolo todo. Que la marca España se haya convertido en un paraíso solar con un Gobierno que dirige un país como podría (y debería) dedicarse al teatro del absurdo, un cuadro de personajes que amasan sus fortunas bien lejos porque aquí no merece la pena tener un duro, lo saquen de donde lo saquen, una oferta de corruptos en lotes de tres por dos cada dos por tres, una Monarquía que se ha convertido en un completo desvarío de patinazos, safaris, manos largas, princesas falsas y extranjeras y paseos ejemplares de don Juan Carlos por la sanidad privada cada vez que se da un porrazo. Aunque hemos enviado al Presidente del Gobierno a donde se merece, a un faldón para las páginas pares, lo demás continúa manga por hombro. La presunta Infanta y el balonmangante, que deberían estar en mitad del Pacífico, estar, están pisoteándonos el suelo patrio. Las grandes fortunas del país, que deberían estar tributando en el país, nadan a mariposa en mitad del Pacífico. Su Majestad (el único español sorprendido por la imputación), que debería estar en Botsuana, anda farfullando por los rincones de Palacio. Los afectados por la hipoteca, que deberían estar en sus casas, en la de la vicepresidenta entrando en calor a gritos. Y así todo.
 
No hemos sabido ser lo que creemos merecer. No sabemos evolucionar como deberíamos. No sabemos proyectar una imagen seria porque no tenemos una imagen seria. No hemos sabido parar la caída. No sabemos decir "hasta aquí". Quizá porque nos hemos acostumbardo al sainete como género de vida y a que, en este país como en ninguno, la excepción confirme la regla. Todo es falso, salvo algunas cosas; la Justicia es igual para todos, con salvedades; Hacienda somos todos, salvo unos pocos y los nombres que aparecen en la lista de exclusiones en los tres casos son los mismos, salvo algunos.

1 comentario:

  1. Recuerda lo que te dije. Del tema de la Monarquía, de aquí a un par de años, cara lavada y aquí no paso nada.

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