sábado, 25 de mayo de 2013

El semáforo en rojo

Saliendo de mi barrio, hay un semáforo que hace de puerta psicológica con la ciudad. En quince años que hace que vivo en el sector, nunca me lo he encontrado en verde. Supongo que ésa habrá sido la razón determinante para que un grupo de jóvenes aficionados al malabarismo lo haya tomado como sede laboral. Son cinco chicos con estudios universitarios que, ya no tan recientemente, perdieron su puesto de trabajo y buscaron la alternativa. Se ubicaron junto al semáforo en rojo y, en lugar de vender pañuelos, que ya era un campo muy trillado, decidieron hacer malabares. Quizá porque tenían cualidades. Tal vez como una metáfora de qué es lo que hay que hacer para llegar a fin de mes. Perdieron un trabajo, pero no el sentido del humor. Todos los días se colocan sus ropajes de payaso, por justificar alguna equivocación que, en cualquier caso, es sólo cosa del directo, y, amenizándonos el insufrible minuto y medio de cada mañana, se ganan un jornal libre de impuestos con un divertido corte de mangas.
 
A pesar de la indumentaria, acometen su ocupación tan en serio como el medio de vida que no deja de ser para ellos. Ensayan unas seis horas diarias sin incluir el tiempo de representación. Con el arte y la sonrisa de quien es capaz de reírlo todo, han convertido el asfalto en una pista de circo y al asiento del conductor en una grada improvisada. Se necesita saber relativizar muy bien los golpes del destino para entender con ese genio que cualquier final es un principio.
 
Hoy me he detenido en el semáforo una vez más, pero reflexionando por vez primera. Pensaba si yo sería capaz de hacer eso. No me refiero a lanzar ocho pelotas al aire sin perderlas de vista, sino a buscarme la vida con tanta disposición. Y creo que, afortunadamente, las circunstancias han sido muy generosas conmigo. Al finalizar la función, los conductores se han arrancado en aplausos interrumpiendo mis pensamientos y más de una ventanilla se ha inclinado ante el artista. Con un amago de saludo, ha concluido muy graciosamente y se ha retirado a preparar, entre semáforos, su siguiente actuación.
 
Hay quien sabe interpretar un semáforo en rojo y darle la vuelta. Hay quien sabe sacar provecho de los tiempos muertos. Hay quien, además, lo hace con gracia. Los coches todavía se detienen únicamente porque el semáforo los obliga, pero, a veces, algunos aceleramos viendo el disco a lo lejos para no perdernos el comienzo del espectáculo.

viernes, 24 de mayo de 2013

El regreso de Aznar

Los políticos son como una enfermedad latente. De pronto, su nombre reaparece asociado a cualquier asunto como un síntoma de su potencial y se manifiestan poniendo en marcha toda su actividad. Esto es lo que ha sucedido con Aznar. Parece que José Mari se ha cansado de hacer abdominales y ha cantado que piensa volver con la frente marchita. Bajo la misma luz que alumbró la boda de su hija desde el cielo de la Gürtel, se revela hoy en toda la prensa como la opción para acabar con el bipartidismo. Le roba el plasma a Rajoy y, rodeado de un halo de modestia que le chamusca el bigote, se presenta como el mejor Presidente que, a todas luces, ha dado este país. Al frente de sus filas, propone que sea el PP el partido que se sustituya a sí mismo. Si Rajoy ha cumplido con su deber, José Mari más. José Mari va a cumplir, por orden de importancia, "con su responsabilidad, su conciencia, su partido y su país". Aparta, Mariano, que me tapas el sol. Rajoy se ha quedado pasmado (aunque pasmado, pasmado, Mariano venía ya pasmado de casa) al ver que quien, en los albores de la era digital, lo designó a dedo como su sucesor, le mete hoy ese mismo dedo en todo el globo ocular. Pero no se pronuncia.

Mariano no habla de ex presidentes, salvo, si acaso, de Zapatero un poco todos los días. Aznar se ha pronunciado otro poco tratando, nos parece a muchos, de señalar con su famoso dedo en otra dirección para que no nos detengamos en los cinco kilos de billetes que los hoy imputados en la trama Gürtel aportaron a la dote de la niña cuando eran personas normales. Al hilo de lo cual, se molesta (pero poco) en aclarar (pero poco) que el regalo de la luminaria fueron cosas del chico, que uno no tenía ninguna necesidad porque ya gozaba de sus buenos contactos en Endesa y que, de todos estos desaguisados y de su labor como presi, sólo cobró "lo que le correspondía". O con quién te crees que estás hablando, piltrafilla. A continuación, y con el PSOE "desaparecido", no le queda otra que ser él quien le meta un poquito de caña a Rajoy para ver si lo despierta, pero nada. Rajoy es inmune a la palabra.

Pocas operetas más nos quedan por ver representadas. La tomatada entre presidentes del mismo bando ya era de las últimas. Bien mirado, en el fondo, este paso al frente no ha sido más que una forma de declarar que a José Mari ya no se le puede tocar el bigote porque "pinchan en hueso". Una distracción desmedida para sacarse el polvo de encima, para lustrar los apellidos Aznar-Botella-Agag (por orden de importancia), para poner el mismo dedo de siempre sobre lo que no está al alcance del resto, sobre lo que no deben tocar ni los suyos. Una alarma que toca a rebato sobre el partido para cortarle la meada. Una foto en blanco y negro de los tiempos en color. Un conato de golpe de estado sin ninguna intención seria.

martes, 21 de mayo de 2013

No más preguntas

A veces, el comportamiento humano me da que pensar y me deja pasmada con eso del factor sorpresa. Hoy me maravillaba yo sola considerando que, en realidad, los ministros que rodean la Presidencia lo están haciendo tan rematadamente mal porque esperan que alguien se dé cuenta y los saque del lío en el que se han metido. Que, como no tienen ni repajolera idea de cómo solucionar el entuerto en el que andamos, van ensanchando el Gobierno con insensateces cada vez más gordas para que, si no revienta, caiga por su propio peso. Para ser sincera, llevo rumiando esta teoría desde la semana pasada, tras la última comparecencia de Rajoy, de la que aún no me repongo. El Presidente del Gobierno cometió el error de flaquear y aceptó someterse nada menos que a cuatro preguntas de la prensa, sin plasma ni nada, como un tío. A resultas de la osadía, los cuatro periodistas tocados por la gracia de Rajoy todavía no han recuperado el tono de indignación y existe un severo peligro de contagio entre el resto de la profesión, que anda preparando cuestionarios día y noche sin perder la sonrisa porque nadie sabe quién ni cuándo será el siguiente. No se puede devolver la esperanza así de un día para otro y sin previo aviso, Mariano, que desconciertas al personal y al propio equipo. Ahora viene Nasarre, que se cree que ha llegado el momento de hacer los deberes, y nos calza que, efectivamente, recibió 70.000 euros de los sobres de Luis y en billetes de todo tipo, vamos, que le tocó recoger hasta el premiado en la Lotería Nacional de esas Navidades al pobre, y ya la has liado parda. A ver quién es el payaso que os saca de la Moncloa con su incompetencia antes de que esto termine de estallar.
 
Cuando se toma un modelo de conducta, hay que llegar con él hasta el final. Mira María Dolores, que nunca le falta un chiste, hable de lo que hable. Que la cosa va del paro, "la reforma laboral va encaminada a aumentar la empleabilidad de las personas" porque todos somos susceptibles de que nos empleen como estimen oportuno; que hay que hablar de política, "no entiendo por qué un fontanero, un electricista o el dueño de un bar no se pueden dedicar a la política sacando un rato libre", yo misma en cuanto se termine de asar el pollo; que hablamos de partidismo, "los votantes del PP son los que pagan la hipoteca", los demás nos lo gastamos todo en porros; que sale el tema de la corrupción, se arranca con el contrato simulado y las indemnizaciones en diferido quedando como una soberana reina del disparate. Y esto va así, Mariano, no se puede ser un rancio ayer y hoy permitir el diálogo sin ton ni son porque generas un desconcierto que ya se nos había pasado.
 
Aunque un error lo tiene cualquiera, a mí me sorprende que haya sido precisamente Mariano quien se haya calzado los patines. Porque a Mariano le gusta cuidar la imagen, no es como esos presidentes de Estados Unidos y de tres al cuarto que, de vez en cuando, cometen el atrevimiento de quitarse el traje y aparecer en televisión, sentados en un sillón del despacho de la Casa Blanca, envueltos en una bata de seda y levantando una babucha con las piernas cruzadas. Mariano siempre sale en la tele encorbatado, como un señor, un señor con corbata. Que, con solo imaginarlo sentado detrás del plasma con el pijama de cuadros, a mí se me cae un mito y nuestro Presidente está concienciado de que ciertas imágenes son indigestas. Por ahí, bien, Mariano, pero que me sea la última vez que bajas la guardia porque, en un mundo en el que el teléfono fijo ya sólo sirve para llamar al móvil que no encontramos y el teléfono móvil sirve para todo menos para hablar, un político puede hacer cualquier cosa excepto abrirse al diálogo. Dicho lo cual, lo dejo, que no me gusta hacer morcillas. Voy a darle vuelta al pollo. Que no se repita y a seguir con la carrera circense, que me dejáis sin tema y me estreso.

lunes, 20 de mayo de 2013

Bienaventurados los pobres de intelecto

Yo nunca había sido muy milagrera, pero, cuando acabar con el paro y presentarse a Eurovisión, las dos cuestiones más importantes de este país, se han convertido en un acto de fe, una se tiene que arrodillar hasta para fregar el suelo del garaje. Desde esta posición, incómoda donde las haya, es desde donde tengo que entender que la religión vaya considerándose asignatura evaluable junto a las matemáticas y la lengua viperina, y desde donde me resulta incomprensible que, en un país en el que el catolicismo y la Iglesia lo fueron todo y en el que rezar será todo lo que se pueda hacer a partir de antes de ayer, nadie hubiera elevado la religión a los altares de la enseñanza general. Hay mucho que rezar y, para rezar bien, hay que saber hacerlo. Eso es así, lo diga Wert o su porquero. Como nadie nace aprendido, a partir de ahora, gracias a Dios y a José Ignacio, en el acceso a la universidad, mediarán la aritmética y el análisis sintáctico con el examen de conciencia.

El PP se pone a reformar la Educación por primera vez en la historia de su Gobierno y nos la clava como Dios manda. La inspiración le llega a este Gobierno del fracaso escolar de nuestros días para desarrollar su mejor obra. España es el tercer país del mundo con mayor número de alumnos repetidores (eso es un hecho y la culpa, de Zapatero). La conclusión que Wert saca de esta cuestión es que los españoles en edad de merecer estudios son unos incapacitados, sin pararse a valorar la competencia de los responsables en materia de educación (eso es echar balones fuera sin culpar a nadie). Contando, contando, ahora mismo, nos salen unos 500.000 estudiantes repitiendo curso, que le cuestan al ministro la ingente cantidad de 2.500 euros anuales, lo que significan 5.000 euros al año por cabeza de chorlito. Ante la urgencia de poner solución a semejante dispendio, el señor Wert valora el desastre cultural y, con la mano en el mentón, se dice a sí mismo: "vamos a meterles unas clases de religión y que sea lo que Dios quiera".

Los caminos del señor Wert son inescrutables. Yo creo que, a medio peregrinar entre las cifras y el santoral, se ha armado un taco de padre y muy señor mío y no se ha parado a razonar sus predicamentos. Un estudiante español, ni bueno ni malo, nos cuesta 5.000 euros al año sin empezar a recortar y el Ministerio de Educación se lleva las manos a la calva. A mí, humildemente, me parece que sale barato, teniendo en cuenta que un político en España nos cuesta más caro mensualmente y tampoco da pie con bola. Pero qué sé yo si además los políticos de hoy fueron estudiantes previos a esta contrarreforma educativa que nos va a abrir el cielo de par en par.

Sin embargo, permítaseme insistir, la educación de este país se me figura una cuestión seria y, por eso, querría poder pedirle al señor Wert que, de mis impuestos, que son míos, se destinara un poquito más a formar a nuestros futuros profesionales porque no me gustaría verme un día tumbada en la camilla de un quirófano y que el cirujano, por toda atención, me rece un rosario. Que lo del recorte por el recorte lo hemos ido encajando hasta ahora, pero el quitar un poco de aquí para poner un poco del más allá en cuestión de educación casi parece un exceso. No voy a entrar a valorar si la reforma educativa planteada tan educadamente por el ministro de educación vale media mierda o una entera porque no es de mi competencia, pero sí me gustaría instar a este Gobierno a que, en su infinita sabiduría, con la que todos los días tiene a bien amargarnos la cena, piense en matarnos de otra cosa menos dolorosa, pero que, a ser posible, no nos mate de ignorancia.
 

jueves, 16 de mayo de 2013

Tomad y comed insectos

Si ya hay gente que habitualmente se come las uñas y quien se sustenta a dieta de escarabajos, ¿por qué no todos? La ONU sostiene que comer insectos podría ser una opción para solucionar el hambre en el mundo y anima a que empiecen a ser consumidos tanto por animales como por escrupulosos. Los insectos como primer plato han estado infravalorados en Occidente durante siglos. Detrás de ese aspecto entre repulsivo y vomitivo con que nos miran a los ojos sin complejos, esconden todo un mundo de grasas, de proteínas, de vitaminas, de fibra, de minerales, de luz y de color. Y, si no, no queda otra. Se estima que, en el año 2030, pasado mañana como quien dice, el mundo tendrá que alimentar a 9.000 millones de personas e incontables (porque no dejan de moverse) cabezas de ganado. La FAO considera que la superficie destinada a la agricultura no se puede estirar más, dado que el mundo es redondo y acaba más o menos donde empieza. Sin embargo, el espacio aéreo es infinito y los bichos una inestimable fuente de alimento nutritiva y saludable. No hay más que hablar.

Al margen de las arcadas, y aunque a buenas horas resulte que el plato de lentejas con gusanos de la guerra civil era un inapreciado manjar de dioses; la idea se presenta sublime. Ahora que se acerca el verano y la gente viaja a los pueblos, se acabó el llevar los coches cargados hasta la antena. En el pueblo de mi suegro sin ir más lejos, las moscas se desplazan en bandadas de cientos. Este año, al caer la tarde, podremos reunirnos todos en las eras  y organizar cenas vecinales de escaso presupuesto. E incluso en el teleclub, poniendo un fondo para las bebidas, donde la barra es ya un buffet libre de parásitos. Los niños podrán ir a los colegios que gocen de zonas ajardinadas sin cargar con el tupper desde casa y comer directamente, entre los columpios, gusanos de temporada al gusto. La gente que vive en la calle dejará de preocuparse por el alimento, siempre a mano. Y es que las ventajas económicas de esta nueva dieta de todos los mares y tierras son infinitas. Los artífices de este estudio merecen el Nobel nouvelle cuisine con honores de la próxima edición. Llevamos toda una vida luchando contra cucarachas y garrapatas creyéndonos muy listos y muy higiénicos y nadie se había dado cuenta de que la merienda se criaba bajo el fregadero o a lomos del perro. Qué inconscientes somos a veces.

A mí, la propuesta me parece fenomenal, aunque, por ponerle una pega, no sé lo que tendrán que decir los naturistas convencidos. Tengo una amiga que, desde su vegetariano punto de vista, considera que es mucho más delictivo comer gambas que comer ternera porque con una vaca se alimenta mucha gente, pero hay que matar a muchas gambas para que coma sólo una persona. Antes de preparar el primer salteado, que no se me pase, le tengo que preguntar qué opinión le merece que nos quitemos el hambre a base de saltamontes, más que nada, por no invitarla a cenar y eso que nos ahorramos además.

Nota culinaria: ¿Los saltamontes se pelan o se comen con cáscara como las nueces?

miércoles, 15 de mayo de 2013

El landismo sin Alfredo

Esta mañana, a primera hora, me he encontrado cara a cara con las circunstancias. Entra un español en mi oficina a las ocho y me pregunta si me importa que se siente un momento porque se marea. Va decentemente vestido y nada más, aunque simula haber parecido mucho más que eso. Obviando el vestuario, proyecta la imagen de alquien que ha dormido poco y desayunado menos. Yo, que he vivido toda mi vida entre la hipotensión y la abstenia primaveral, entiendo pronto la falta que le hace esa silla y le ofrezco además un café.

- No, por favor, sólo faltaría. Lo único que necesito es sentarme un momento.

No me convence, pero no quiero incomodarlo con argumentos maternales. Permanece un cuarto de hora con la cabeza sostenida por la frente en posición de incómodas circunstancias y, poco a poco, se va incorporando para despedirse de mí. Sonríe por agradecimiento y, si no, no. Abre la puerta y, casi desde la calle, se pronuncia retraídamente:

- Me marcho. Muchas gracias. Ha sido usted muy amable.

Le perdono que me trate de usted y se va. Sigo un momento con la mirada el paso lento que sostiene a este nuevo caballero español, completamente segura de que cederle una silla no ha sido suficiente. Y es esa imagen la que me persigue el resto del día.

Uno de los seis millones de ciudadanos iguales ante la injusticia vaga por la calle a las ocho y cuarto de la mañana sin dirigirse a ninguna parte, soportando la presión del vacío sin presión arterial, con la esperanza de que se imponga el contrato único o el único contrato que le hace falta, con la desesperación arrasándole los ojos y la fe, sin el coraje de otra época, sin el aplomo bastante para aceptar lo que necesita, sin permitir que mande la necesidad.

Volvemos, tan a destiempo, a la era del landismo, a una España de necesidades básicas y arquitectura futurista que no sabemos habitar porque se han perdido la picaresca, el genio y la figura. Las mejores y más laureadas cualidades del español típico nacían en un escenario de miseria y pandereta que sólo podía avanzar. Esta regresión de golpe y a golpes nos arrolla sin comprender, incapaces de asumir y reaccionar. No se camina con la misma seguridad de frente que de espaldas, hacia adelante que hacia atrás. No sabemos acomodar nuestra nueva forma de ser al retroceso. Y, para mayor duelo, aún hay momentos en que es más importante conservar la dignidad que apagar el hambre.

lunes, 13 de mayo de 2013

Todos a la calle

Ayer, los distintos núcleos de protesta que han ido brotando a lo largo de estos años se unieron en un único epicentro aunando fuerzas. Un solo foco con representación de todos los afectados, que somos todos, alumbraba la calle de principio a fin. Ayer, el 15-M empezó a convertirse en una cierta esperanza de camino hacia el cambio. Por primera vez, parece posible que el pueblo se organice y crezca desplazándose como un ejército en la misma dirección, reclamando todos lo mismo e instando a los abúlicos, que haberlos haylos, a que se unan a la marea popular.

A pesar del alcance que está tomando este movimiento, no podíamos esperar una respuesta inmediata del sistema, de hecho, Mariano está encantado. El Presidente del Gobierno, que habita los mundos de Yupi, sólo pudo decir al respecto, continuando con su inconsciente discurso optimista, que le parece muy bien que la gente salga a la calle porque eso es síntoma de la buena salud de nuestra democracia. Tócate la peineta.

Mariano se ha convertido en la excepción a todo, en el soldado que desfila con el paso cambiado pensando que es el único que marcha bien, en el muñeco de Barrio Sésamo que calza los cuernos al revés. Camina por las calles de España con todo el país de frente y piensa que los kamikaces somos los demás. En un exceso de falsa autoconfianza, cree que ha nacido con la cintura suficiente para capear lo que va viniendo. Mariano respira hondo los aires de la Moncloa sin darse cuenta de que lo que consigue en cada comparecencia es que crezca el número de los que vivimos con la esperanza de ver llegar el día en que se dé cuenta de que esa luz que cree ver al final del túnel es en realidad un enorme tren de mercancías que se le viene encima con todo el cargamento que ha ido soportando este país durante tantísimo tiempo.

Aún no se puede hablar de revolución. De momento, es un grito grito social que abocará a nuestro Gobierno a representar una nueva comedia antes que a buscar soluciones de la misma manera en que exigen a los desempleados que busquen trabajo, de forma activa. Pero todo empieza a andarse. Con el pueblo en la calle poniéndose nombre, organizándose y generando autonomía frente al poder, no le va a quedar más remedio que pactar con su mano izquierda y con el entusiasmo monárquico para ir ganando adeptos, desactivar una de las oposiciones y seguir cobrando tiempo. La cuestión es: ¿cuánto tiempo?

domingo, 12 de mayo de 2013

Con permiso de ETA

Las casualidades, a veces, marcan el ritmo del destino y los sucesos se siguen como una cascada de piezas de dominó. Hace unos días, me sorprendió que el concurso de Telecinco saltara a todas las cadenas por la ¿broma? de una de sus participantes que declaraba haber tomado parte en una manifestación de apoyo a ETA. A continuación, la banda terrorista vuelve a ser noticia cuando la Audiencia Nacional concede un permiso de tres días al etarra Valentín Lasarte, que dicen que dice estar arrepentido. José Antonio Santamaría, José Manuel Olarte, Mariano de Juan, Alfonso Morcillo, Gregorio Ordóñez, Enrique Nieto y Fernando Múgica nunca lo sabrán. Las personas que los querían no quieren saberlo.
 
Vivimos y morimos en un país al que le importamos tan poco como que los favores se le prestan al verdugo ignorando al perjudicado. En el que de los familiares de los asesinados se espera que sean el ejemplo de dignidad y honradez que son sin proporcionarles la justicia que se les debe. En el que es más justo mantener un pacto político que dar una respuesta a los ciudadanos que sufren. En el que nuestros dirigentes se inclinan ante el terror.

Ochocientos cincuenta y siete son los muertos a manos de ETA en cincuenta y un años de contienda. Ochocientos cincuenta y siete son los recuerdos que borra este Gobierno y las personas que tomaron conciencia de la Historia posteriormente porque tuvieron la suerte de nacer más tarde.
 
Los sentimientos que despierta esta condena de los buenos son casi todos. La inconsciencia de los más jóvenes, que no han vivido esta guerra, no saben lo que significa y les parece más injusta la expulsión de una concursante que no sabía lo que decía de un concurso por el que darían la vida, que la tortura de las víctimas por algo que no han conocido. La indiferencia de una cuadrilla de políticos que miran más por el bienestar de los terroristas que por el de los damnificados. El martirio de las personas a las que les ha tocado encarnar el rol de víctimas ignoradas por todos los demás. El asco y la malagana que echa raíces en nuestros sofás...

Y es que hay muchos días en que este país no tiene ni puñetera gracia.

sábado, 11 de mayo de 2013

San Viernes tarde

Ayer por la tarde, me encontraba poco y me recosté un rato a ver si se me pasaba la primavera. Esta mañana, a las ocho, me despierta una voz que me dice que llevo dieciséis horas durmiendo. "Calla, que me he quedado traspuesta, enseguida cenamos". Pero hace un día estupendo como para echarlo a perder cenando ahora. Me encantan las tardes de los viernes porque parecen el prólogo de una vida nueva. Los viernes acaba todo y, a veces (a mí me pasa), hay que sacrificar esa tarde para resetear. El sábado se es una persona nueva, sin ocupaciones ni preocupaciones hasta lo que parece una eternidad de cuarenta y ocho horas en blanco. Por debajo de la ventana transcurre el autobús urbano sin nadie en su interior y sin nadie en su exterior. La calle está limpia del trajín de ayer y no termina de despertar. Hasta el vecino de arriba tarda en hacerse notar. ¡Qué bendición!
 
Uno de mis mejores recuerdos de infancia es una de estas mañanas de sábado en que el sol entraba por la ventana y todo era silencio durante dos horas más. Después, corría a la cama de mis padres, porque mis padres estaban en casa las mañanas de los sábados, y descuidábamos el reloj hasta que nos reuníamos los cinco y había que desalojar por fuerza.
 
El sábado por la mañana es una sala de estar por estar en la que el sol se infiltra mejor que en ningún otro espacio gracias a la tarde del viernes, que se ocupa de bajar el telón de nuestra obra semanal. A primera hora, la mañana se tumba cómodamente en el diván del tiempo como quien tiene todo el trabajo hecho. Después, se incorpora suavemente para no interrumpir nuestros mejores sueños. Falta poco para que termine de levantarse y alumbre las dos aceras. Pero, de momento, me siguen sobrando el café y el periódico y el vecino de arriba y el movimiento en la calle. Bien miradas, las mañanas de los sábados son la vida que todos deseamos. La edad de jubilación de la semana. El mejor despertar tras una siesta de dieciséis horas. Y el mejor regenerante facial, sin duda.

jueves, 9 de mayo de 2013

Toma que toma

Mi Mariano está pletórico, nadie sabe bien por qué, pero, cuando le cambia el rictus leyendo el mismo alegato por enésima vez, es para echarse a temblar. En su discurso de ayer ante el Congreso de los Diputados se le quedaron los dedos que forman un dos disparados hacia adelante confiriéndole una imagen de Mariano manostijeras al que no va a haber plasma que lo detenga. De entrada, nótese, se ha recortado el pelo deshaciéndose de aquellos caracolillos tan graciosos que le adornaban los pabellones auditivos. Y le ha debido de llegar un vientecillo de ánimo por detrás de las orejas que le ha refrescado la alocución hasta el infinito y más allá: "Esto empieza a funcionar y llegará la cosecha". Una ya no sabe si pretende seguir cortando cabelleras o se prepara para recoger la cosecha este verano con sus propias manos(tijeras).

Mariano se escucha a sí mismo ahora mejor que nunca y se le abren los ojos como si se hubiera tomado una cisterna de café sin respirar para no perder ripio en su propia intervención. Y es que hay que estar o muy despierto o muy dormido para decir sin pestañear que al que no encuentra trabajo le importa muchísimo que el interés de nuestra deuda haya caído al cuatro por ciento. Efectivamente, es el tema de conversación que corre por toda la fila del INAEM. Lo tratan con tanto entusiasmo que alguno ha llegado incluso a perder el turno. Ésto es un signo de recuperación y no "la facilidad con que nos olvidamos de todo lo que hemos dejado atrás", sobre todo, para el que tiene que volver al final de la cola, que ya no se acuerda ni de lo que hace allí tan temprano.

Mariano vive con tal pasión la política ejercida por su Gobierno que cree que nos la contagia. Ojo, que el día menos pensado le pide el sostén a Soraya y lo quema encima del atril coreando un "oe, oe" con la corbata atada a la frente como un profesor Miyagi cargado de ácido. Tiempo lleva jugando con fuego a sabiendas de que hacer una hoguera en medio del campo de vez en cuando es el mejor abono y alimento para el terruño. Que Mariano, parece que no, y es que no, pero tiene un juicio en virtud del cual todo apunta a que no va a haber cosechadora para tanto fruto como la "mejor política de empleo" nos va a traer. Por eso no suelta las tijeras para decir que "España ya no necesita más". Dí que sí, Mariano, que bastante tiene.

Desde que Mariano ha vuelto a salir de casa todas las semanas, no damos abasto alternando el manual de análisis de texto con el de psicología transpersonal. Lo que hay que reconocerle es que ha convertido cualquier debate político en un programa de entretenimiento nacional con un liderazgo que ni el "Salvamé" (con acentuación aguda) diario. Cualquier tarde, Jorge Javier y Mariano se vuelven todo uno y comparten su cuota de pantalla con las mismas ilustres declaraciones: "Ayer obtuvimos una audiencia del 21%. Y todo esto, señorías, lo digo sin ningún asomo de triunfalismo". Con tan magnífica modestia, concluía también nuestro Presidente una de sus mejores actuaciones y, cuando todos se escondían tras el fervor de los aplausos y ya no podían verlo, se marcaba un zapateado hasta su lugar en el hemiciclo con ese arte deluxe que no se puede aguantar. "Toma que toma, que toma tá".

miércoles, 8 de mayo de 2013

Nuestra última esperanza

Los efectos colaterales de la crisis siguen inspirando titulares como los brotes intelectuales de los ministros conforman viñetas a diario, sin aderezos. La última muestra del precario estado de nuestras cuentas es el hecho de que se ha doblado el número de renuncias a las herencias por miedo a las deudas que puedan traer consigo o a los cargos fiscales que representa aceptar hoy en día un beneficio cualquiera. Si Rajoy estuviera un poco mejor asesorado, hubiera podido hacer uso de este derecho, haber repudiado el legado de Zapatero y no hubiera tenido que "serse" tan infiel a sí mismo provocando el esperpéntico espectáculo que ha tenido lugar en los últimos días. Pero, con la comparsa de la que le ha tocado formar parte en este desfile estelar por la pequeña pantalla, asumió dándose una importancia que no ha sabido defender y, al final, no le va a quedar más remedio que codificarse y llegar al cuarto año de legislatura tapándose las vergüenzas tras un receptor cifrado.

Mariano se concede faltar a su propia palabra por circunstancias, pero no se puede permitir que los que van detrás de él en la conga hacia el Congreso le pisen la cola de la levita, que es lo que ha osado hacer su última Esperanza, aunque tarde se haya disculpado y en un gesto de falso arrepentimiento se haya colocado en posición de postre. El pobre Mariano, que empezó tan bien su andadura hacia la carrera circense televisada, está quedando como un insulso trozo de carne con gafas sin gracia ni salero, perfecto para encajar el lanzamiento de tartas que le alcanzan desde todos los frentes, pero no para ser la estrella que esperaba haber sido con el testamento de ZP como cartel publicitario. En la cumbre del alboroto de la función, la Aguirre, que después de dimitir ya no tiene nada que perder, aprovecha la ausencia de la oposición para el último pase, hace de su tarta un sayo y ella se la guisa y ella se la come mandando al resto de lanzadores a freír espárragos y quedándose tan ancha que la pista se le queda estrecha.

La alfombra de micrófonos que cubre la grada le hace la ola celebrando su regreso y relegando el espectáculo de la Cospedal, Montoro, De Guindos e incluso el monólogo de Fernández Díaz al espacio de teloneros de relleno. Esperanza siempre ha tenido un cierto aire de estrella y de protagonista y, por eso, no ha podido evitar, aunque querer quiso, regresar siempre a los escenarios como las más grandes. Así acudió al entierro de la Thatcher, en el que esperaba recibir el ramo, o a los últimos festejos de la Comunidad, en los que se personó directamente vestida de novia, y así le espeta a Mariano en plena cara que se ponga a hacer el pino porque le está saliendo todo al revés. Incuestionablemente, Esperanza es un soplo de aires frescos de grandeza para el entristecido populacho, cuyo nivel de exigencia se estaba perdiendo por los estratos del subsuelo. Pero qué poquito nos va a durar el entretenimiento...

A pesar del éxito cosechado, presumo con gran pesar que la payasada le va a costar a la Aguirre el puesto al que renunció con derecho a no marcharse del todo por no medir bien las fuerzas y cargarse, con el último tartazo, la paciencia de Rajoy. Mariano, se va a deshacer de su mejor intérprete tan pronto como termine con los restos de pringue que le han dejado la barba como un erizo de merengue y, si no, atentos al próximo cartel.

martes, 7 de mayo de 2013

El paro que no entendemos

En España, no se hablan idiomas. Por no hablar, no hablamos ni español, ni mucho menos el idioma universal de las matemáticas puras, que ése es para listos y la cumbre del políglota. Por eso, las estadísticas se leen a conveniencia o como se puede. Por eso, los españoles, desde ayer, andamos locos buscando la tabla de restar de nuestros más inocentes años de primaria para dilucidar cómo, si a la cifra de 6.200.000 parados de la semana pasada le restamos 46.000, queda por debajo de los cinco millones y pone a Rajoy a bailar una muñeira sobre la mejor reforma laboral que se ha escrito. Una lástima haber abandonado mi carrera pictórica a la tierna edad de seis años y no poder dejaros en este espacio un boceto de la cara que ha debido de poner la Merkel.

No es relevante que cada una de las cifras salga de un cesto distinto porque en uno no caben todos los desocupados. Lo que importa es que el último resultado tomado en cuenta da pie a Luis de Guindos, que no por nada se ha quedado calvo, a decir que "nuestra economía es fuerte y sana", vamos, que lo aguanta todo, como el pan semilla de oro, lo cual, entiéndase, es tan cierto como que hay doce dioses en el Olimpo. Los propios dirigentes del partido, que no se comprenden ni entre sí, han convocado un corrillo en el patio del Congreso para exigirse un poco más de claridad a la hora de explicar la situación, que luego Rubalcaba no dice más que majaderías y hasta el Rey se mete donde dicen que no le llaman apoyando un pacto nacional y al día siguiente, forzando la muleta, tiene que dar un paso atrás para decir que no ha dicho nada, que no lo hemos entendido bien, que somos tontos todos.

El ars politica solía consistir, cuando menos y si sólo en una destreza, en ser un profesional del arte de la retórica. Aquí, ya no hace falta. Mientras los ministros y el propio Presidente, que le va cogiendo el punto a la cruz, hacen fila para monologar sin ponerse de acuerdo ni consigo mismos sobre lo que hay, lo que había y lo que habrá o irá dejando de haber según hablamos sin decir nada; nadie se ocupa del que agoniza sin comprender. Lo que ellos entienden es que el hambre sin penas es menos y, dado que la cifra del paro se soluciona por sí misma y con la ayuda de San José obrero, que este año nos ha bajado a ver, sólo queda ocuparse en bautizar a los nonatos, asegurarse un sueldo que no hace falta explicar porque nadie lo va a entender y quitarle el polvo al plasma a ver si conseguimos que Mariano salga guapo. La mayor preocupación de este país no tiene fundamento. El que no trabaja es porque no quiere o porque no se entera. De hecho, cualquiera podría dedicarse a la cosa pública argumentando con las mismas cualidades que aportó Jesulín para sacar un disco. El único requisito es tener cara y, con cara, nacemos todos.

lunes, 6 de mayo de 2013

Qué te llevarías a una isla desierta

No son buenos tiempos para la lírica, pero parece que son excelentes para filosofar. En el colmo del pensamiento profundo, esta mañana me despierta la pregunta más atemporal de todos los tiempos: ¿Qué te llevarías a una isla desierta? Pues, hombre, depende de para cuánto rato. Lo debatimos un momento y, reduciendo la maleta a lo indispensable, vamos a necesitar una buena empresa de mudanzas.

De entrada, unas libretas de quinientas hojas, pluma y tinta sin discreción. Un libro de poesía, los Artículos de Larra, las epístolas del eternamente joven Werther y las últimas novedades noveladas. Las gafas. Un bikini para diario y otro de quita y pon. El chándal, las deportivas y el saco de dormir. Un camión de queso curado y otro de chocolate para compensar. A mi hermana, para que haga la doble función de hermana y amiga. A mi hermano, para que discutan entre ellos. A mi madre, para celebrar el primer domigo de mayo. A ti, para celebrar San Valentín.

Seríamos felices, más que ahora, devorados sólo por los mosquitos, viendo al mar ir y venir. Tú leyendo por los dos; yo escribiendo para ti. Sin hipoteca, sin televisión, sin teléfono, sin patria y sin trabajo. Siempre de vacaciones. Siempre viviendo. Siempre soñando. Siempre nuestros. Sólo con lo puesto más arriba.

Si tuviéramos que escapar a una isla desierta, siempre nos llevaríamos algo de todo lo que ya tenemos en esta península desierta, pero nunca pensamos que nos llevaríamos lo que creemos que nos falta para ser felices del todo.

viernes, 3 de mayo de 2013

Contrataciones improcedentes

Todos hemos conocido, siendo las cosas como debían, importantes recortes de personal en una empresa cuando los presupuestos no se ajustaban a la cuenta que se hacía el que no hacía las cuentas. Todos hemos visto cómo, en estos casos, personas muy válidas para el cargo que desepeñaban tenían que abandonar la empresa y ésta seguía cargando con un incontable número de zotes muy adaptables, que igual podían ocupar un puesto que otro porque hacían lo mismo en cualquier rincón: estorbar. Algo que no dejaba de satisfacer a los de arriba porque no se sentían cuestionados y de disgustar a los de abajo en la misma medida porque se les duplicaban las competencias. Parece mentira, pero, con la actual cifra de paro por todos conocida y soportada estoicamente, esta injusticia sigue estando a la orden del día en todos los órdenes, llegando, con matices, a ser la misma situación que se vive en nuestro Gobierno.

El Gobierno de España, en definitiva, no es sino una empresa financiada al cien por cien, en la que los únicos que no tienen nada que decir son los que ponen el dinero, y cuya ocupación es dirigir el país (hacia la quiebra). Los ciudadanos sólo tenemos la opción de colocarlos en la palestra sin período de prueba y esperar cuatro años a que les venza el contrato, que es como si mi jefe me hiciera un contrato de cuatro años y no pudiera decidir nada en cuanto a mi puesto de trabajo hasta el vencimiento, así le llevara la empresa de cabeza a la ruina caracolera. El Presidente del Gobierno es inmune a los derechos de la parte contratante e incluso a su propia reforma laboral porque, desde que tomó posesión de la Moncloa, se transformó en su propio y benévolo mandatario. A partir de ahí y teniendo en cuenta las cualidades con las que llega al cargo y de las que ha hecho gala en directo y en diferido, Mariano Rajoy, como los dirigentes más ineptos de cualquier empresa, es incapaz de rodearse de los mejores. Tal vez porque, de hacerlo, un subordinado podría dejarlo en evidencia. Tal vez porque así las cosas podrían empezar a cambiar por donde deben.

Estoy convencida de que tiene que haber en España tecnócratas en paro altamente cualificados con la capacidad de actuación y el carisma de que carecen el rey del plasma y sus secuaces, y que ahora mismo deben de andar alternando la lectura del Quijote con la de El Capital y calculando el riesgo de abandonar la nación en patera para mayor regocijo de Esperanza Aguirre. Sin embargo, Mariano ha preferido convertir el Gobierno en un club de colegas con los que calentar unas birras a carcajadas después de aplicar cada partida, cada nueva ley, cada recorte. Lo que Mariano necesitaba es una cuadrilla que le coreara las decisiones (véase la representación de los últimos días) dejando en un segundo plano, o para luego si queda un rato, los intereses comunes. Mariano ha cambiado aquella entereza que le llevó a convertirse en el opositor más impertinente, por el saco de complejos que guardaba desde la que imaginamos una de las infancias más insultadas cuyo sonrojo permanente esconde hoy detrás de una barba presidencial. A Mariano, lo que menos le convenía, según su psiquiatra, era acompañarse de profesionales competentes que volvieran a colocarlo a los pies de los caballos. Mariano sabe lo que se hace aunque no lo que nos hace a todos los demás.

Por eso nos deja a la espera y con la incertidumbre permanente de si, a partir de su última comparecencia, hará oídos sordos a los suyos quienes, movidos por la pura inercia de continuar haciéndole la ola, lo instan a que continúe por el camino del recorte y confección o si, siguiendo los dictados de su corazón, escuchará la voz de la Merkel, que, para sorpresa de propios y extraños, empieza a abominar de todo lo que ha respaldado hasta ahora mereciéndose, al fin, el puesto de dirigente de este país.

miércoles, 1 de mayo de 2013

El mejor día del trabajador

Esta mañana he tenido el sublime placer de conversar con una señora tan de derechas que hasta la columna vertebral se le desvía en esa dirección. Con el frío que se nos ha echado encima, la buena mujer, menos digna de lo que acostumbra, cojeaba más que nunca de camino al banco. Tanta lástima inspiraba que le he ofrecido uno de mis brazos (no diré cuál) como apoyo y así hemos atravesado la calle compartiendo pareceres y cojera. Porque el que va con un cojo, cojea y eso es así. Marcando la cadera como una actriz de Bollywood ralentizada, entre otros descubrimientos sin desperdicio para alguien de su condición, me confesaba, apuntalando sus palabras a golpe de muleta, que ya le da igual izquierda que derecha, que sólo quiere que el que sea nos saque de ésta, refiriéndose a la cojera nacional.

A un paso de la acera de enfrente, he visto la luz de la revelación. Éste es el final de la actual legislatura, aunque, por formalismos, se retrase otros tres años. Rajoy se ha quedado solo. A los que todavía practican el funambulismo en su misma cuerda, se les acaban los argumentos para seguir refrendando su incompetencia y no dicen más que sandeces. A la gente, como él nos llama, que empezó apoyando su campaña,  se le aflojan las creencias y hoy, apoyada en su bastón de raya diplomática, ni siquiera se para a escuchar cuando su Presidente trata de justificarse con frases del tipo: "Sé que la gente no los ve, pero ha habido avances". La gente ha perdido la fe por completo y ya no es capaz de ver lo que no está, o tal vez necesita hacerse unas gafas iguales a las de Mariano para ver lo que él, en su delirio, asegura que hay que ver, pero tampoco ha quedado dinero para flipar con artificios. La cosa pinta mal. Tan negra se dibuja que hasta el Presidente aparece en blanco y negro, salvándose de la oscuridad total porque la barba y la soledad le canean. Sale a presumir de sus ministros y les aplaude por su buen hacer y su coraje mientras a "la gente" nos pide un "poquito" de paciencia que sobreentiende que nos reconocerán nuestras madres dándonos de comer en sus casas. Para Mariano, que necesita hacérselo mirar con otras lentes, la situación es mejor. Pero no aclara, porque no lo sabe, si mejor que hace un año o mejor que en la posguerra. Aguirre, que entiende que es hora de hacer el payaso, se calza las gafas también y se tira un órdago sentando que están, no sólo mejor, sino "el doble de mejor que la última vez" y se le perfila una sonrisa que le desplaza las orejas viendo como los jóvenes más cualificados de este país se escapan al extranjero, "motivo de optimismo" sin par para este Partido y, casi, hasta de orgullo y satisfacción, pero no porque eso es cosa de Reyes. Donde esté Montoro para acuñar términos y nuevos sentimientos, no hace falta robar más de la cuenta.

Así, encara este Gobierno la jornada de mañana. Conmemora como nunca el primero de mayo porque cree que le rebosan los asalariados mucho más que el cielo de la boca. Rajoy hubiera querido incluso suprimir la festividad para acercarse a la cola del INAEM, como hiciera en la era Zapatero, y hacerse una foto con sus seis millones de criaturas, que le parecen pocos si los compara con los cuatro millones de entonces. Alguien me recordaba esta semana unas letras de Valente: "La interpretación estaba viciada, no porque no comprendiéramos los signos sino porque los textos fueron corrompidos". No es culpa de nadie, aunque ninguno nos enteremos. Las realidad y la palabra discurren por vías paralelas. Y la palabra ahora empieza a estar de más. La realidad es que mañana es el día del trabajador y los españoles, en nuestra ignorancia, no sabemos lo que se celebra este año.
 

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