lunes, 20 de mayo de 2013

Bienaventurados los pobres de intelecto

Yo nunca había sido muy milagrera, pero, cuando acabar con el paro y presentarse a Eurovisión, las dos cuestiones más importantes de este país, se han convertido en un acto de fe, una se tiene que arrodillar hasta para fregar el suelo del garaje. Desde esta posición, incómoda donde las haya, es desde donde tengo que entender que la religión vaya considerándose asignatura evaluable junto a las matemáticas y la lengua viperina, y desde donde me resulta incomprensible que, en un país en el que el catolicismo y la Iglesia lo fueron todo y en el que rezar será todo lo que se pueda hacer a partir de antes de ayer, nadie hubiera elevado la religión a los altares de la enseñanza general. Hay mucho que rezar y, para rezar bien, hay que saber hacerlo. Eso es así, lo diga Wert o su porquero. Como nadie nace aprendido, a partir de ahora, gracias a Dios y a José Ignacio, en el acceso a la universidad, mediarán la aritmética y el análisis sintáctico con el examen de conciencia.

El PP se pone a reformar la Educación por primera vez en la historia de su Gobierno y nos la clava como Dios manda. La inspiración le llega a este Gobierno del fracaso escolar de nuestros días para desarrollar su mejor obra. España es el tercer país del mundo con mayor número de alumnos repetidores (eso es un hecho y la culpa, de Zapatero). La conclusión que Wert saca de esta cuestión es que los españoles en edad de merecer estudios son unos incapacitados, sin pararse a valorar la competencia de los responsables en materia de educación (eso es echar balones fuera sin culpar a nadie). Contando, contando, ahora mismo, nos salen unos 500.000 estudiantes repitiendo curso, que le cuestan al ministro la ingente cantidad de 2.500 euros anuales, lo que significan 5.000 euros al año por cabeza de chorlito. Ante la urgencia de poner solución a semejante dispendio, el señor Wert valora el desastre cultural y, con la mano en el mentón, se dice a sí mismo: "vamos a meterles unas clases de religión y que sea lo que Dios quiera".

Los caminos del señor Wert son inescrutables. Yo creo que, a medio peregrinar entre las cifras y el santoral, se ha armado un taco de padre y muy señor mío y no se ha parado a razonar sus predicamentos. Un estudiante español, ni bueno ni malo, nos cuesta 5.000 euros al año sin empezar a recortar y el Ministerio de Educación se lleva las manos a la calva. A mí, humildemente, me parece que sale barato, teniendo en cuenta que un político en España nos cuesta más caro mensualmente y tampoco da pie con bola. Pero qué sé yo si además los políticos de hoy fueron estudiantes previos a esta contrarreforma educativa que nos va a abrir el cielo de par en par.

Sin embargo, permítaseme insistir, la educación de este país se me figura una cuestión seria y, por eso, querría poder pedirle al señor Wert que, de mis impuestos, que son míos, se destinara un poquito más a formar a nuestros futuros profesionales porque no me gustaría verme un día tumbada en la camilla de un quirófano y que el cirujano, por toda atención, me rece un rosario. Que lo del recorte por el recorte lo hemos ido encajando hasta ahora, pero el quitar un poco de aquí para poner un poco del más allá en cuestión de educación casi parece un exceso. No voy a entrar a valorar si la reforma educativa planteada tan educadamente por el ministro de educación vale media mierda o una entera porque no es de mi competencia, pero sí me gustaría instar a este Gobierno a que, en su infinita sabiduría, con la que todos los días tiene a bien amargarnos la cena, piense en matarnos de otra cosa menos dolorosa, pero que, a ser posible, no nos mate de ignorancia.
 

1 comentario:

  1. El gran problema de fondo es que no hay un consenso sobre la educación (igual que otras muchas cosas). Yo estudié en los estertores de la ley de educación de 1970, en la época que empezó a plantear reformarla (allá por 1990). Es chocante y muy triste que durante la época franquista hubiese unanimidad en tema de educación y en la democracia no. Dirás que es porque no había más cojones y que aquello era una Dictatura.
    Para muestra un botón. La Ley de Instrucción Pública de 1939 duró en vigor 30 años hasta la nueva ley de 1970 y ésa no se tocó hasta 20 años después (la mayoría de ellos ya en democracia) cuando empezaron las reformas y contrarreformas del PP y del PSOE. No era perfecta esa ley de 1970, pero algo bueno tenía. CONTINUIDAD EN EL TIEMPO.
    Lo que no se puede es poner en marcha una ley y, sin darle tiempo a desarrollar sus pros y sus contras en el tiempo, empezar a cambiarla al capricho del gobierno de turno.
    LA EDUCACIÓN ES COSA DE TODOS NO DE PROGRAMAS ELECTORALES PARTIDARIOS.

    La culpa la tienen los políticos, sí, claro que sí. Pero TAMBIÉN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA POR CONSENTIR SEMEJANTES DESVARÍOS.

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