domingo, 12 de mayo de 2013

Con permiso de ETA

Las casualidades, a veces, marcan el ritmo del destino y los sucesos se siguen como una cascada de piezas de dominó. Hace unos días, me sorprendió que el concurso de Telecinco saltara a todas las cadenas por la ¿broma? de una de sus participantes que declaraba haber tomado parte en una manifestación de apoyo a ETA. A continuación, la banda terrorista vuelve a ser noticia cuando la Audiencia Nacional concede un permiso de tres días al etarra Valentín Lasarte, que dicen que dice estar arrepentido. José Antonio Santamaría, José Manuel Olarte, Mariano de Juan, Alfonso Morcillo, Gregorio Ordóñez, Enrique Nieto y Fernando Múgica nunca lo sabrán. Las personas que los querían no quieren saberlo.
 
Vivimos y morimos en un país al que le importamos tan poco como que los favores se le prestan al verdugo ignorando al perjudicado. En el que de los familiares de los asesinados se espera que sean el ejemplo de dignidad y honradez que son sin proporcionarles la justicia que se les debe. En el que es más justo mantener un pacto político que dar una respuesta a los ciudadanos que sufren. En el que nuestros dirigentes se inclinan ante el terror.

Ochocientos cincuenta y siete son los muertos a manos de ETA en cincuenta y un años de contienda. Ochocientos cincuenta y siete son los recuerdos que borra este Gobierno y las personas que tomaron conciencia de la Historia posteriormente porque tuvieron la suerte de nacer más tarde.
 
Los sentimientos que despierta esta condena de los buenos son casi todos. La inconsciencia de los más jóvenes, que no han vivido esta guerra, no saben lo que significa y les parece más injusta la expulsión de una concursante que no sabía lo que decía de un concurso por el que darían la vida, que la tortura de las víctimas por algo que no han conocido. La indiferencia de una cuadrilla de políticos que miran más por el bienestar de los terroristas que por el de los damnificados. El martirio de las personas a las que les ha tocado encarnar el rol de víctimas ignoradas por todos los demás. El asco y la malagana que echa raíces en nuestros sofás...

Y es que hay muchos días en que este país no tiene ni puñetera gracia.

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