martes, 21 de mayo de 2013

No más preguntas

A veces, el comportamiento humano me da que pensar y me deja pasmada con eso del factor sorpresa. Hoy me maravillaba yo sola considerando que, en realidad, los ministros que rodean la Presidencia lo están haciendo tan rematadamente mal porque esperan que alguien se dé cuenta y los saque del lío en el que se han metido. Que, como no tienen ni repajolera idea de cómo solucionar el entuerto en el que andamos, van ensanchando el Gobierno con insensateces cada vez más gordas para que, si no revienta, caiga por su propio peso. Para ser sincera, llevo rumiando esta teoría desde la semana pasada, tras la última comparecencia de Rajoy, de la que aún no me repongo. El Presidente del Gobierno cometió el error de flaquear y aceptó someterse nada menos que a cuatro preguntas de la prensa, sin plasma ni nada, como un tío. A resultas de la osadía, los cuatro periodistas tocados por la gracia de Rajoy todavía no han recuperado el tono de indignación y existe un severo peligro de contagio entre el resto de la profesión, que anda preparando cuestionarios día y noche sin perder la sonrisa porque nadie sabe quién ni cuándo será el siguiente. No se puede devolver la esperanza así de un día para otro y sin previo aviso, Mariano, que desconciertas al personal y al propio equipo. Ahora viene Nasarre, que se cree que ha llegado el momento de hacer los deberes, y nos calza que, efectivamente, recibió 70.000 euros de los sobres de Luis y en billetes de todo tipo, vamos, que le tocó recoger hasta el premiado en la Lotería Nacional de esas Navidades al pobre, y ya la has liado parda. A ver quién es el payaso que os saca de la Moncloa con su incompetencia antes de que esto termine de estallar.
 
Cuando se toma un modelo de conducta, hay que llegar con él hasta el final. Mira María Dolores, que nunca le falta un chiste, hable de lo que hable. Que la cosa va del paro, "la reforma laboral va encaminada a aumentar la empleabilidad de las personas" porque todos somos susceptibles de que nos empleen como estimen oportuno; que hay que hablar de política, "no entiendo por qué un fontanero, un electricista o el dueño de un bar no se pueden dedicar a la política sacando un rato libre", yo misma en cuanto se termine de asar el pollo; que hablamos de partidismo, "los votantes del PP son los que pagan la hipoteca", los demás nos lo gastamos todo en porros; que sale el tema de la corrupción, se arranca con el contrato simulado y las indemnizaciones en diferido quedando como una soberana reina del disparate. Y esto va así, Mariano, no se puede ser un rancio ayer y hoy permitir el diálogo sin ton ni son porque generas un desconcierto que ya se nos había pasado.
 
Aunque un error lo tiene cualquiera, a mí me sorprende que haya sido precisamente Mariano quien se haya calzado los patines. Porque a Mariano le gusta cuidar la imagen, no es como esos presidentes de Estados Unidos y de tres al cuarto que, de vez en cuando, cometen el atrevimiento de quitarse el traje y aparecer en televisión, sentados en un sillón del despacho de la Casa Blanca, envueltos en una bata de seda y levantando una babucha con las piernas cruzadas. Mariano siempre sale en la tele encorbatado, como un señor, un señor con corbata. Que, con solo imaginarlo sentado detrás del plasma con el pijama de cuadros, a mí se me cae un mito y nuestro Presidente está concienciado de que ciertas imágenes son indigestas. Por ahí, bien, Mariano, pero que me sea la última vez que bajas la guardia porque, en un mundo en el que el teléfono fijo ya sólo sirve para llamar al móvil que no encontramos y el teléfono móvil sirve para todo menos para hablar, un político puede hacer cualquier cosa excepto abrirse al diálogo. Dicho lo cual, lo dejo, que no me gusta hacer morcillas. Voy a darle vuelta al pollo. Que no se repita y a seguir con la carrera circense, que me dejáis sin tema y me estreso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Artículos más leídos