martes, 25 de junio de 2013

Corrupción y tentetieso

En algún momento en la Historia de España, cruzamos el punto de inflexión del tiempo y comenzamos a incumplir años. Pisamos con un pie la edad adulta y regresamos por la línea del devenir en un ejercicio de involución perdiendo el raciocinio paso a paso. Así, hemos retrocedido hasta esa edad en la que nada importa porque nada sorprende. Dicen los psicólogos que, si aterrizara una nave de extraterrestres en el jardín de casa, como aterrizó el jaguar de su marido en el jardín de la Mato, un niño de menos de un año no se extrañaría en absoluto porque, para él, todo es nuevo y no distingue entre lo que es normal y lo que no lo es. Tan insólito o tan natural le resulta un hombrecillo verde como un perro negro paseando entre los geranios. En ciertos casos, la impresión se modifica con los años.

Los españoles hemos vuelto a no impresionarnos por nada. El caso Bárcenas regresa a las portadas y a nadie le indigna lo que hay de nuevo. En tiempos de permanente crisis y con una tasa de paro insostenible, la formación se convierte en un lujo wertgonzoso y a nadie le da un ictus. Ya no importa que, con nuestros impuestos, se paguen sobresueldos, los gintonics del Congreso o los menús de televisión española en lugar de educación. El balón de Urdangarín sigue colgado en el tejado del juzgado y nadie espera ver si cae o no. Las operaciones registradas junto al DNI de la infanta conforman un espacio de segundo orden en los programas del corazón entre un anuncio de alcachofa y los desamores de la Hormigos. La Gürtel y los EREs andaluces se salen de la página y ya no nos interesa seguir leyendo. Preferentes, desahucios, desempleados, sanidad, miseria, todo pasa y nada queda porque lo nuestro es pasar, como diría Machado si nos viera y le diera un arrebato poético en lugar de ponerse a repartir sopapos, que sería lo suyo.

Nadie cree que esto vaya a arreglarse ni que los culpables vayan a pagar por los crímenes cometidos. Lo damos por sentado. Lo aceptamos como es y no debiera ser. Si salta un nuevo escándalo, ya no nos extraña. Si no, casi lo echamos de menos. Ya no nos alarmamos por nada. Todo forma parte del diario político, periodístico y español. Estamos adaptados a caminar entre balas de fogueo. Cualquier noticia, por grave que sea, está dentro de la normalidad e, incluso, podemos llegar a celebrarla.

En Italia, sin ser Italia ejemplo de justicia ni de demasiados valores, Berlusconi ha sido condenado a siete años de cárcel por prostitución de menores y abuso de poder. A Berlusconi, lo ha condenado no haber nacido en España porque, si lo hubiéramos juzgado aquí, los españoles le hubiéramos dado el Príncipe de Asturias de las artes y luego nos lo hubiéramos llevado de copas por Oviedo. Con los años que tenemos, vamos restándoles gravedad a los asuntos más serios como si no tuviéramos ni años ni asuntos que resolver. Aquí ya ni se juzga, ni se condena, ni se castiga, ni se dimite. Todo se acepta con naturalidad.

El hijo de mi amiga Áurea ha cumplido el primer año y su madre no duerme de preocupación porque todavía no le han salido los dientes. Él se le parte de risa. Cuando llega la hora de merendar, le da la galleta al perro para que se la vaya ablandando mientras se traga el yogurt y luego se mete la galleta en la boca. Sin talento, sin escrúpulos, sin entender la preocupación de su madre. Como un español hecho y derecho. Y le sabe a gloria bendita, como a nosotros las injusticias de cada día.

1 comentario:

  1. No creo que haya mucha diferencia entre Italia y España, ni entre el resto de países del mundo “civilizado”. Si Berlusconi ha sido condenado a 7 años (y ya veremos, porque le quedarán todavía los no sé cuántos recursos), es porque debería haber sido condenado a 700.000, y seguro que me quedo corto. El mafioso más mafioso que hoy día se pasea con el mayor descaro y sin el menor escrúpulo por Europa y por el mundo y es bien recibido y agasajado allá donde vaya, ya me dirás qué puñetas va a temer ante la indefensión tan absoluta que tenemos los ciudadanos. Indefensión que semejante mafioso y todos sus colegas europeos, americanos y asiáticos han ido tejiendo a lo largo de la historia para procurarse esa impunidad que se refleja en sus sonrisas de hiena, y que les hace sentirse tan seguros. No estaría de más que creásemos un organismo mundial paralelo a las CIA’s, CNI’s, KGB’s, BND’S, MI6’s, MOSSAD’s, etc., pidiendo ayuda a los Assange’s y los Snowden, y viéramos todos personajes que han ido desfilando por las fiestecitas de Berlusconi, a los que ya les tiene sujetos por salva sea la parte. Como para no estar tranquilo. Ya me les imagino en sus negociaciones: “Te cambio el vídeo en el que aparezco en pelotas en tu bunga-bunga por el que apareces tú en la fiesta de Putin”. Y para colmo, ahora se habla de que la hija de Berlusconi pueda tomar el relevo.

    Y mientras tanto, ahí está y ahí estará la ciudadanía: desfilando por las urnas, afianzando a las hienas para que no les falte la carnaza, incluso de forma legal.

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