lunes, 3 de junio de 2013

Imprudencias que pagamos todos


Cuando cumplí diecinueve años, me saqué el carnet de conducir. A la primera. Aquel mismo sábado decidí inaugurarlo acudiendo a la fiesta de celebración motorizada y la grúa se llevó mi coche. A la primera. A Mariano Rajoy, le sucedió algo parecido; sentarse al volante del Gobierno y que la grúa de la Merkel le aplastara el coche fue todo uno. Las alegrías y las decepciones suelen llegar de la mano para que la felicidad y la tristeza se vayan compensando. Sin embargo, las penas no se reparten igual. Aparcar mis diecinueve años en el badén de correos, me costó oncemil pesetas de un sueldo de canguro por las tardes. Que Mariano aparque su incompetencia en los jardines de la Moncloa ha costado seis millones de parados, que no acuchillan su sueldo aunque se le salgan de los bolsillos, y una millonada en multas que pagaremos, dios mediante, los contribuyentes y los pensionistas contribuyentes hasta que los pensionistas sean exterminados.

De camino al exterminio, Bruselas vuelve a sacar la libreta y ordena subir el IVA, bajar pensiones, endurecer todavía más la reforma laboral y reducir puestos de trabajo públicos. Mariano, por toda respuesta, clava en el plasma su cara de circunstancias, pero nos endosa la nota a los peatones. La imprudencia es suya, pero el castigo, no. Así es que yo me suelo pasar las penas del Gobierno por el mismísimo cárter. Mientras los españoles nos ahogamos económicamente y en nuestro propio vómito, Mariano Rajoy conduce sin puntos. Del programa electoral con el que ganó las elecciones hace un año y medio, ya no le queda ni una sola promesa por incumplir. Pero continúa al volante del país dirección Berlín arriesgándose a que paguemos sus negligencias con el país entero. Mariano se ha creído a estas alturas que España es un coche teledirigido desde Europa y se permite el lujo de conducirlo con el culo.

Sin falsas modestias, Mariano reconoce que, con sus maniobras, hemos dejado la crisis atrás. Porque, cuando lo de detrás se lleva delante, uno pierde la perspectiva. Mañana nos llega la nueva cifra del paro incluyendo la caída del mes de mayo y Mariano está convencido de que será esperanzadora. A toro por pasar, todo cuela. A toro pasado, todo se nos cuela por salva sea la parte con la que, ut supra diximus, conduce Mariano. Los viandantes pagamos sin más y, si nos quejamos, nos quejamos de vicio. Sabemos que, al final, sólo seremos muchísimo más pobres. Sabemos que hemos salido de la crisis gracias a que Mariano se aproxima sin freno al borde del abismo. Que estamos que nos salimos. Vamos que nos vamos.

Las temeridades de este Gobierno nos están costando más caras que el coche, pero, para quien no las paga, siempre salen baratas. A mí, disculpen la ingenuidad, me sigue asombrando la facilidad con que esta panda de kamikaces nos encaja sus facturas de tráfico y sus fracasos como logros. Me cuesta asumir que los errores de una conductora postadolescente inexperta se paguen doblando turno y los del conductor del Gobieno, poniendo bote.

1 comentario:

  1. La culpa fué de la gran mayoría de españoles que en el 2011 le dieron las llaves con una mayoría absoluta.

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