martes, 11 de junio de 2013

Insomnio

Desde que tengo uso de razón (hace algo más de una semana), a mis días les faltan horas. Hubo una época en la que no era capaz de dormir por la noche y la desesperación me llevó a ocupar un espacio de tiempo, que cunde mucho porque no se comparte, con un sinfín de tareas a las que hoy no llego. Seis horas de sueño diarias me han robado la parte de mi vida que era más mía y han despojado a mis cosas del sabor que solían tener. Los libros han perdido el aroma que desprendían. La música no suena como sonaba. El chocolate caliente no tiene la misma textura. Los amaneceres irrumpen sin ningún encanto. Ya nada es lo que era y no tengo tiempo para lo que es ahora.

Ahora vivo de día. Algunas tardes, me resigno a vivir con gente que cree que cuenta con una profundidad que yo sólo capto de noche. Que pasea por la vida dándose una importancia que no tiene, adornándose de un misterio tan grande como el del atractivo de Paquirrín. Es gente que vive desdoblada, actuando más para los demás que para sí mismos, impostando el gesto facial para transmitir lo que no piensan, intentando simular que están pensando, tratando de pensar lo que aparentan. Gente que pone sus movimientos a merced de quienes les rodean creyendo que su vida merece el interés ajeno. Que creen que, cuando entran en una estancia, todos los ojos se vuelven para observarlos. Que piensan que construyen tan bien su artificio que cualquier hombre querría ser como ellos y que a todas las mujeres se nos caen los interiores al verlos pasar. Que se convencen de que su existencia es una película de la que son protagonistas únicos. Que pasan encantados de que los hayamos conocido. Como el primogénito de mi amiga Puri, que es gilipollas.

Vivir de día en días como hoy me vuelve a robar el sueño.

Cuando no se puede dormir, todo adquiere otra dimensión. La noche les proporciona a las cosas una profundidad real que pierden a la luz del sol. El poema que me regalaste un día no dice lo mismo a las tres de la tarde que a las dos de la madrugada. A veces, todavía me levanto temprano y echo un vistazo a través de la ventana para descubrir un paisaje totalmente nuevo. Será que la primera luz es otra luz, o mi estado de ánimo, o el sueño que no he dormido. Lo que quiera que sea le otorga un aspecto distinto a lo que no ha podido cambiar en unas horas. Y entonces, querría llamar al hijo de la Puri y enseñarle lo que es ser auténtico.

Nota de la autora: Los nombres propios de las personas que aparecen en este post han sido alterados u omitidos para salvaguardar su identidad. Los hechos, las actitudes, la caracterización y los descriptivos son los que son. El que es gilipollas es gilipollas y no se le puede llamar otra cosa.

3 comentarios:

  1. ¡Qué retrato más fiel y más bonito has hecho del paisaje actitudinal urbano contemporáneo!

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    1. Si no lo escupiera aquí, tendríamos más de una desgracia.
      Gracias, Frac.

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  2. Una poetisa contemporánea en estado puro!!

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