miércoles, 5 de junio de 2013

La Marca España

Ayer se destapó, por fin, la intención de este Gobierno desde su toma de posesión. Todo su empeño se ha centrado en cambiar la imagen internacional del suelo patrio. Ayer, con un año de retraso, se celebró la puesta de largo de la Marca España en la capital de nuestro país, Bruselas. Hasta allí se desplazaron 500 personalidades, españolas todas, para llenar el hueco que dejó la ausencia del presidente de la Eurocámara, Martin Schultz. Así, la personalidad europea más destacada fue el vicepresidente de la Comisión y comisario de la Competencia, el español Joaquín Almunia; y la española, Pedro Ballvé, consejero delegado de Campofrío. Lo que pretendían con esta reunión era salvar al país de sus estereotipos y promocionar el sol, el flamenco, las tapas y la moda ante la plana mayor de Europa, que no acudió. Es decir, que lo que fueron a anunciar son tres de los grandes clichés con que todo el mundo relaciona a España desde que se inventó la tortilla de patata, y los trapos elegantes, que los sucios ya los conocen.

Hemos de admitir que la imagen que España proyecta fuera de sus fronteras nada tiene que ver, de un tiempo a esta parte, con la fiesta que solía parecer y, en ese sentido, a la clase política hay que reconocerle que, una vez más, ha cumplido con sus deberes. Hasta que Mariano empezó a viajar por Europa, los españoles teníamos nuestros defectillos, que saltaban delante del toro junto al valor que también arrojábamos extramuros. Podíamos ser una pandilla de vagos que ni generaba, ni destruía y en nada se transformaba, pero que iba a trabajar todos los días con una de las jornadas laborales más largas y peor distribuidas de Europa. Ahora, sólo somos una pandilla de vagos sin contrato tirando de subsidio. Hace cinco años, los españoles parecíamos vagos, pero nobles. En este sentido, la reputación de España en el exterior era intachable. Hoy España es un vergonzoso colgador de chorizos ibéricos que han llevado la economía del país directamente al matadero. Los expertos coinciden en que el mayor problema de la Marca España es lo mal que los españoles hablamos de nosotros mismos y de nuestros políticos, algo que también han conseguido variar, acentuándolo. Efectivamente, España no es ni una sombra de lo que era. Para los extranjeros, la Marca España no ha podido transformarse más en menos tiempo. Para los españoles, la Marca España se ha convertido en un hierro de marcar ganado.

En un país en el que la única opción que cabría para cambiar el concepto sería cambiar de políticos, el Gobierno ha puesto toda su carne ibérica en el asador para impulsar nuestra imagen bajo el eslógan de la "Marca España", que no es otra cosa, o eso dicen, que "mostrar la realidad de nuestro país, nuestros puntos fuertes". (¿En qué quedamos?) El evento de la Marca España fue concebido como un escaparate de nuestras fortalezas, que nadie vio con interés. Un intento desesperado del Ejecutivo por sacar pecho de nación. Un buffet de jamón y flamenco que, si algo promocionó, fue la siesta. Y una excelente ocasión, para Margallo sólo, de superar el cliché de "la España de charanga y pandereta". Sí, hijo, si, para panderetas estamos.

1 comentario:

  1. Si es que, como siempre dije, los políticos españoles viven en una suerte de mundo paralelo de sobresueldos, tapitas y hoteles de lujo.

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