jueves, 20 de junio de 2013

Las herencias buenas

Hay cosas que entiendo pero querría no tener que entender. Hace unos meses, leí una noticia que llamó mi atención y que informaba de un importante incremento en el número de renuncias a una herencia por miedo a recibir las deudas de nuestros ancestros. No niego que éste motivo que apuntaba la prensa explique ciertos casos, pero me sorprendió que, llevando como llevamos apenas un año de desaceleración y cuatro de caída libre (que no son pocos, pero tampoco tantos) el resultado sea que un importante número de ciudadanos deje este mundo legando sólo pufos y ésa sea la única razón para que tantos se nieguen a recibir lo que les toca. Después de investigar un poco sobre el tema, me atrevo a afirmar que esta información era absolutamente parcial y que, para la mayoría de los que se ven obligados a tomar esta decisión, la causa es otra y, posiblemente, no interese contarla.
 
Durante muchos años en España, la mejor forma de salvaguardar nuestros ahorros ha parecido invertir en ladrillos. Por tanto, muchos españoles lo que tienen son inmuebles en todo tipo de suelos. Durante los últimos años, lo que la gente no ha podido defender es su liquidez. Con lo cual, habemus piedras, pero no pasta, y todavía hay Comunidades Autónomas en España en las que es imposible heredar sin efectivo. Que manda narices que los padres de uno se pasen la vida tratando de ahorrar al tiempo que cumplen con todas y cada una de sus obligaciones tributarias, les llegue la hora de dejar de pagar impuestos y, sus sucesores tengan que volver a hacerlo por lo poco que han conseguido salvar de los piratas. 
 
Pongamos por caso que papá tiene un piso que, hoy en día, vale menos que nada, pero tiene un valor, y, si lo adquirió hace treinta años, sigue valiendo más de lo que le costó. Digamos que 120.000 euros. Heredar esta joyita arquitectónica supone liquidar un impuesto de sucesiones que en mi Comunidad Autónoma, sin ir más lejos, significa el 21% del valor del palacete, es decir, 25.200 euros. Que hay que tenerlos. Y, si no, renunciar a la herencia. A más pedruscos, mayor el importe. Por eso, hay familias que se plantean arreglar el entuerto antes de perderse en el hueco del nicho.
 
La semana pasada me acerqué a una administración (pública, no de lotería) y expuse el caso:
 
¿Cuál es la mejor opción para transmitir un bien a un hijo en vida y qué impuestos están obligadas a pagar ambas partes?
 
Bien, pues, al loro. La opción menos gravosa aquí es hacer una donación del inmueble, que, para quien recibe el bien, está libre de impuestos (que no en todas las Comunidades), pero el donante ya puede rezar todo lo que sepa porque no le va a hacer falta esperar a que se lo coman los gusanos. En primer lugar, tiene que liquidar en el ayuntamiento del municipio el impuesto de plusvalía que se calcula en función de lo que se ha revalorizado el suelo desde que adquirió la vivienda hasta el momento en el que se la transmite al fruto de sus entrañas. Teniendo en cuenta que, en los últimos tiempos, el valor del suelo se ha multiplicado hasta el infinito con la finalidad de que los ayuntamientos engorden sus arcas a golpe de IBI, la antigüedad lujosa de 120.000 euros puede estar asentada sobre un suelo tasado por un valor similar al de la propiedad entera, lo que, después de treinta años de tenerlo en propiedad, supone soplarle al ayuntamiento más de 10.000 euros. Pero no termina aquí la cosa. En la siguiente declaración de la renta, la donación hay que declararla porque Hacienda no distingue entre una donación y una venta, y, a pesar de que el donante no ha percibido un euro al quitarse de encima el ladrillo, tiene que abonar un porcentaje del incremento del valor del piso desde que se compró hasta el día de la donación. En el caso que nos ocupa, alrededor de un 25%, total: 30.000 euros.
 
Y ésta es la mejor opción para regalarle a un hijo en vida el piso que a su padre le ha costado esa misma vida pagar: volver a apoquinar cuarenta mil euros en impuestos más los gastos de notaría para ponerlo a su nombre.
 
Un consejo libre de impuestos: Véndanlo todo ya a más tardar, liquiden los mismos importes con el efectivo calentito, y no esperen a que, mientras a ustedes se los meriendan las larvas, a sus hijos se los meriende el Estado.
 

4 comentarios:

  1. Eso es lo que pagamos los pobres. Los ricos ya hemos visto que tienen un motón de truquitos tipo SICAVs o paraísos fiscales varios para no apoquinar ni un real al padrastro Estado.

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    1. Y además de tener un montón de truquitos, encima se les hace cuesta arriba tener que pagar lo poquísimo que pagan, y personajes como Messi deciden crearse truquitos de fabricación casera para pagar todavía menos. La verdad es que tanta mezquindad, analfabetismo, egoísmo y vanidad, y tanta ausencia de escrúpulos, de dignidad, de ética y de vergüenza darían bastante pena si no fuera por el brutal e injusto sufrimiento de muchíííísimas personas que pagan las consecuencias directas de semejante sinrazón.

      Siempre he mantenido que a cualquier persona o entidad que represente a otras y administre o gestione dinero público, o cualquier persona o entidad que maneje más de cierta cantidad de dinero, por muy suyo y privado que sea, se les debería aplicar la presunción de culpabilidad, y a partir de ahí, que demuestren su inocencia. Pero claro, tal y como está el patio de la (in)justicia, les resulta facilísimo demostrarla. Es bastante barato en relación a según qué capitales se manejen, propios o ajenos.

      Y siempre he mantenido que lo más sencillo del mundo es rastrear el dinero. No hay ni un solo céntimo en el mundo que no tenga dueño registrado con nombres y apellidos, y que no se sepa de dónde viene y adónde va. Sólo es cuestión de voluntad, y de que nos vayamos acostumbrando a exigirla, en vez de tanta ley de protección de datos, que siempre protege a los mismos.

      Es posible que Messi sea inocente, pero vamos, si no es él, hay millones como él en el mundo, y se van de rositas. Yo personalmente, dudo que sea inocente.

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    2. A mí lo que me parece increíble es que a los pocos ciudadanos que protestan activamente que, no nos engañemos, son una minoría; se les trate como a perroflautas, antisistemas, terroristas, etc. Para mí eso es el colmo de la desvergüenza.

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