lunes, 10 de junio de 2013

No es país para viejos

No hay lunes malo sino malos despertares. Como éste en que despertamos con la voz de los expertos del comité señalado por el Gobierno para hacer su trabajo. Cuando yo he solicitado un comité de expertos para que este mes me cierre la cuenta de explotación, mi jefe ha señalado la puerta. Se ve que no va conmigo. O que los comités son sólo a los ministros lo que el anillo al dedo, el agua al cuello o el culo al aire. Así que, este lunes, yo, a mis cuentas y todos, a las de Montoro.

Las mías salen mal, pero las de Montoro no salen. España, de nuevo por encima de sus posibilidades, tiene más viejos de los que se puede permitir. La respuesta del comité: castigados sin la pensión de toda la vida. A partir de ahora, cuando un ciudadano llegue a la edad de jubiliación, se le calcularán los ingresos en función de la guerra que le quede por dar. De momento, primará la media, pero llegará el día en que el cálculo se individualice y se presente uno con todos sus achaques (cuantos más, mejor) ante la ventanilla de pensiones, y una señorita, de entre dieciséis y setenta años, estime si son muchos o pocos. A usted le calculo una larga vida de padecimientos, pensión mínima. A usted le quedan dos telediarios, ha tenido suerte, firme aquí y disfrútelos. Hasta que lo único que pueda hacerse mayor en este país sea el sistema bancario, para el que toda pensión es poca.

No hay dinero para subsidios, pero sí para pagarnos un comité de sabios que cobra la conclusión a precio de bálsamo de Fierabrás y unos políticos que cobran por determinar que necesitamos un comité de sabios. A pesar de la paradoja, a mí me parece que, sean cuales sean las condiciones económicas del país, un comité de expertos nunca está de más en un Gobierno, pero empieza a sobrevenirme la vaga impresión de que lo que está de más son los políticos que lo conforman. Porque, para votar a unos políticos que nos representen y que éstos voten comités de expertos para que nos representen, pudiéramos directamente votar nosotros al comité de expertos y todo eso que nos ahorramos para pensiones. Pero no me hagan mucho caso, que también soy de las que piensa que, cuando acudimos a las urnas, esperamos que los sabios y los expertos sean los ministros a los que elegimos y no que éstos se conviertan en meros electores de la sabiduría que se les supone. Que no esperamos pagar duplicidades cuando estamos obligados a perder nuestros derechos porque no nos los podemos pagar. Que esperamos estar eligiendo un Gobierno que nos elija como benificiarios de lo que es nuestro y no que se ocupe exclusivamente en pagar favores políticos. Que esperamos que quienes cobran su sueldo a costa de nuestras pensiones hagan su trabajo con sus propias manos. Y, por lo visto, también esperamos por encima de nuestras posibilidades.

En mi obcecada ignorancia, iba creyendo en las sabias palabras de María Dolores que rezaban que cualquiera puede dedicarse a la política en sus ratos libres. Por eso creía que yo, en mi ministerio, también sería suficientemente imbécil como para saber nombrar a un comité de expertos que hiciera el trabajo que no me siento capacitada para llevar a cabo esta mañana. Pero resulta que, para eso, hay que ser más listo que un ministro. ¿Quién es más idiota que quién? Si todavía vivimos esperando que sea la política la que nos saque de la miseria en la que nos mete; esperando, que es gerundio, nos vamos a hacer viejos. Y éste, según los expertos, no es país para viejos.

3 comentarios:

  1. El Pensionazo. Pero realmente... ¿Hacía falta tocar ahí?

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  2. A ver para cúando un comité de ignorantes compuesto por el complementario del grupo de políticos y expertos, y nos dedicamos a ignorar las elecciones de una puñetera vez.

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  3. Estoy seguro que mi generación no tendrá pensiones... a ver que hacemos.

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