sábado, 1 de junio de 2013

Sin cargo de conciencia

La conciencia está en desuso. Ha caído en el saco de los valores olvidados, como el arpa de Gustavo Adolfo, del salón en el ángulo oscuro. El día a día amanece a la sombra del delito, del desorden, de la barbaridad y de una desvergüenza con cargo a cuenta del ciudadano común y sin cargo de conciencia o de justicia. Bárcenas se lo llevó crudo y todavía tuvo la moral que hay que tener para denunciar a su partido y solicitar la prestación del paro tras su despido improcedente. Urdangarín cobró por lo que no hacía de donde no debía al invisible amparo de una infanta de España que, por demostrar un mínimo de escrúpulos o remordimiento, debiera haberse presentado voluntariamente a declarar y no dar lugar a este vergonzoso juego de imputaciones y desimputaciones. Ana Mato, así lo documenta debida y algo tardíamente el Ministerio de Hacienda, disfrutó de un viaje a Euro Disney y otro a Suiza con cargo a la tarjeta del tío Gürtel y ahora se gasta además la santa pachorra de decir que no se acuerda, en lugar de negarlo o afirmarlo sin más. Siento decirte, Sabina, que ser cobardes les vale la pena.
 
Hace unos siglos, si no a la conciencia, se recurría al honor para evitar los desmanes que hoy no es capaz de evitar ni una legislación bien pensada. Son los que mean más alto quienes cobran y roban al tiempo que reducen pensiones, limitan la sanidad y la educación, engañan al pequeño ahorrador, y lo funden a impuestos expropiándolo de esto y de aquello y sembrando el camino de un ejemplo impagable para cualquiera. Ser chorizo es hoy un título de nobleza. Estar imputado, un signo de distinción. A menudo, acompañado de alguna otra categoría, excepto en el caso de la Mato, que, de momento, es Ministra de Sanidad a secas, por su madera (de alcornoque) y su falta de memoria. Con esta gente, como casi con cualquiera, una ya no sabe si es más jeta que tonta o viceversa.

Si hace una semana que no me dejo leer es porque la he invertido toda en buscar seis mil euros extraviados o sustraídos de una caja sin nombre pero con dueño. Quien los sacó de donde estaban (como Bárcenas o Urdangarín) manifiesta no acordarse (como Ana Mato). La que suscribe parece, desde todos los puntos de vista, la menos sospechosa del robo y, por eso mismo, porque todo el mundo cuenta con que tan a menudo las apariencias engañan, sabe que la sombra de la sospecha le sobrevuela el moño y no le permite dormir en cuatro días. Se buscan seis mil euros y no hay conciencia a la que apelar. La cuestión no se entierra sin culpables, pero nos rendimos al cansancio, a la ausencia de pruebas y a la falta de moralidad. Desde aquella educación basada en la honradez que tanto se esforzaron mis mayores en inculcarme, empiezo a darme cuenta de que la conciencia ha pasado a ser algo así como el apéndice del intestino; sólo sirve para acumular mierda hasta su extirpación.

5 comentarios:

  1. ...de la verdad. Diría yo. ¿Nunca pensaste hacer un libro de poemas en prosa, como hizo Larra?

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    1. ¿Me lo financias...?
      No. Me falta talento. Esto es un "vomitorio" sin pretensiones.

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  2. No hace falta financiación para escribir. El talento puede vertirse sobre el papel o en un archivo informático. Luego querer propagarlo vendiéndolo es otra cosa. Yo lo compraría.

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