miércoles, 3 de julio de 2013

En un banco a la fresca

Esta mañana he visto lo más grande. Cumpliendo con mis quehaceres ordinarios, he entrado en una entidad bancaria en la que había dos señores, que sumarían unos ciento sesenta años a golpe de vista y primaveras, sentados en sendas sillas. Antes de pasar por caja, les he preguntado si esperaban ser atendidos y me han dicho que no. Después de diez minutos esperando mi turno y oyendo cómo se entretenían en comentar la aparición de cada par de piernas que iba entrando con faldas, he caído en la cuenta de que no estaban esperando nada. Simplemente, habían decidido pasar la mañana sentados en un "banco" a la fresca del aire acondicionado. Y en todo su derecho. Se han levantado inspirados esta mañana, y se han dicho el uno al otro: "si esto lo estamos pagando entre todos, estas dos sillas deben de ser las nuestras. Siéntate, Manolo, y pide lo que quieras que yo invito".

Me encanta esta gente cargada de vida hasta la chepa que no tiene nada que hacer más que alumbrar alguna genial idea después del primer café con leche. Asumiendo que el físico no se encuentra en condiciones de manifestarse abiertamente en la calle con el calor que sopla, allá va una pareja de mentes preclaras para expresar su desacuerdo sin levantar la voz ni un tono. Estos cuerpos de la posguerra que han pasado más hambre que un maestro de escuela de ayer o de hoy, llegan cargados de recursos y poca disposición para volver a vivir en la desigualdad. No estamos para pegarle fuego al Congreso, pero nos vamos a sentar donde nos salga de los ochenta cumpleaños. Nos habéis recortado la pensión, el trabajo de nuestros hijos, la educación y la merienda de nuestros nietos; venid y recortadnos ahora las patas de estas sillas que llevan nuestros nombres. Desde hoy, la plantilla de la sucursal que hace esquina en la Plaza Roma cuenta con dos nuevos empleados quedando la cosa como sigue: José Luis, director general; Marina, subdirectora; María José y Pedro, cajeros; Manolo y Eugenio, comentaristas. Y, mañana, una servidora, minifalda de escándalo.

Nota que avala el asentamiento: La Junta de Extremadura ha decidido crear una veintena de comedores escolares para que los niños con padres sin recursos puedan seguir comiendo este verano. A este menester, se van a dedicar 600.000 euros. Para la Banca, que se lo ha comido todo, se han destinado 100.000 millones. ¿Es o no es para acomodar los santos reales a la sombra de sus techos?

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