jueves, 4 de julio de 2013

¿Zarzuela? ¿Me escuchas? Cambio

Efectivamente, el Rey está sordo. Él mismo lo ha reconocido en alguna ocasión pública. Hoy los titulares se explican así o por un problema acústico en Zarzuela, adonde llega la voz con retardo, como en esas conexiones con un enviado especial al otro lado del mundo en que el pobre reportero parece lerdo contestando tarde y mal. Cuatro meses ha tardado la Casa Real en comunicar que la herencia que Don Juan Carlos recibió de su padre hace veinte años en una jugosa cuenta helvética se la gastó en pagar deudas. Efectivamente, España, tenemos un problema de comunicación, y los gastos pudieron ser deudas del Conde o princesas alemanas porque en cuatro meses y veinte años no se ha recuperado ni un solo papel que dé fe de aquello. Para que luego presuman de iguales. Esta princesa que suscribe ha tenido el soberano placer de recepcionar alguna comunicación de inspección de Hacienda o de Trabajo o de Tráfico y, en el mejor de los casos, he contado con un mes para responder y documentar. Que, si la inspección es la de la caldera de gas, el aviso llega el día de antes y, al del mono azul, le importa un rábano si estáis en casa tú y la caldera al mismo tiempo o no.

- Tst, un respeto, que Don Juan Carlos está mayor.
- Eso sí. Bueno y ¿qué hay del impuesto de sucesiones?
- Pues, Su Majestad está convencido de que se pagó, pero tampoco guarda nada. Vamos a ver si Hacienda encuentra algo. (Ring, ring) Buenos días ¿Está Hacienda?
- Sí, aquí es. Un momento, a ver si ha vuelto, que la he visto salir a tomar café hace unos cuarenta minutitos. (...) Disculpe, sí, ya está en su despacho, ¿quién la llama?
- De la Casa del Rey.
- Le paso. Oiga, y que sentimos lo de la niña.
- Nada, hombre, eso ya está aclarado.
(...)
- Hacienda al aparato, dígame.
- Aquí, La Zarzuela. Oye, Hacienda, mira, que es que estamos con el rollo de la herencia de Juan Carlos. Tenemos el salón de los relojes como una leonera; Sofía, loca perdida; y, de lo del impuesto de sucesiones, no sale nada. ¿No tendréis vosotros algún legajo por allí?
- Uy, uy, uy. A ver, dame el DNI de Juan Carlos. 
- El 10.
- La nota, no, el DNI.
- Sí, que el DNI es el 10.
- ¿El 10? Nada, nada, que no estamos nosotros para DNIs de dos cifras. ¿De cuándo es esto?
- Buah, de hace veinte años o así.
- Vamos a hacer una cosa, les decimos que más de veinte años no guardamos nada y, si acaso, que dimita Montoro y ya está.
- Venga, pues así lo dejamos. Hecho. Si lo sé, te llamo antes.
- Cuando quieras. A partir de las doce y no más allá de la una, aquí estamos, al pie del cañón.
- Pues hala, gracias por todo. Mañana sacamos el comunicado y acabamos con esto. Hasta otra.
- Eso, hasta la próxima.

Me juego la letra Ñ del teclado a que no hay lo que tiene que haber para que cualquiera de ustedes se persone en Hacienda, solicite la documentación que necesita para probar que pagó un impuesto de sucesiones, y Hacienda le solucione el entuerto o salga de rositas con un "estoy convencido de que lo pagué, pero no lo puedo demostrar". Sin embargo, a alguien que tiene un 10 hasta en el DNI, ¿quién lo cuestiona?

4 comentarios:

  1. ¡Ja ja ja ja ja! Lo leí anoche y me fui a dormir riendo, y esta mañana me he levantado riendo. ¡Qué diálogo más ilustrativo de la puñetera realidad! ¡Qué pena damos, pero cómo nos reimos! Al menos esta vez no me he cogido los rebotes que suelo cogerme con estas cosas. Muchas gracias, María. ¡Buenísimo también lo de los cuatro meses y veinte años, ja ja ja!

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    1. Nada, hijo, para eso estamos. Y encantada.

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    2. Falta Gila de soldado y con un teléfono rojo... Telefonista del rey XDD

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    3. Hombre, que Gila, el pobre hablaba solo y, a mí, me contestan...

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