miércoles, 14 de agosto de 2013

Con la venia

El mes de agosto es algo así como un proyecto continuo de lo que hay que hacer pero no hacemos. En mi caso, creo que esta actitud nace de una concepción adquirida a lo largo de tantos años escolares. Siento el año mucho más como un ciclo que transcurre de septiembre a junio que de enero a diciembre. Por eso, suelo afrontar estas tardes cómodamente parapetada tras un "chica, lo que no has hecho hasta ahora..." antes que frente al siempre aconsejable "no dejes para mañana", mucho más productivo y desapetecible. Así es como, necesitando hacer una compra y limpieza generales en casa como el agua de beber, que voy a tener que beberme la de fregar, me tumbo irremediablemente en el sofá cada tarde a quemar tubos catódicos mientras me zampo todo lo que se me pone a mano. A tanto llega este letargo de verano, que todas las noches me acuesto a las tantas por la pereza que me provoca levantarme del sofá y desplazarme hasta el dormitorio.

Supongo que todo esto tiene algo que ver en la decisión de algunas empresas, que no de la mía, de cerrar en el mes de agosto. Y me atrevo a concluir, meditándolo a a dos carrillos, que tendría que haber sido tenido en cuenta por el juez Ruz en la instrucción del caso Bárcenas. Parece ser que, para su señoría, como para mi jefe, el descanso estival no figura entre los deberes constitucionales de las personas. No contento con no permitirse a sí mismo vacacionar, el muy pirata, ayer martes y trece y de agosto para más INRI, citaba a Álvarez Cascos y Arenas a declarar a la Audiencia Nacional que ni les constaba ni se acordaban de casi nada de lo que allí se estaba tratando. Y es que, en agosto, no se puede. Aunque habían sido emplazados con tiempo suficiente para hacer acopio de memoria, es de entender, según palabras del propio Arenas, que "en estas fechas, lo vas dejando, lo vas dejando...". La Audiencia, no obstante, se dio por satisfecha, atendiendo al calendario, aunque tarde, con las declaraciones unánimes de ambos dirigentes cuando fueron preguntados por los mecanismos de control de las donaciones adoptados por el partido. "Aquello era un sindiós", manifestaba Cascos repantingado en el banquillo. "Doy fe, que conste", apuntaba Arenas señalando a la taquigrafista con el Montblanc en un momento esporádico de lucidez. Así, los dos ex secretarios dejaban claro, a primera hora, que todo era muy oscuro. Este descontrol fue, además, corroborado por el empleado de caja del PP, Antonio Ortiz, quien reconoció que, cuando un empresario entregaba dinero al partido de forma anónima, la formación no registraba ni siquiera el DNI del donante. "¿Pa qué?", quiso concluir todo lleno de razón. Por otra parte, y con respecto a los apuntes en los papeles de Bárcenas que evidencian la desfachatez de los citados, a pesar de las altas temperaturas, tanto Cascos como Arenas se prestaron a levantar entre los dos, pico y pala, un impresionante monumento a la desmemoria que puede ser visitado en formato impreso o digital desde ayer a última hora.

Continuando con el deber, y según fuentes en las que flotan nenúfares, esta mañana acudía a la Audiencia Nacional Maria Dolores de Cospedal y de La Mancha para protagonizar otro canto al sol. Se espera que la secretaria general responda hoy sobre el presunto cobro de una comisión de 200.000 euros en la misma línea que sus predecesores ayer, es decir, pasando del juez como de comer trigo por lo indigesto que resulta.

Entretanto, el máximo dirigente del partido y el único que ha entendido bien la función del octavo mes, saltaba a la portada del ABC a recrearnos la vista y otros sentidos con las instantáneas más comentadas del verano. El presidente del Gobierno se dejaba fotografiar siguiendo los pasos aeróbicos de su antecesor en el cargo, si bien, nótese, luciendo la tableta algo más derretida que la de Josemari. Las imágenes daban la vuelta al mundo y, bajo el hashtag #lastetasderajoy, la única actividad del presidente en lo que va de año se disparaba a la categoría de trending topic en España. Uno de los temas más cuestionados en los debates acerca de la erótica del poder es si las tetas de Mariano son naturales u operadas. Rajoy, que ha declinado hacer declaraciones al respecto, asegura que, para mantenerse en forma, piensa correr diez kilómetros diarios. Al margen de que debiera considerar que lo suyo no es cuestión de mantenimiento, cabe preguntarse: ¿cuánto tiempo puede llevarle abandonar el país a este ritmo? Podría ser, para regocijo de la nación entera, que Mariano, junto a los cuatro millones de parados y la ruina caracolera, haya heredado las ganas de salir por piernas. Al hilo de esta teoría, sería factible suponer que lo que se realza en estas fotografías no sean las tetas de Rajoy sino los mismísimos cataplines presidenciales que, de camino a la corbata, se le hayan detenido a media asta. Yo, por si las moscas, le voy haciendo sitio al champán en la fresquera. Con la venia.

1 comentario:

  1. Bueno, si su carrera política fracasa, siempre puede reconvertirse en icono gay XDD

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