viernes, 30 de agosto de 2013

De cara al escaparate

Trabajar dentro de un local con escaparate significa no perderse la vida mientras se produce. A lo largo de mis dos primeros años en esta empresa, nos mudamos de local hasta tres veces buscando siempre un cristal a la calle. Desde hace cuatro, ocupamos uno enfrente de la oficina del INAEM. Al principio, fue inevitable bromear con el hecho de que el siguiente local al que nos trasladaríamos sería el de enfrente. Poco después, la gracia dejó de tener gracia. 
 
La oficina de enfrente abre a las nueve de la mañana. Hubo una época en la que no necesitaba consultar las estadísticas del paro. Yo entraba a trabajar a las siete de la mañana y la fila para coger turno en la otra acera a esas horas contaba ya con diez personas. Entre las siete y las nueve, la hilera se iba alargando hasta el punto de perderse en la calle más allá de donde podía controlar desde mi mesa. Con el paso de los meses, la cadena de espera fue disminuyendo, no porque el número de  desocupados lo hiciera, sino porque ya estaban casi todos inscritos y porque inventaron el sistema de cita previa fingiendo que organizaban el caos. Sin embargo, lo dramático de la situación seguía llegando a nuestra oficina con la prensa que vendía la papelería de al lado del INAEM.
 
Hace unos días, la papelería se trasladó al establecimiento que hace esquina con la avenida Goya dejando un mes de alquiler pagado en su anterior espacio. Javier, el hijo de la dueña del negocio, decidió terminar de amortizar la renta. Licenciado en Económicas, parado y harto de ser uno más entre seis millones, se atrevió a exponer su currículum tras el cristal y a demostrar que, hoy más que nunca, buscar un trabajo es un trabajo. Desde el martes a primera hora, acude a su "oficina" en la calle Santander a poner en marcha una nueva forma de buscar. Una que le dé resultados.
 
Ha equipado su despacho con lo básico: una mesa, una silla, un ordenador, una pantalla de cara al escaparate en la que promociona su currículo y una estupenda página web que acumula miles de visitas al día: http://todosconfj.wordpress.com
 
Esta mañana hubiera querido entrar a felicitarlo por su iniciativa, por la lección que supone, por el coraje, por las ganas, por poner bien a la vista lo que algunos se niegan a ver..., pero sé que le avergüenza que lo miremos. También sé que no lo haría si supiera lo que pensamos..., pero no entro. Me abstraigo en lo paradójico que resulta tener un escaparate de búsqueda de empleo a dos metros de una oficina de oferta de empleo, y me pregunto si algún funcionario del INAEM se habrá enterado de lo que pasa aquí afuera. Miro a Javier de reojo, creo que se da cuenta, miro la oficina de empleo, bajo la mirada y cruzo a la acera de enfrente. Quizá el lunes.
 

2 comentarios:

  1. Por lo menos tú miras y analizas la situación. Deberías fijarte no en los parados sino en la gente con trabajo que pasa por delante de la oficina del INAEM. Fíjate como aceleran el paso y bajan la cabeza. Mejor no ver, mejor no pensar.

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  2. Gracias por hacerte eco de mi situación, ¿trabajas en el negocio de escaleras? Allí estoy para recibiros a todos, así que para mi sería un placer que pasaras e intercambiar impresiones. Tiene que ser duro tener enfrente las colas que se forman y formaban. Yo las he visto muchas veces también y al fin y al cabo son historias difíciles en las que nos podemos ver todos. Yo tengo que renovarlo el día 3 por ejemplo.

    Un saludo

    Francisco J. Cebollero Parrilla

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