viernes, 9 de agosto de 2013

Noticias frescas


Los directores de los periódicos, para justificar la ausencia de periodistas en las redacciones sin mencionarla, afirman que, en verano, hay que ofrecer noticias frescas, entendiendo por noticias frescas informaciones banales, sin demasiado contenido, entretenidas. Un poco lo que trata de hacer el Gobierno todo el año: mantenernos en la pobreza intelectual para que no nos dé por pensar y la liemos. Sin embargo, tanto a unos como a otros, de vez en cuando, se les cuela de rondón una primicia que nos levanta las orejas.

Está una de terrazas, que es lo que procede a falta de chiringuito, leyendo las viñetas del mes de agosto y otros consejos solares que también proceden, cuando, en medio de la Plaza España, sin aviso previo, avista un balón de playa aproximándose con la fuerza de un proyectil de guerra. ¿Y esto aquí qué pinta si en agosto nunca pasa nada? Como hace un calor de mil batallas, todo se trata con otro temple, incluso esto. Pero la impresión ahí queda.

El FMI, a medio bostezo estival, sugiere, por aburrimiento, cabe suponer, que se podrían practicar bajadas salariales. Europa, siempre dispuesta a satisfacer a los estamentos superiores, recoge el paquete sin envolver y nos lo endosa con la misma eficiencia. Y aquí Mariano, fumándose un puro en mitad del hórreo, se sienta listo para recepcionar la idea y almacenarla alejada de la humedad y los roedores, no se nos vaya a malograr. Mientras dibuja aros de humo en el viciado aire del almacén, se recrea en la satisfacción que le produce esta suerte de juego en equipo y en lo que suponen los avances de la humanidad para la humanidad misma. Se rasca un poco la barba porque le pica y reflexiona acerca de todas estas cuestiones: "Hace unos años, se planteaba una congelación salarial y el país entero saltaba a la calle en huelga indefinida; hoy, el populacho sueña con que se le inmovilice el salario. Lo que hemos conseguido..." Se le cruzan un poco los ojos persiguiendo los caprichos de su última bocanada y olvida sus propias ensoñaciones. Media hora después, con la pausa inherente a los cuarenta grados pertenecientes o relativos al hórreo, es decir, horrorosos, Mariano baja la vista al vaso de ginebra de Flandes y describe unos círculos irregulares que hacen sonar los hielos contra el cristal despertándolo. Retoma el hilo y piensa: "Estos europeos son unos auténticos genios, mire usted. Si es que la culpa de todos los males es de los mileuristas, y nos han tenido que tocar todos a nosotros. Pero ya lo tenemos: atajaremos la miseria acabando con los miserables. Con un 10% de recorte en setenta y cinco mil de estos sueldos, que abarrotan las empresas, se paga la indemnización de un Baldomero Falcones como debe ser. Efectivamente, el quiz de todas las cuestiones está en los sueldos pequeños. Hay que construir el montón grano a grano, mire usted. En este país, no conocemos el sacrificio..." Desplaza la mirada del vaso al frente y la pasea con detenimiento por las cuatro paredes del granero. "¡Qué oportuna coincidencia de tiempo y espacio!", sentencia al tiempo que pierde el equilibrio en la silla cuando eleva la vista al techo y abandona el vaso a su suerte poniéndose como un cristo el peto vaquero. Seguidamente, decide apagar el puro en el suelo y se levanta, sin apremio, ayudándose a sí mismo con las manos en los riñones y deteniéndose un instante junto a la silla con los brazos ya en jarras. Hace demasiado verano para tan poca frescura. Sin embargo, en un exceso, todavía dicta: "Nadie sabe lo que es dirigir un país y el que lo supo no se acuerda." Cree que ha dado con el título de su autobiografía..., pero no hay tiempo para eso ahora.

Mariano se agacha un poco para abandonar el silo porque, aunque los techos son altos, la costumbre de ir encajando collejas así se lo indica en cualquier circunstancia. Estirándose de la sisa, que se le pega a las piernas por los restos de aguardiente, y con unos andares que lo hacen sentirse un poco John Wayne, se encamina al pazo a emplear su mente en asuntos más domésticos. A través de los visillos de la cocina, cree ver a la mujer de la que se enamoró un día y sabe que algo se está cociendo. Pero el chef no puede entretenerse pelando patatas. Los mileuristas lo esperan a la vuelta de unos días y queda tanto por hacer... Señalar un comité de expertos que determine si un diez por ciento de recorte no será poco, decidir quién es el pardillo que se comerá el marrón de comunicarlo, buscar un lugar donde esconderse hasta que se calmen las aguas, capear las consiguientes huelgas generales, elegir la corbata para el día del plasma por si la cosa se pone fea, enfriar el champán para el día siguiente... En fin.

Con todo ese peso sobre los tirantes, Mariano alcanza el edificio principal, se tropieza con el felpudo, abre la puerta y, antes de cerrarla tras de sí, se despega el felpudo de las botas, lo vuelve a dejar en la entrada, mira al horizonte con decisión y concluye: "Europa, prepara la cuenta que allá vamos".

1 comentario:

  1. Es curioso y no dejo de sorprenderme como poco a poco nos la van colando, nos la van colando... Y la gente va reduciendo su calidad de vida cada vez más, emigrando, aceptando trabajos cada vez más cutres y peor pagados y... ¡AÚN DAR GRACIAS POR TRABAJAR!! La verdad es que tenemos una capacidad de aguante impresionante. Años de entontecimiento masivo han dado sus frutos.

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