lunes, 5 de agosto de 2013

Para chulo, chulo, mi Mariano

En Ceuta, un sargento del ejército de tierra ha sido condenado por tocarle el culo a una superior mientras en la península nadie es castigado por tocarnos los cataplines a todos lo españoles. Yo no entiendo mucho de casi nada, pero me doy cuenta a diario de que éste es el único rincón del mundo en el que se puede salir airoso y aireado de cualquier entuerto rebajando un poco el umbral del ridículo, que también hay que valer. En el caso "la opinión pública y Rubalcaba contra Mariano", la cosa ha quedado empate o, al menos, en punto muerto. Todo español esperaba que el presidente del Gobierno hiciera una declaración pública llamando a las cosas por su nombre y declarar ha declarado, luego, aquí, ya vale. Rajoy afirmó que se había equivocado al confiar durante veinte años en el delincuente que se ocupaba de la contabilidad de su partido como podía haber confesado que era tonto del culo. Para dirigir este país, suficiente.

Las palabras de Mariano han distraído el foco de la atención diluyendo la noticia más relevante de los últimos tiempos. Efectivamente, el caso Bárcenas ha ido menguando en los periódicos y yo me pregunto ¿es que algo se ha resuelto?, ¿que el dirigente del país reconozca un error (de tantos) sirve para dar carpetazo a un asunto de este calibre? En cualquier otro país, reconocer un error como éste habría ido de la mano de una carta de dimisión porque ¿qué puede esperar un ciudadano cualquiera de un presidente que no ha sabido poner orden en las finanzas de su propio partido? Desde luego, que solucione las finanzas del país, no. Sin embargo, a los españoles, nos basta con una palabra en la que creer. Nos basta que el presidente del Gobierno justifique, aunque sea mal, que las cosas están como deben. Y, si es menester, que lo es, nos dejamos seducir con un truco de márketing barato. El Gobierno de España, como Oraldine, sabe a rayos, pero puede reconocer su falta porque, incluso apestando, es el mejor producto del mercado. Hoy parece evidente que, si no hay contrarréplica por parte de Bárcenas, la última palabra, la de Rajoy, será la que sentencie. Y también nos viene bien. En este país, todo nos viene bien.

Todo parece confabularse para que nunca trascienda nada, para que nada nos robe el sueño, para creer en lo increíble, para olvidar lo inolvidable. Con Mariano Rajoy, ha pasado como con la infanta Cristina o como con casi cualquier español con una cierta proyección pública o institucional. La infanta fue sospechosa, imputada, desimputada, ahora se larga a Ginebra y aquí no ha pasado nada. Mariano fue sospechoso, acusado, escuchado, ahora, de vacaciones al hórreo y, en septiembre, vuelta al cole. Una vergüenza para el país, ¿y qué? Los españoles somos tan chulos como para tener un presidente del Gobierno que da auténtica pena y aplaudirlo. Pues hala.

1 comentario:

  1. Lo del otro día fué vergonzoso y nauseabundo...

    http://elartilleroilustrado.blogspot.com.es/2013/08/rajoy-minuto-minuto.html

    Aún tengo arcadas al recordarlo.

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