martes, 20 de agosto de 2013

Tenemos que hablar de Gibraltar

Cualquier español con un trozo de bandera en el alma atesora entre los primeros puestos de su lista de deseos la reconquista de Gibraltar. Yo misma, cada lunes a primera hora, me pregunto antes de caerme de la cama ¿por qué no me tocará la lotería o recuperaremos el peñón? Pero claro, para que a una le toque la lotería, tiene que molestarse en comprar una participación, del mismo modo que, para hacerse con el peñón, hay que levantarse con ánimo de invadir, preparar los buques de guerra, la artillería naval y todo el belén. En fin, que, un día por otro, lo vas dejando y, de repente, se te han pasado trescientos años. Al final, se aprende a vivir igual, con esa espinita clavada, pero se va tirando.

Hasta que llega el día en que los gibraltareños, suponiendo que más ancha es Castilla, extienden su territorio hasta donde no les toca según el tratado de Utrecht. Posteriormente, se agencian la lengua de tierra para construirse un aeropuerto. Y ahora nos llenan las aguas españolas de cubos de hormigón tratando de ahuyentar a los pesqueros o de ampliar el chiringuito. Que esto es como el vecino que un día decide limitar su espacio y planta el seto un metro más allá de donde terminan sus pertenencias dejándote sin jardín. Como aquí nadie habla inglés y allí no hablan cristiano, ni los anglosajones ni los macacos se enteran de que lo que tienen en contrato es el pedrolo pero que, en cuanto se remojan los pies, llegan con menos papeles que un conejo de monte. Como será de serio el asunto que el propio Mariano Rajoy ha tenido que interrumpir sus vacaciones para chivarse a la Comisión Europea, mire usted. Por su parte, el "General" Margallo ha insistido en que, mientras no recojan sus pedruscos del agua y tiren con ellos pal´ monte, él no les habla más y se ha cruzado de brazos.

Bruselas, por eso de atender por una vez al español ése de la barba al que nadie hace ni caso, se ha comprometido a estudiar con detenimiento el lanzamiento de bloques de hormigón al mar. Y yo me pregunto qué es lo que hay que analizar con tanta minuciosidad, tanta diplomacia, tanto ajuste de calendario y tanto vamos a ver. A mí, me parecen sencillamente ganas de marear la perdiz. Mariano, sin embargo, se queda mucho más tranquilo y vuelve a sus andadas gallegas a ver si consigue ponerse en forma de presidente. Es de suponer que suspender las vacaciones más allá de doce minutos para alimentar un conflicto referido a un trozo de cal en el que no cabe un pazo, que dura ya tanto rato y con la que tenemos encima, no es menester y menos con prisas. Tiempo tendrá de quitarse el chándal.

Con todo y sin chándal, siempre habrá para quien ponerse una corbata sólo ayude a terminar de perder el riego y para quien la corbata vaya invariablemente anudada al gusto por complicar las cosas cuando hay cuestiones que no van de sacar agua de las piedras sino las piedras del agua. Para los que no entendemos ni qué utilidad tiene una corbata y vivimos debatiéndonos entre ganar la lotería y recuperar el peñón, un asunto de este calado, habida cuenta de que cargamos con trescientos años de bendita paciencia, no es ya ni para dialogar, que, total, no nos entendemos, ni para estudiar nada. Por nuestra parte, se les puede enviar una mierda por whatsapp y, seguidamente, aplastar el peñón con los buques de la Armada. Con los bloques de hormigón, levantamos el refugio de pescadores de Algeciras, y volvemos a los papeles de Bárcenas que se nos han quedado in medias res.

2 comentarios:

  1. Yo ya he analizado y dado mi opinión sobre el tema, hasta le dediqué dos entradas XDD
    http://elartilleroilustrado.blogspot.com.es/2013/08/gibraltar-vida-milagros-y-paradojas-i.html

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  2. Lo que ocurre es que Cameron y Rajoy se han dado una vueltecita esta primavera por la tienda de cortinas de humo (por cierto, que en Ikea están tardando en poner la sección), y el primero le ha regalado una muy larga al segundo. Hoy por ti, mañana por mí.

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