lunes, 16 de septiembre de 2013

Cadena de despropósitos

Mientras un puñado de políticos se gastaba entre nueve y once mil millones de euros en una relajante taza de café con leche y tres candidaturas a unos Juegos Olímpicos improbables, otro puñado de políticos aprobaba en petit comité el anteproyecto de una nueva reducción de las pensiones antes calificadas como intocables.
 
Mientras los beneficiarios de esas pensiones perdían a pecho descubierto un derecho garantizado durante toda una vida por toda una vida de cotización, un millón y medio de catalanes (catalán arriba, catalán abajo) se proyectaban en fila de a uno reclamando una independencia que no parecen estar midiendo bien.
 
Mientras ese millón y medio dibujaba una frontera imaginaria arengado por un presidente que circula a 140km/h por una vía limitada a 50, el talento de Rosa Díez eclipsaba al de Toni Cantó al afirmar que "hay gente que quiere la independencia de Cataluña como hay gente que quiere la pena de muerte". (Ésta también dando ideas).
 
Mientras la jefa del partido más rosa, Rosa, equiparaba la independencia con la silla eléctrica, Bruselas sentenciaba, sin tembleque manual ninguno, que Cataluña saldrá de la Unión Europea tan pronto como deje de pertenecer al país al que pertenece, le guste más o menos y le importe más o menos que un pimiento de la huerta ilerdense.
 
Mientras Bruselas le cortaba las alas al independentismo del presidente catalán, Artur Mas esperaba junto a la ventana la carta de amor y guerra de Mariano Rajoy, que venía a recoger un "no" tan grande como el ego del receptor.
 
Mientras Mariano perdía la baba de gusto escribiendo misivas, haciendo las Américas y pasando olímpicamente de todo, el país que se suponía bajo su mandato seguía revolcándose en el fango como un puerco en una ciénaga.
 
Mientras España se sigue hundiendo en el fango sin que nadie se ocupe de remediarlo, cuarenta y siete millones de almas siguen con la mirada este juego político de unos y otros como quien sigue la azarosa trayectoria de una pelota vasca porque no tiene nada mejor que hacer.
 
Mientras cuarenta y siete millones de españoles sigan sin hacer nada, un puñado de políticos se seguirá gastando entre nueve y once mil millones de euros en una taza de café con leche e innumerables candidaturas a unos juegos fantasma.

1 comentario:

  1. María, ¿a ti, qué se te ocurre hacer? Porque dado el nivel de blindaje que los políticos han tejido para sus amos y para sí mismos durante muchísimas décadas, y dado el nivel de acumulación de capitales existente hoy día, con el que es sencillísimo y baratísimo tapar directa o indirectamente las bocas de los que tendrían que manejar la legalidad para desbaratar ese blindaje, veo complicado el desmantelamiento a corto plazo de todo ese entramado. Y máxime cuando una de las armas que han utilizado ha sido la creación de forofismos por todo y para todo en esta sociedad, de forma que nosotros mismos nos reducimos unos a otros antes de dirigir nuestras miradas hacia ellos.

    Soluciones de choque habría, pero serían como la quimioterapia, que daña tanto tejidos afectados como no afectados, sin garantía total de éxito, y con múltiples efectos secundarios. Y para ello, además, tendríamos que ponernos todos de acuerdo, cosa que es más que improbable.

    Mi teoría va por la vía del consumo, ya que es el único arma de que disponemos sin que pueda desactivarla el enemigo, salvo por la vía del lavado de cerebro, que es lo que han hecho hasta ahora. La cuestión es, primero, detectar al enemigo, y acto seguido desconectar sus vías, que se agrupan en dos: medios de comunicación de masas y falso sistema democrático. Esto es muy resumido, por no dar más la paliza, y además, inviable a corto plazo, porque las consecuencias las pagaríamos nosotros mismos antes que el enemigo, pero es imprescindible comenzar este camino a largo plazo y organizadamente. Eso sí, requeriría también un común acuerdo. Lo que no sé es si estaríamos a tiempo, pero el no intentarlo siquiera nos condena al caos con toda seguridad.

    Perdona la extensión, pero soy incapaz de resumirlo más.

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