lunes, 23 de septiembre de 2013

Don Juan Carlos y doña Merkel

Ya no hay fin de semana en que nos salvemos del exceso. Ayer, Ángela Merkel se nos volvió a subir a la cabeza de Europa como un gintonic de garrafón y es en España donde su Majestad se nos cae a trozos a consecuencia de la borrachera. Sin embargo, misterios del alma humana, los alemanes celebraban la victoria de su canciller con la misma alegría que cabe en un velatorio mientras los españoles nos consolamos de nuestros males con un aire de fiesta que ni soñar puede el Bundestag. Porque los españoles tenemos la capacidad de celebrar desgracias como los alemanes no saben festejar victorias. Si pillamos aquí la Oktoberfest de ayer en Alemania, no hay Cibeles para tanta cerveza. En España, hoy por hoy, el que no se consuela es porque no se lo puede permitir y, a veces, hasta nos consolamos por encima de nuestras posibilidades.

Andábamos los españoles contando las piezas de las que se compone nuestro Rey, cuando la Merkel se hizo de nuevo con el trono de Europa para no tardar en comunicarnos que debemos seguir recortando, y no hablaba de don Juan Carlos, que, el pobre, bastante tiene. Camina el hombre a duras penas y todavía hay quien se entretiene en toquitearle la corona a ver si se le cae. Pues, tampoco me parece. Bien está poner en común las inquietudes del país. Porque decir que todos los españoles se tienen que sentir identificados con don Juan Carlos es tanto como decir que todos los catalanes son como Artur Mas o que todos los demás somos como Mariano I de España y V de Alemania, quien, por cierto, está encantado de haber mantenido ambas titulaciones con la reelección de la Merkel. Pero tampoco está tan lejos la imagen que algunos españoles tienen de nuestro Rey de la que algunos alemanes tienen de los españoles.
 
Todos somos conscientes de que don Juan Carlos vale ya más por piezas que en conjunto. Tengo una buena amiga, que trabaja en un desguace, que este fin de semana se ha empleado a fondo en hacer la tasación y pasármela por whatsapp, y me temo que las noticias no son muy halagüeñas. Si las matemáticas siguen siendo exactas, porque, con tanta reforma, una ya no sabe, lo cierto es que Su Majestad no tapa el roto que nos ha hecho en Seguridad Social ni entero ni a trozos. Y, háganse cuenta de que, por operaciones como éstas, es por lo que los españoles tenemos que pagarnos ahora el diez por ciento de los tratamientos de largo recorrido, para pagarle a la Corona el cien por cien de los suyos. Aunque no es menos cierto que, si no fuera por los achaques del Monarca, algunos cirujanos no tendrían por dónde meterse el bisturí. Así que, vaya lo uno por lo otro.

Populismos aparte y como venía diciendo, la visión que algunos tienen sobre el despiece de don Juan Carlos es la que los alemanes vierten sobre la economía de España. Y, no sé si nos valdría de más o de menos, pero podríamos empezar a calcular un poco cada uno que, por mucho que Mariano ponga a todo el país en pompa y lo siga recortando y parcheando al gusto germano, nunca conseguirá tapar el agujero que con tanto mangante se ha preparado en las arcas del erario público. Pero, vamos, que tampoco corre prisa porque, para que siga reinando la Merkel, no nos hace falta ni Rey, ni patria, ni bandera, ni calculadora.
 

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