domingo, 8 de septiembre de 2013

Juego de matices, juegos olímpicos

Existen ciertos matices entre la imagen que creemos dar y la que damos realmente. Cuando mi amiga Puri aprieta sus noventa kilos en una funda de lycra inmisericorde con ánimo de arreglarse para salir a cenar, ella cree que burla exitosamente la insoportable gravedad del ser, mientras los demás vemos una burla de insoportable gravedad al ser. Es una cuestión de puntos de vista, variaciones sobre lo mismo o matices. Mi amiga Puri no está gorda en el espejo, su volumen sólo se aprecia en el espacio real por caprichos aéreos y de algunos cuerpos que tienden a proyectarse en tres o cuatro dimensiones. Como la Puri sólo puede verse en formato plano e ignorar esa dimensión que siempre le será desconocida, hay que perdonárselo todo en cuestión de imagen.
Mi amiga Puri tampoco es muy inteligente, aunque ella cree que sí. Si el cerebro humano fuera tan simple que pudiésemos comprenderlo, entonces seríamos tan tontos que tampoco lo entenderíamos. Esta verdad aparece subtitulada bajo el jepeto de mi amiga Puri cada vez que intenta desarrollar una idea. La evolución del pensamiento de mi amiga Puri es como la de este país según el Gobierno. España, desde que descansa en manos de Mariano, es el único cuerpo en la historia universal que crece en negativo o, lo que es lo mismo, que sube para abajo. Sólo por esta cualidad extraordinaria deberían habernos concedido el honor de albergar los juegos olímpicos de 2020, pero no todo el mundo ha sido capaz de verlo como una virtud. Y aquí quería yo llegar desde el impagable ejemplo de mi amiga Puri, a la que vamos a dejar a un lado porque, como les digo, hay que perdonárselo casi todo.
El problema de España también es una cuestión de matices entre la imagen que creemos tener y la que proyectamos. Madrid era la capital con más posibilidades y más méritos para convertirse en sede olímpica y, sin embargo, hay quien sólo ha visto una ciudad quebrada, endeudada hasta la peineta por incontables generaciones y alfombrada de podredumbre de la Puerta del Sol al pinar de Chamartín. Más aún si tenemos en cuenta que Madrid ha sido, en este caso, la parte que representaba al todo y, a ese todo, no hay por dónde entrarle. En cualquier examen tipo test con tres respuestas: A, B y C, como todo el mundo sabe, una de ellas es completamente absurda. Pues bien, anoche, España era la respuesta más tonta de las tres. Rajoy que, aunque rima con COI, no pegaba allí ni con mocos, acudió a contarles un cuento de buenas noches para amenizar la velada, que hablaba de una España próspera, sólida y fiable, líder en crecimiento de exportación dentro de la zona euro, y que un buen día llamaba a la puerta del Comité Olímpico Internacional para asociarse con él. Lo triste de esta historia es que Mariano se la estaba creyendo mientras los demás pensaban que se había tragado a Luther King y se había quedado en modo "I have a dream". Los miembros del COI aplaudieron abiertamente el ingenio y la imaginación de la que goza nuestro presidente y, a continuación, comenzaron con la votación ya en serio. España no era una opción. España volvía a ser el gordito de la clase que se sienta solo. Los miembros del COI, el mundo, Europa y Cataluña sabrán lo que recogen sus retinas al mirarnos para que España sea siempre ese compañero chiflado con el que nadie quiere patrullar.
España es el país que se muere de hambre por las esquinas y tira la casa por la ventana en un carísimo y escandaloso despliegue para desplazar a un centenar de ilusos hasta Argentina. Y Mariano Rajoy es el hombre que esperaba poder justificar todos sus errores a cuenta de un triunfo que no hubiera sido del país, sino de su Gobierno. Esta forma de mirar, este juego de matices, este no saber lo que somos ni lo que no somos es uno de nuestros más grandes problemas. No vemos en nosotros lo que los demás ven y a menudo vemos cosas que no están. Los distintos puntos de vista sobre la imagen de este país van del rosa palo en que nuestros gobernantes, nuestra cara y nuestra cruz, creen ver lo que somos, al fundido en negro que proyectamos más allá de nuestras fronteras y que, a veces, los españoles intuimos sin aceptar del todo. Visto con objetividad y, si nos olvidáramos de Estambul porque, en honor a la verdad, a quién le importaba Estambul anoche, en Buenos Aires, había que elegir entre la capital de la radioactividad y la capital de la corrupción, la austeridad y la miseria. Estaba claro.

4 comentarios:

  1. A mí la verdad lo que me parece CRIMINAL es que hayan frustrado tantas ilusiones de mucha gente. Un año, y otro, y otro... En vez de plantearse que salió mal, no ahondamos en lo miiiissmoooo.

    Lo más patético de la velada fué el discurso de Mariano resaltando preciiiisamente aquello que deberíamos de disimular. NO es que se pusiese una fajas para disimular las lorzas, sino que directamente las sacó al aire diciendo lo bonitas y relucientes que son.

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  2. A mi me parece que hicimos el ridículo y fue bochornoso.
    Con la crisis que hay y no paran de despilfarrar el dinero público.
    Además ¿qué hacía allí Florentino Pérez? Pues preparando el próximo pelotazo que se lo habría asegurado de ser elegida Madrid.

    Os dejo mi visión del tema de forma gráfica: http://marbcn2510.blogspot.com.es/

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  3. Aquí en este país hace falta un cambio radical, en todo... Lo que creo fue más preocupante que se lo tenían creído, iban todos de sobrados, que iban a ganar de calle... y no se quieren dar cuenta aún de que han hecho un ridículo mayúsculo. Somos el hazmerreír del mundo entero.

    Tienen que cambiar, empezando por la autocrítica de los gobernantes, empezando por la expedición española. ¿qué hacía Florentino? pues ya habéis visto, todavía están todos ahí preguntándose ¿por qué, por qué, por qué? en vez de cuestionarse que tal vez lo hicieron mal, que no estuvieron a la altura.

    Tienen que cambiar, la manera de construir el país. No se trata de saber o no inglés, se trata de que no supieron hacerlo cuando tocaba... y sabían que les iba a tocar¡¡¡ y no quisieron tomarse la molestia.

    Bravo por el príncipe, pues hizo un discurso divino. Pero sólo fue eso, protocolo, carente totalmente de espíritu olímpico y deportivo. Exactamente, como tampoco lo tenía ninguno de los allí presentes, que sólo iban a hacer el numerito y ver si caía la breva y así conservar su silla y seguir embolsándose dinero.

    Bravo también, y mis mayores respetos, para Pau Gasol, él sí que estuvo a la altura, pues es un deportista de élite mundial, que cumplió a la perfección con el protocolo y puso el espíritu deportivo que faltaba allí. Qué ironía, tenía que ser un catalán de Barcelona.

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  4. La España de charanga y pandereta es esta de las Olimpiadas, mientras el pueblo sufre por culpa de los de siempre. Os dejo un enlace interesante:http://sietesoles.uni.me/sobre-olimpiadas-y-otras-hierbas/

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