miércoles, 18 de septiembre de 2013

Más pobres

Mi padre, que debería ser ministro de "a mí no me la dais", lleva dos años anunciando que esto va de convertirnos en ciudadanos más pobres. Más pobres con la reforma laboral, más pobres con la subida de impuestos, más pobres con la congelación de las pensiones, más pobres con los robos a mano armada o a manos llenas, más pobres intelectualmente con la reforma educativa. Más pobres. A mí, convertirme en alguien más pobre me parece lo mismo que levantarme a las seis; no me viene bien, pero parece inevitable. Sin embargo, y estará de acuerdo el lector medio, convertirme en alguien más pobre para que otros se conviertan en "alguienes" más ricos es algo para lo que no me suena ni me sonará el despertador.

Un informe reciente de Intermon concluye que, de seguir por esta senda de austeridad, en 2025 (cinco años después de celebrarse las Olimpiadas madrileñas en Tokio), el 42% de los españoles serán pobres y, lo que es más grave, el 20% más rico de la población ingresará 18 veces más que el 20% más pobre, lo que se traduce en una somanta de palos entre unos y otros por una barra de pan. Tiren de hemeroteca. Porque, al ser humano en general y al español en particular, no le molesta tanto ser pobre o levantarse a las seis como que otro sea rico o se levante a las once. Y esto es tan cierto como que un café con leche no le relaja a nadie.

Tampoco nadie sabe exactamente cuál es el porcentaje que mide ahora mismo esa brecha de desigualdad entre ricos y pobres. He tratado de encontrar el dato entre las líneas de varios estudios a propósito de este particular y lo único que me ha quedado claro es que uno de cada tres españoles es una tercera parte. En cualquier caso, no hace falta ser estadístico para darse cuenta de que la distancia entre mi patrimonio y el de un banquero, tesorero de Gobierno, ministro, secretario o presidente ha de medirse en años luz, aunque yo trabaje todos los días de lunes a viernes, ambos inclusive, desde hace doce años. No sé ustedes pero yo hace unos días que me vengo oliendo que alguien me está tomando el pelo. Por ejemplo, la Comisión Nacional de la Competencia ya ha calculado que el rescate a la banca, sólo en el año 2011, le ha costado a cada español 1.781 euros. Bien, pues a mí que me saquen el contrato en el que he autorizado a que me cobren esta cantidad para dársela a los bancos porque, que yo recuerde, no he firmado nada, amén de que se me ocurren otras mil maneras de malgastar esos 1.781 euros que eran míos. Y lo mismo me pasa con el sueldo de Ana Botella y otros despilfarros que no me han dado opción de elegir y en los que no me voy a detener en este momento porque se me enfría la nómina.

Yo sé que eso de ir pegando tiros por ahí no está muy bien visto y, por eso y por no ir sola, pensaba esta mañana, entre las seis y la pobreza más denigrante, si, en vista de que esto va de abocarnos a una guerra civil irremediable, no podríamos los ciudadanos adelantarnos a lo inevitable y responder a este golpe del destino con un golpe en la mesa o un golpe de timón o un golpe de Estado de una buena vez.

Si les parece, lo vamos hablando.

2 comentarios:

  1. Dos cositas:
    - Al año 2025 ni de coña llegamos (o llegan los que lo hagan) sin que pase algo gordo antes. Por muchos parches que quieran seguir poniendo, se les escapa de las manos.
    - Dices que dice Intermón que para ese año “el 20% más rico de la población ingresará un 18% más que el 20% más pobre”. No sé yo, o estoy mucho más gagá de lo que me imaginaba, o aquí hay algún baile de cifras. Ojalá fuera así, ¿dónde hay que firmar?

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    1. Yo soy la que está gagá y patina más que Rajoy tras sus propias babas.
      Tú ¡estás en todo!

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