viernes, 20 de septiembre de 2013

Matar o morir

Tengo que decir que la labor de nuestros políticos es como para matarse con ellos si se mueren. Hoy me he enterado de que sale mejor cargarse imprudentemente a la ministra de sanidad que tener una página de descargas en internet. Y, oigan, que casi me he llevado una alegría. Resulta que es mucho más delictivo robar una idea que robar una vida. Vamos que, si a uno le pillan pirateando en la red, mata sin querer al que le ha pillado y la jugada le sale redonda. Con suerte y la pena mínima por homicidio involuntario, ni pisa la cárcel y, si la pisa, se baila un zapateado y se queda con toda la peña contando lo suyo. "Yo, en realidad, era un pirata de tomo y lomo, pero tuve que encubrirlo con un asesinato porque me salía más barato".
 
Por otro lado, la susodicha ministra de sanidad, Ana Mato (poco a poco), ha tenido la brillante idea de incluir, entre las nuevas medidas de recorte, el copago de las medicinas dispensadas en los hospitales a los enfermos de larga duración no ingresados. Esto es: a los enfermos de cáncer, de VIH, hepatitis C, etc. Lo cual, en el fondo, se puede entender como un recorte añadido al pago de futuras pensiones de aquellos que deciden enfermar para mucho rato. El que no pueda pagarse tener un cáncer que no lo tenga. Y esto lo dice la mujer que, no pudiendo permitirse un jaguar, lo tuvo sin enterarse, es decir, que le sobrevino un jaguar como le hubiera podido sobrevenir un cáncer. Yo creo que, con la misma ligereza con la que se le prohíbe a un ciudadano de clase media-baja que sufra enfermedades que le van a costar un dinero que no tiene, se debería prohibir a ministros con un coeficiente intelectual que no tienen decidir sobre leyes y cosas. Pero me empieza a dar la impresión, seguramente equivocada, de que cuentan con que, ahora ya, todo vale hasta las próximas elecciones.
 
Al margen de que el ensañamiento de este Gobierno con los más débiles no tiene límite, a mí, que otra vez he tenido que ponerme a hacer cuentas, se me plantea una duda seria, a saber: poniendo en la balanza del ahorro ambas cuestiones, empieza a parecer difícil decantarse entre matar o morir, siendo éstas las dos alternativas más económicas en última instancia. Después de analizarlo durante un buen rato, veo que es una de esas disyuntivas que, al final, se resuelven por el contexto. Según la nueva legislación, el derecho de autor está por encima del derecho a la vida y la salud de la banca por delante de la de un niño con cáncer. Dicho de otro modo, cometer homicidio mirando para otro lado se paga con menos que tratar de comer pirateando unas pelis, y, por otro lado, el derecho a la vida nos cuesta una pasta mientras que morirse es básicamente gratis y, si no, qué más te da ya. Luego, si no puedes permitirte pagar unas entradas de cine, mata. Si no puedes permitirte estar enfermo, muérete.
 
Lo que no veo tipificado por ninguna parte todavía es lo que cuesta incumplir sistemática y delictivamente con todo un programa electoral fundamentado sobre el código de honor de un presidente de Gobierno, obligando al país a pagar la deuda de un puñado de banqueros ineptos y forrados hasta los dientes a costa de sacrificar la educación, la sanidad, la justicia y la vida. Y me atrevería a apuntar que éste es uno de esos casos que sólo puede resolverse matando. A menos que nuestros ministros, siguiendo con esta política de mierda con la que tan generosamente perfuman nuestras vidas, nos hagan el inmenso favor de no tardar en legalizar la eutanasia para, en el caso de vernos en la segunda tesitura, no tener que morir de hambre o de cáncer o de risa.
 

2 comentarios:

  1. Muy bueno lo de Ana Mato (poco a poco).

    En cuanto a los ministros, si tuvieran cociente intelectual positivo, no serían ministros.

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  2. Teniendo en cuenta, que sus "guias espirituales", les han asegurado la "gloria eterna" incluidos entierro misa y funeral post-morten, pues están haciendo su labor, por el bien de sus almas.

    De como conseguir los bienes terrenales, para que hablar, si eso con dos avemarias y un sobre, queda todo impoluto y perdonado.

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